Cold Mountain (2003)

cold_mountain_xlgDirección: Anthony Minghella
Guion:
 Anthony Minghella (Novela: Charles Frazier)

Producción: Miramax
Fotografía: John Seale 
Música: Gabriel Yared
Montaje: Walter Murch 
Reparto: Nicole Kidman / Jude Law / Renée Zellweger / Natalie Portman / Eileen Atkins / Brendan Gleeson / Philip Seymour Hoffman / Giovanni Ribisi / Donald Sutherland / Cillian Murphy / Ray Winstone / Charlie Hunnam
Duración: 154 min
País: Estados Unidos

Esta es una gran historia, en el sentido de que está hecha para buscar la magnificencia. Todo busca deslumbrar al espectador, nota clásica en el cine de Anthony Minghella. Para empezar, el contexto: la guerra de Secesión americana. Conflicto fratricida fundamental en la historia de los Estados Unidos y al que el cine, a pesar de haber prestado atención, quizás ha dejado un poco de lado por la distancia histórica. Este vacío lo intenta llenar esta película y lo hace, a su vez, escudándose en una historia de amor propia de las mejores poesías líricas griegas. Así, gracias a una factura técnica impoluta, a un reparto colosal y a una metódica dirección se vertebran los pilares de este relato al que muchos alaban pero que, sin embargo, a mí no termina de emocionarme.

La historia de amor es tan de postal, tan dulzona que no me dice nada. Pequeño revés pues, considerando que esta es la clave de bóveda del film. Además, el drama de la guerra, aun mostrándose correcto, tampoco cautiva en demasía. Presenciamos las mil y una tropelías (tanto en el frente como en la retaguardia), pero pocas nos inquietan. Carencias, así, de un guion bastante estándar y facilón. Y sí, tenemos un reparto espectacular, aunque los dos protagonistas… ¡no pueden estar más planos! Nicole Kidman es mucho mejor actriz de lo que aquí demuestra (vean, por ejemplo, Eyes wide shut). Lo mismo podría decirse de Jude Law (ahí tienen Closer), si bien este está un poco mejor, al interpretar a ese errante soldado, que su compañera. Curiosa contradicción la de esta cinta, pues si los protagonistas no terminan de estar acertados, los secundarios… brillan en todo su esplendor. Especialmente un nombre sobresale del resto, Renée Zellweger. Ella pone la excelencia en esta narración, pues está formidable. Luego, por orden de gusto personal, encontramos a Natalie Portman (¿cuándo ha estado mal Natalie Portman?), Eileen Atkins (monumental), Brendan Gleeson, Charlie Hunnam, Giovanni Ribisi (secundario de lujo) y Philip Seymour Hoffman.   

El clouds, clouds, sun final, tan típico como emotivo, remata una historia que cautivará a los más empalagosos. El resto, en cambio, nos tendremos que conformar con la elegante puesta en escena de Anthony Minghella, las escenas de Zellweger, Portman y Hunnam, la preciosa fotografía de John Seale y la emotiva partitura de Gabriel Yared. Mimbres suficientes para ver con gusto Cold Mountain.  

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‘Side effects’. Cuento de terror.

originalMe gusta el binomio que han formado Steven Soderbergh, brillante cineasta cuando le da la gana, y Scott Z. Burns, un guionista a considerar. Aquel cuento de terror que elaboraron entre ambos, Contagion (2011), ya consiguió inquietarme, alterar mi conciencia. Ahora, dos años después, vuelven a la carga siguiendo la misma línea metódica a través de Side effects.

Película perturbadora. El mundo que envuelve a la industria farmacéutica y la medicina servirá como excusa para que nos lancen una intriga bien pulida, atractiva. A su vez, el thriller tiene como principal “efecto secundario”, valga la redundancia con el título de la obra, el desenmascarar toda la mugre que existe alrededor de los medicamentos, especialmente aquellos que tratan afecciones psíquicas. Así pues, la intriga y la crítica se retroalimentan, deparándonos un potente relato en el que destaca, gusto personal, una brillante Rooney Mara.

7.5/10 

‘Closer’. Batalla sentimental.

closer-poster‘Closer’ es una epopeya sentimental. Un relato descarnado, mordaz e impetuoso sobre las relaciones de pareja. El amor, la pasión y el sexo son plasmados con una veracidad asombrosa a lo largo de esta narración. 

