‘Zabriskie point’. Retratando el espíritu juvenil del 68.

Son tiempos de revolución estudiantil en los Estados Unidos. Son los años finales de la década de los 60. Mark, un joven inconformista, harto de tanta asamblea revolucionaria cargada de palabrería y ausente de hechos, decide, pistola en mano, hacer su revolución asesinando a un policía. No le quedará otra que huir, huir en una avioneta robada, la Lily7, por el desierto californiano que se encamina hacia Arizona.

Daria, por su parte, es una joven secretaria, hastiada de su autómata empleo. Busca reflexionar, encaminar de otro modo su vida. Se tomará un tiempo de descanso, de meditación al volante, huyendo por esa línea de asfalto impuesta sobre el desierto, desafiando a su jefe, ese que la halaga, él que la cita en Phoenix para una reunión de negocios.

En medio de ambas encrucijadas, Mark y Daria, acabarán por encontrarse, por conocerse. Será en Zabriskie Point, un paraje, en apariencia, muerto, levantado en medio del desierto de California. Ambos le darán rienda suelta al amor y la pasión, algo con lo que evadirse de tan materialista existencia, acogiéndose al “haz el amor y no la guerra”, encontrando cobijo así frente a tanto consumismo, frente a tanta avaricia, refugiándose en ese punto arenoso que les aparte de ese mundo emergente de electrodomésticos, violencia y desigualdades. Poco durará la excitación, pues, como todos sabemos, todo ello tendrá un final trágico. Un final en el que morir dentro de una sudorosa avioneta, o en el que llorar amargamente en un chalet lujoso lleno de magnates mangantes. Daria deseará hacerlo explosionar todo.

Michelangelo Antonioni, en su única, creo, inmersión (hablando de cine) en los Estados Unidos, nos brindaba una película idealista, soñadora, que retrata ese espíritu juvenil que se contagió de joven en joven (y los no tan jóvenes) en medio mundo occidental. Un espíritu que buscaba y luchaba, nada más y nada menos, que por cambiar el mundo. Parece que el cineasta la realizará desde la nostalgia, desde el dolor de la oportunidad perdida. Deja un poso de amargura. Dentro de la temática, es de lo mejor que he visto. Ah, la banda sonora corre a cargo de Pink Floyd.

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