‘La guerre est déclarée’. Luminosa, chispeante, efusiva.

“Tengo miedo de que se quede ciego, sordo, mudo, enano y… marica. Pues yo de que se quede sordo, ciego, mudo, enano, marica y… negro. ¿A sí? Pues yo de que se quede sordo, ciego, mudo, enano, marica, negro y… vote al Frente Nacional”.

Roméo y Juliette son dos jóvenes enamorados, repletos de felicidad y armonía, esas sensaciones derivadas de un transcurrir diario plácido y calmo, entre paseos al atardecer, besos románticos y sueños por cumplir. Uno de esos sueños será Adam, su hijo. Sin embargo, la felicidad quedará truncada cuando pronto descubran que el niño tiene una enfermedad. 

En realidad, esta es la historia de la propia Valérie Donzelli (directora, guionista y actriz) y Jérémie Elkaïm (actor y guionista), quiénes realizan una transposición de su vida real a la gran pantalla. Así, interesados en mostrar la intimidad de la batalla, en mostrar cómo afrontaron esa guerra declarada un par de muchachos que nada sabían, es como esta joya francesa nos cautiva y apasiona a partes iguales. 

Película bonita, emotiva. Maneja al espectador con sutileza, haciéndole partícipe de un auténtico infierno terrenal casi sin darse uno cuenta. La animosa y cambiante factura técnica, engalanada por una sensacional BSO, es el vehículo ideal para mostrarnos un fresco y efusivo alegato, un grito a la desesperada en pro del optimismo, la alegría y las ganas de vivir. Altamente recomendable, forma parte del Club.

‘Ton grain de beauté’: http://www.youtube.com/watch?v=NbwsIp1mDTs

‘The bell tolls five’: http://www.youtube.com/watch?v=Pp5i3I6MVpE

8.5/10 

Spoiler

“Estábamos bien, éramos felices. ¿Por qué pasan estas cosas? ¿Por qué a Adam? Porque seremos capaces de superarlo. Me haces bien, Juliette. No hubiera podido vivir todo esto con otra persona”.

“La realidad los hará caer poco a poco, dejarán de trabajar, no verán ya a los amigos y se aislarán. Y después vendrá el cansancio, la soledad. Se separarán, volverán varias veces y se separarán definitivamente. Reharán sus vidas, cada uno por su lado. Sabían que ya nunca serían los mismos. Y que quedarían atados el uno al otro para siempre debido a la inmensa experiencia que atravesaron. Permanecerán fuertes. Destruidos, es cierto, pero fuertes”.

‘Red riding: In the year of our lord 1983 (The red riding trilogy: Part III).

Estamos aquí ante el broche idóneo para esta miniserie británica. El carcomido esqueleto del cuerpo policial de Yorkshire había sido radiografiado con astucia, ingenio y pericia por parte de Tony Grisoni, adentrándonos en un universo de sanguinario método, donde las libertades y derechos de los habitantes de tan desamparada zona quedaban delimitadas conforme a los turbulentos negocios y las redes de corrupción allí establecidas.

El año 1983 nos sirve la entrega más impactante de todas. Tiene un efectismo necesario, propio de ser la parte resolutiva de la pequeña saga. Si en los dos volúmenes anteriores, uno quedaba anonadado por lo presenciado, aquí el espectador ya consigue respirar con mayor frescura al presenciar como un abogado panzudo y abandonado decide desentrañar los misterios del Lobo, recibiendo, a su vez, con optimismo la redención de Maurice Jobson, un agente de la ley atormentado por el mal hecho.

Se está haciendo realidad: narcóticos controlados, fuera de las calles. De las vidrieras a nuestros bolsillos. Todo el Norte de Inglaterra… las chicas, los negocios, las revistas, toda la maldita cosa. Tenemos una oportunidad aquí. Una oportunidad para invertir el dinero de nuestra pequeña empresa y volverlo algo incluso más grande. Algo grandioso (…) ¡Por el Norte! ¡Donde hacemos lo que queremos!“.

“Aquí está uno que escapó y vivió para contarlo, del Karachi Social Club y el Hotel Griffin, Wakefield Nick y St. Mary’s Hostel. Autopistas y estacionamientos, parques y baños, ricos ociosos y desempleados. Ya que mierda venden, y mierda compramos. De chicos sin madres y madres sin chicos. De toda la carne muerta y de mis amigos muertos, bares y clubes, de cunetas y estrellas, informaciones locales y escombreras. De tejones y búhos, de lobos y cisnes. Aquí está un hijo de Yorkshire. Aquí está uno que escapó. Uno, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete… Todos los niños buenos van al cielo”.

