‘Full metal jacket’. Vietnam según Kubrick.

Dicen que Kubrick no quedó satisfecho con ‘Paths of glory’ (1957), que ésta no era de verdad una película bélica. Fue así como le rondó la idea de volver al género a través de ‘La chaqueta metálica’. Pocas veces se ha visto una película tan claramente definida en torno a dos grandes bloques. Stanley Kubrick divide su obra, ofreciéndonos primero unos cuarenta minutos de instrucción militar, para luego sumergirse en las entrañas de la guerra. Imagino que el cineasta disfrutó de lo lindo con esta segunda parte, resarciéndose gracias a la primera línea de combate. 

La primera parte es escalofriante. Uno contempla el proceso de deshumanización que se da en esa isla, en ese campamento militar. Cómo uno se convierte en marine del ejército estadounidense, es lo que parecen contarnos. Y yo pienso, ¿qué hay de esos presupuestos públicos destinados a la construcción de máquinas humanas de matar? Brillante R. Lee Ermey, en el papel de instructor, y terrorífico el recluta “patoso”, víctima encarnizada en tan tortuoso proceso de conversión. Sí, nuestras guerras se hacen en nombre de la libertad, entendida ésta bajo el prisma occidental. Pero, ¿el fin justifica los medios? Y la libertad que proponía Vietnam del Norte, ¿tan perniciosa era en comparación con la del sur? 

En la segunda parte desciende un punto el nivel respecto a la primera, siendo aún así brillante. Aquí, el autor decide mostrarnos el lado íntimo de la batalla, sirviéndose para ello de los ojos del recluta “bufón”. Inicia la exposición desde la retaguardia para gradualmente ir incrementando la peligrosidad del asunto. Nos muestra cuáles son las aspiraciones básicas de un soldado en tan nefasta situación (prostitutas y matar, terrible escena la de la ametralladora y el helicóptero), qué piensan acerca del conflicto (Vietnam) y, por encima de todo, cómo lo viven, sabedores de que se juegan el pellejo en cada segundo. Desgarradora la escena del francotirador. Tremenda reflexión, desde un punto de vista humano, acerca de qué es y cómo se vive una guerra, de lo duro y doloroso que debe ser un momento tan bárbaro como el que nos muestra dicha escena.

En definitiva, no me atrevería a pregonar a los cuatro vientos que el maestro lo que aquí nos brinda es un alegato antibélico. Kubrick toca el tema con sutileza, sin obsequiarnos con una respuesta contundente. Evita la vía panfletaria, limitándose a introducirnos en las mentes, rutinas y acciones de los tipos que, desde el centro de entrenamiento hasta llegar a la primera línea de combate, ponen sus vidas al servicio de quitar otras vidas. Aquí está la guerra de Vietnam contada por Kubrick, cada uno que la juzgue a su manera.   

9/10

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