‘The gauntlet’. Acción.

Un policía decrépito de la ciudad de Phoenix recibe un peculiar encargo de su superior: recoger a una detenida en Las Vegas y trasladarla a la capital de Arizona para que pueda ser juzgada. Fácil, ¿verdad? Prepárense pues para una odisea llena de asfalto, polvo desértico, fuego cruzado, hombría, conservadurismo, sentimentalismo y, cómo no, violencia, mucha violencia.

Si el género de acción goza de buena salud es gracias a películas como ‘Ruta suicida’, y gracias también a gente como Clint Eastwood. El artista californiano siempre se ha movido como pez en el agua en este tipo de cintas. Aquí, la película echa andar a partir de una intriga muy “de ir por casa”, pues lo verdaderamente importante, un fin en sí mismo, es la acción. Un ritmo frenético y trepidante, de claro sesgo in crescendo, provoca que la atención del espectador no decaiga en ningún momento, eclosionando el espectáculo en toda su magnitud al volante de un autobús, protagonista éste de un épico final.

¿Quién fue el listo que decidió apostar en contra de Clint Eastwood? Encendido en coraje y rabia, acompañado únicamente por una indefensa fémina que terminaría por arrebatar su corazón, el agente de la ley decidía así aprovechar la emboscada planteada para despedirse de su derrotista existencia a lo grande. Un último recital en el que la justicia debía impartirse revólver en mano. Mítica.

8/10  

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