En definitiva, el cierre oportuno con el que dar la última pincelada a un paisaje  tan escabroso, hiriente, nauseabundo.   

8/10

‘Red riding: In the year of our lord 1980 (The red riding trilogy: Part II)’.

Segundo volumen de esta intriga británica. A pesar de ser una pieza de calidad, no hay duda de que la obra de James Marsh es la historia más densa, además de “independiente”, de las tres entregas, alejándose así un tanto del nivel de sus hermanas. 

En esta ocasión, el protagonista de la cinta es Peter Hunter, un pulcro agente de la ley, metódico y enfermizo con las investigaciones llevadas a cabo bajo su mando. Ahora es el turno del “Destripador”, a raíz de la muerte de Clare Strachan. ¿Estarán relacionados ambos nombres? ¿Qué hay detrás? Todo quedará salpicado por dos nombres propios: Bob Craven y Tommy Douglas, dos policías que dinamitarán la historia, adentrando al bueno de Hunter en un laberinto sin salida.  

Al crimen sanguinario y la oportuna investigación, siempre se le une un contexto degenerado, maléfico e inmoral que pasa por ser vital en estas cintas. Además, el personaje principal (buen papel de Paddy Considine) sigue estando tan bien pulido como en la primera entrega. Un final impactante sirve para dejar claro que en 1980 los asuntos en Yorkshire seguían como seis años atrás, esto es respirando el aroma a putrefacto, ahogándose los hombres de bien en la lucha por alcanza la verdad.

7.5/10

‘Extremely loud and incredibly close’. Mágica, dolorosa, vitalista.

No acabo de entender la cizaña y los palos que el personal ha dado a la última obra del reputado Stephen Daldry. Al parecer, todo lo relacionado con el 11-S, hablando de cine, es necesariamente lacrimógeno, cursi o, lo que es peor, un ejercicio de patriotismo express. La verdad, no tengo a Daldry como un cineasta pastelón de medio pelo, y tampoco creo que sea un patriota americano (básicamente porque es británico). Es decir, no termina de convencerme el linchamiento deflacionario para con esta cinta. Más aún si tenemos en cuenta la brillantez y el esmero que presenta la factura técnica, la calidad del guión de Eric Roth y el nivel presentado por el reparto (hasta Sandra Bullock está bien!). 

La realidad es que estamos ante una historia novedosa, original y deslumbrante, cuyo centro gravitatorio no es otro que Oskar Schell, un chaval neoyorquino de nueve años de edad con un coeficiente intelectual abrumador. Tanto es así que el muchacho tiene problemas para relacionarse socialmente, viendo peligros donde nadie los ve y atemorizado por las mil y una interacciones que terminan por darse, segundo a segundo, en esa magna urbe que es Nueva York. Tan sólo encuentra refugio, comprensión y alegría en las conversaciones con su padre. Sin embargo, como todos sabemos, pronto terminará, del peor modo y en el peor día, este idilio paternofilial, teniendo el chaval que readaptarse bruscamente ante este nuevo panorama.    

Una fantasía, una aventura en medio del dolor y la penumbra. Eso es lo que aquí vive Oskar Schell a través de una enigmática llave con la que pretende reencontrarse, aunque sea ocho minutos, con su padre. El talentoso Eric Roth desentraña una historia cautivadora, trágica, a ratos mágica (sensacional el papel de Max Von Sydow) y, finalmente, vitalista como pocas. Al mal tiempo cabe ponerle buena cara, y el pobre Oskar, con su idiosincrasia y particular modo de ver el mundo, tardó un tanto en comprenderlo.

7.5/10    

‘Red riding: In the year of our lord 1974 (The red riding trilogy: Part I)’.

Estamos aquí ante la primera obra contenida en esta impactante, talentosa y meritoria miniserie británica. El fenómeno ‘Red riding’ supone una auténtica delicia para los amantes del género, un paseo nauseabundo encaminado a la caza de horrendos asesinos en serie, destapando con ello el tarro de la putrefacción que acompaña a las investigaciones, conectando de este modo a lo largo del tiempo las dinámicas existentes entre intrépidos y dignos hombres de bien, policías corruptos, intereses en la sombra, redes de influencia y demás. 

