‘Chasing Amy’. Una relación normal.

‘Chasing Amy’ es una de esas joyas ocultas que uno encuentra de repente, casi sin quererlo una noche cualquiera, cuando te da por ojear en la red que hay disponible, y acabas tumbado viendo el recital. El recital brindado por un antaño glorioso Kevin Smith, el tipo que se sacó de su ingenio esta historia que por atípica no deja de ser normal.

Hablando de “normal”, ¿qué es normal? ¿es normal, siendo un chaval “normal”, que te enamores de una lesbiana que en su juventud, en cambio, se zumbaba a los tíos de dos en dos? ¿es normal que ella haya tocado todos los palos sentimentales/sexuales posibles? ¿es normal que tu mejor amigo se oponga a la relación porque ha descubierto que, en realidad, lo que siente por tí no es amistad sana sino un amor oculto? De nuevo, ¿qué es normal? Porque ahí anda el centro de la película. La normalidad que buscaba Holden, el guaperas encantador de turno, en su relación con Alyssa, una bollera renegada, torpedeada ésta por el irritante Banky, uno de esos chavales que siempre está contando chistes sobre pollas.

Son un poco más de cien minutos de auténtico cine. Un cine con el que uno se identifica. Se identifica en su amargura, en su melancolía y nostalgia. También en la alegría. Y cómo no, se disfruta con el ya mencionado guión, una pieza desternillante que sirve, a su vez, para echar por la borda cualquier atisbo de duda, de insatisfacción, de complejidad. Para, en definitiva, desmitificar cualquier cliché acerca de las relaciones sentimentales de pareja. Cada uno es como es, incluso en ese nostálgico a la par que amargo momento en el que tan sólo te queda perseguir a Amy.

Definición casera de “perseguir a Amy”:

Amy fue la novia del personaje interpretado por Kevin Smith, un tipo que por miedo, complejo o el motivo que lo asfixiara, no acabó de dar el paso definitivo que rompiera cualquier frontera entre él y la chica de su vida. Es la etiqueta puesta a esa situación sentimental en la que el dilema acaba de una manera desagradable, amarga, solitaria. Obviamente, y salvo que aparezca otra chica por tu vida, es crónico.

*Moraleja: Salvo que seas un enamorado de la nostalgia, da el paso.

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