Ayuda a tal fin, y mucho, el cuarteto protagonista. Sobre ellos recae el peso del film, y asumen dicha responsabilidad con gusto. Quizás Jude Law sea el más descolocado de todos, pero Julia Roberts realiza una más que digna labor, mientras que Clive Owen y Natalie Portman se sitúan en la excelencia. Además, tanto Patrick Marber como Mike Nichols consiguen hilar una historia llena de brillantez en la que los diálogos y situaciones prenden cautivo al espectador.

Conocerse, enamorarse, distanciarse, reencontrarse. Huir. Seguir de pie, hacia adelante. Todo bajo el agua fría de la canción de Damien Rice. Prepárense, por tanto, para disfrutar con esta verdadera batalla sentimental. Un lujo.

8.5/10

‘Hugo’. Fantasía hecha cine.

Hugo era hijo de relojero y, como tal, le fascinaba ese mundo que giraba en torno a la mecánica, las piezas, sus funciones y los resultados. Una mañana su padre le traerá un autómata averiado, y ambos se inmiscuirán en su reparación. Sin embargo, un fatídico día le sobrevendrá la peor noticia de todas, el fallecimiento de su padre. Hugo quedará huérfano, viviendo con su tío en una estación de ferrocarriles parisina. Desde ese momento, Hugo tan sólo respirará, sentirá y vivirá para conseguir que el autómata funcione, esperando así, cosas de la inocencia pueril, poder comunicarse con su padre por última vez.

Esta cinta supone una nueva joya en la carrera cinematográfica de Martin Scorsese. Una nueva pieza maestra, una singularidad más que añadir a su extenso currículo. La factura técnica es abrumadora (brillante fotografía), talentosa. Martin y su equipo consiguen recrear el París de entreguerras de un modo tan bello, tan hermoso, que acaba por magnetizar nuestra atención, cautivos ya ante el poder visual que desprende ‘Hugo’, rendidos a sus pies, dispuestos a escuchar, a presenciar la historia que pretende contarnos.

Película entrañable. Un sentido homenaje, cargado de añoranza y dulzor, hacia esa cosa llamada séptimo arte. Martin Scorsese juega sus cartas con maestría, engatusando al espectador sutilmente (quizás excesivamente), arrastrándolo hacia un misterio que acaba por resolverse de un modo mágico, esplendoroso, en la figura de un, hasta entonces, pobre y desangelado hombre. Todo a través de la mirada y vivencia de un muchacho que a partir del dolor, de la pérdida paterna, nos hará vivir una aventura encomiable, rodeada de libros, salas de cine, bibliotecas, dibujos y cinematógrafos. Descubriendo así, casi por casualidad, un mundo repleto de sueños del que jamás lograría escapar. 

8/10

‘Contagion’. Aunque no lo parezca, esta es una película de terror.

Steven Soderbergh se dejaba, por fin, de pamplinas y absurdeces en las que tanto le gusta inmiscuirse. Tocaba, esta vez, ponerse serio a través de ‘Contagion’, un auténtico cuento de terror que azota la conciencia de los espectadores, reflexionando sobre el mundo que hemos creado y, sobre todo, acerca de las debilidades e impotencias ante un panorama tan devastador como el aquí narrado.

Una epidemia mundial. Un murciélago mordisquea un plátano que luego, por casualidades de la vida, come un cerdo. Ya está el lío armado: un nuevo virus originado en una remota selva de Hong-Kong. A partir de ahí, sólo hay azufre, caos, miedo y dolor. Todos los personajes que nos expone el cineasta, con mil y una cara conocidas (yo me quedo con la historia de Matt Damon como favorita), gravitan en torno a la reacción ante tan demoniaco supuesto. A mí, al menos, ha conseguido aterrarme.

7/10

‘Road to Perdition’. Esto es cine del bueno.

Sam Mendes lograba con ‘Road to Perdition’ una de las películas más completas de los últimos años. Una historia con sabor añejo, de las que ya no se hacen en Hollywood, focalizando su atención en la jugosa acción gangsteril del Chicago de los años 30.