Año 1974. Eddie Dunford es un inocente periodista, novato y ambicioso, encargado de cubrir para el Yorkshire post la desaparición de una niña de apenas seis años de edad. Dunford pronto sospechará que tal suceso está relacionado con una serie de misteriosas desapariciones acaecidas años atrás. Será así como se vaya adentrando, poco a poco, en un callejón sin salida donde aguardan en la sombra agentes de la ley con un sentido de la ética bastante cuestionable, además de atisbar al fondo la temible figura de John Dawson, el “cacique” local que mueve los peones del tablero a su antojo, y sin escrúpulos. El pobre reportero, en su afán por investigar e informar, pronto descubrirá los peligros que le acechan.

Escabrosa intriga que nos iba punzando el corazón a medida que avanzaba la investigación. Todo se volvía angosto, aumentando la sensación de asfixia en el espectador a cada paso dado por Dunford. El violento universo de David Peace era plasmado con autenticidad por Julian Jarrold, consiguiendo éste transmitir una desazón hiriente, a cuya tarea también contribuían las meritorias interpretaciones de Andrew Garfield, Rebecca Hall y Sean Bean.

Como reza el cartel, prepárense para una historia cargada de asesinatos, corrupción y obsesión. Dolor y penumbra a partes iguales.  

8/10 

‘Ravenous’. Antropófagos.

No termino de entender porque Antonia Bird no ha tenido una larga y digna carrera cinematográfica. Reconocida admiradora del cine de Ken Loach, alcanzaba su culmen filmográfico con una historia que gravitaba en torno al mito del canibalismo. 

Siempre me ha gustado ‘Ravenous’. Tiene una historia muy bien elaborada que engatusa al espectador con ese viaje al siglo XIX, enclavando nuestra mirada en un fuerte perdido en mitad de las montañas californianas (sí, también tienen “su” Sierra Nevada). Sorprende desde el primer momento. El personaje de Guy Pearce, el capitán John Boyd, está muy bien pulido. La vomitiva atracción que dicho personaje siente por lo sanguinolento, terminará de explotar cuando conozca a Colqhoun, un sensacional Robert Carlyle, introduciéndonos en una espiral antropófaga, malévola y repugnante. La lucha entre el bien y el mal, entre la rectitud y la perversión quedará servida, y el espectador no podrá más que disfrutar con dicha batalla.     

En definitiva, vean Ravenous. No tiene desperdicio. Eso sí, no la cojan pensando que se toparán con una densa historia reflexiva acerca del canibalismo y sus quehaceres. A mí me gusta más verla como una historia que no ambiciona grandes propósitos, pero que consigue dar con la tecla exacta para que ese plato cargado de sangre, vísceras y huesos roídos sacie nuestro feroz apetito.

7.5/10 

‘Scenes of the crime’. Grata sorpresa.

A Lenny, digámoslo así, la vida le sonríe. Conduce un espectáculo de Mustang, está a punto de casarse con su novia y trabaja de un modo estajanovista para abrir su nuevo negocio. ¿Problema? Se saca algún dinerillo haciendo de conductor de mafiosos casposos como Rick, interpretado por el emblemático Peter Greene, lo cual le deparará, lógico y normal, ciertos disgustos.

Un chispazo (el robo de 7 millones de dólares de un capo local a otro) hará que los gángsters de la zona muevan pieza. Distintos planes opuestos que, no obstante, tienen puntos en común: la violencia, el dinero ensangrentado y el fuego cruzado. En medio de ellos está nuestro protagonista, Lenny. Una encrucijada del destino, merecida por regentar malas compañías. Tan sólo nos queda por averiguar si Lenny será capaz de salir de ésta.

Intenso thriller gangsteril nutrido de una acción trepidante, y acompañado de una intriga ingeniosa. Sin duda una buena historia la aquí desentrañada por Dominique Forma (nunca más se supo de él), narrada con pulso y brío. No deja cabos sueltos, siendo capaz de pulir las distintas escenas del crimen de un modo brillante, perfeccionando así tanto la acción principal como el contexto. Además, cuenta con un reparto formidable en el que destaca el mítico Jeff Bridges, un buen Jon Abrahams, la explosiva Mädchen Amick, el siempre corrosivo Bob Gunton, el chulesco Peter Greene o un clásico como R. Lee Ermey. En definitiva, una grata sorpresa que gustará a los amantes del género.

7.5/10

‘War horse’. Enternecedor homenaje.

Sobre la verde y húmeda hierba inglesa, nace un potrillo. Un joven de la zona, Albert, pronto quedará prendado por dicho animal, y su alegría será máxima cuando descubra que el loco de su padre ha comprado al elegante caballo en una subasta local. No tardarán mucho en darse cuenta de que el animal tiene algo especial. Comienza así una de las amistades más sentidas que el cine nos ha dejado esta temporada.

Steven Spielberg se adentraba con ‘War horse’ en la confección de una película espléndida, de ritmo clásico y con una factura técnica intachable. Se apoyaba para ello en un reparto plagado de actorazos sin estrella, pues quien debía brillar aquí no era otro que el preciado caballo, y combinaba el melodrama sutil con el género bélico, quedando así un híbrido grato de ver durante sus ciento cuarenta minutos de duración.

Un muchacho humilde y bondadoso de la campiña inglesa. Un sargento del cuerpo de caballería del ejército inglés. Dos hermanos alemanes que no querían matar sino vivir. Una jovencita a la que sólo le queda la compañía de su abuelo. Un basto alemán con un corazón, no obstante, demasiado grande. Un par de soldados de bandos opuestos con unas tenazas y algo de conversación. Son una ínfima parte del total de las historias que rodearon a tan atroz contienda bélica. Todos tienen en común que dieron una parte de su cariño, de su afecto y de su corazón a un caballo llamado Joey.   

Película enternecedora, amable y hábil, pues sabe despertar la empatía con el espectador sin caer en la cursilería, evitando la lágrima fácil. No es una obra maestra, y tampoco creo que lo pretenda. Más bien, Spielberg ha realizado aquí un sentido homenaje a la figura del caballo, valiéndose para ello de una cruenta guerra, la Gran Guerra, y de los lazos afectivos que los seres humanos hemos desplegado hacia tan nobles y hermosos animales (incluso en los momentos más atroces de la historia de la humanidad). En fin, una historia digna de ser contada y gustosa de ser escuchada.

7/10 

‘Attack the block’. Excesivamente freak.

Parece ser que estamos ante una de las mejores películas del año. No entiendo tal devoción, la verdad. Supongo que será por aquello de enclavar una historia de extraterrestres dentro de la periferia londinense, es decir, en plena marginalidad social. Pero vaya, no tiene porque ser condición sine qua non tal híbrido para inflar un producto tan limitado como este.

A mí no me fascinan los diálogos, tampoco creo que la trama sea tan novedosa. Todos ven aquí una mordaz y corrosiva sátira de la sociedad de clases. Un disfrute sin límites. Sin embargo, realizar una denuncia social a través de una película de alienígenas tipo “critters”, puede que sea original, sí, pero también es cutre, zafio y del todo irrisorio.

En definitiva, el cocktail se deja ver. Poco más. Ciencia-ficción barata (creo que se le llama Serie B). Si quieren una buena película de extraterrestres con argumento muy similar a este, no tienen más que acudir, por ejemplo, a la reciente ‘Super 8’ (2011). Si por contra prefieren una cinta de denuncia social, no pierdan el tiempo con esta idiotez (vean a Gavras, Aranoa y tantos otros). Por último, si lo que quieren es divertirse a lo grande con extraterrestres feos de por medio, vayan buscando en los dorados años ochenta, ahí encontrarán lo que quieran.

Moraleja: ‘Attack the block’ es demasiado friki como para captarla en su plenitud (si no están dentro del grupo freak, únicamente se toparán con una cinta del montón).

5.5/10    

‘À bout portant’. Rutinaria.

Una pareja de tortolitos llevan una vida de ensueño cuando, de repente, les sobreviene el sobresalto: un secuestro a punta de pistola. La vida de ella ahora depende de él, todo rodeado de policías corruptos, investigaciones extrañas, criminales a tutiplén y fuego cruzado. 

Todavía no sé porque le dí al “play” y me puse a ver ‘Cuenta atrás’. Quizás porque era tarde, estaba cansado y mi mente sólo estaba disponible para un producto ligero, de olvido temprano. Y la verdad, esta cinta dio en el clavo. ¿Su mejor baza? El talento desperdiciado de Elena Anaya.   

Película mediocre. La agitación de la trama no conduce a nada. El guión tiene más lagunas que un humedal. La ansiedad y asfixia de los protagonistas no se me impregna, y la turbiedad de la intriga es de sobremesa. Tampoco la acción es trepidante. En fin, rutinaria.

4/10