En ella, un padre y su hijo, se verán devorados por su propio entorno, iniciando un memorable viaje por el este de la geografía estadounidense, buscando, al tiempo, venganza y clemencia, acechando, por igual, la libertad y la muerte, poniendo en jaque al mismísimo Al Capone.

Servida a fuego lento, con unas interpretaciones memorables, tanto de Paul Newman como de Tom Hanks, y ofreciendo una factura técnica impecable. Es una de esas películas en la que sobran las palabras, pues no requiere de presentación ni de pleitesía alguna. Simplemente, uno la ve, se emociona con ella, disfruta y aplaude.

‘A.I. Artificial intelligence’. Fastuosa.

Fastuosa obra en clave futurista esbozada antaño por Stanley Kubrick y materializada finalmente por el Rey de Hollywood: Steven Spielberg. Con ‘AI’ viajamos a un futuro, no muy lejano, en el que las multinacionales de la electrónica han conseguido insertar en nuestra sociedad a los “meca”, robots diseñados a imagen y semejanza de sus creadores. A través de la figura de David, una joya científica pues es el primer niño meca, el cineasta nos cautiva con una sencilla, en el buen sentido de la palabra, historia de amor. El amor que siente ese robot por su madre, expresado en una fidelidad eterna que conlleva consigo una explosión mezcla de sentimientos a flor de piel, ternura y pena. Un amor que supone una aventura para el entrañable David en busca de esa hada azul que sea capaz de convertirlo en un niño de verdad, un niño al que su madre pueda amar de la misma forma con la que él lo hace.

Esta lacrimógena historia se ubicará en un contexto magistral. En él encontraremos una sociedad que sienta sus bases en lo artificial, en los avances tecnológicos. La sociedad descrita por Spielberg está desalmada, desarraigada. Los humanos buscan acomodo entre los meca, despejando en ellos su vacío sentimental (la figura de Jude Law como amante, o la del propio David como niño adorable). Además, también comprobamos como los propios individuos se vuelven contra su creación, contra las máquinas. Son perseguidas, torturadas y aniquiladas. Tiene su punto de conexión con la célebre ‘Blade runner’. Si allí los androides luchaban por alargar su vida al tiempo que huían de sus cazadores, aquí lo que mueve a David  no es la inmortalidad (pues ya la posee), sino el poder conseguir el cariño de su madre, huyendo también él, al igual que los androides de ‘Blade runner’, de la cruel y miserable caza humana. En cualquier caso, la empatía del espectador hacia los róbots resalta en ambas dos, poniendo pues el dedo en la llaga e incitando a la reflexión, pues la comparativa entre máquinas (como esclavos del sistema que son) y cualquier otro sector marginal de nuestra sociedad no resulta descabellada ni lejana.

La historia de ese niño-androide, mezcla ella de Marco y Pinocchio, es acompañada con un contexto futurista veritablemente logrado, con una fastuosidad y calidad visual que suponen todo un derroche creativo del artesano que se encuentra tras la cámara. Además, a través de él podemos alejarnos un tanto del centro de la trama para gravitar por su entorno y captar la reflexión a la que trata de incitar el cineasta con tal magna creación. Sin duda, ‘AI’ es una joya del cine, una maravilla visual puesta al servicio de una gran historia. Eso sí, le sobran los últimos veinte minutos. El final debía estar en esa noria, en esa nave sumergida, en esas aguas oceánicas. Nada mejor que eso representaba la amarga sensación de ese niño que quiere pero no puede. El dolor perpetuo de quien se sabe esclavo de su propia condición, incapaz él de alcanzar la condición humana. Sin embargo, Steven Spielberg (quizás auspiciado por los grandes bolsillos hollywoodenses) derrochó sirope a mansalva, endulzando con éste tan amargo trago.

Spoiler

A pesar de todo, el trago es amargo. Se le da la oportunidad de pasar un día con su madre, de disfrutar con su compañía y poder dormir plácidamente junto a su lado de una manera eterna (con la paradoja de que nunca más ya volverá a despertar). Es decir, el cameo con unos extraterrestres que están de más en esta película, no sirve para alejar a David de su triste destino. Sí que sirve, en cambio, para darle un toque colorido final al film, un happy end ciertamente peculiar. Sobraba.