‘A Bronx tale’. Calogero.

La historia, (casi) biográfica, diría yo, gravita en torno a la vida de Calogero, un chaval nacido en el Bronx, Nueva York. Se ha dicho muchas veces que, durante aquélla época (el film se inmiscuye en los años 60), el éxito en un barrio como este tan sólo podía llegar a través de un par de vías: iglesia o mafia. O eso, o ser un pringado más del barrio, un tipo de esos que debe trabajar diez horas diarias para poder pagarse una butaca en la quinta azotea del Yankee Stadium.  Aquí, la vena católica se toca de refilón, centrándose plenamente en el paisaje gangsteril que cautivó la mirada del joven Calogero. La lucha doctrinal entre el honrado padre, un sensacional Robert De Niro, y el Maquiavelo de los trajes caros, el capo local Sonny, será la pauta que marque el ritmo del film. Crecer, vivir y socializarse en un barrio de marcadas tradiciones gangsteriles. ‘A Bronx tale’, además, tiene el valor añadido de haber sabido plasmar otro aspecto importante de aquellos años: el odio racial. La violencia irracional que se contagiaba entre blancos y negros, ésa que trazaba fronteras entre las esquinas de un mismo barrio. 

Esta cinta podría haber sido manufacturada sin problema alguno por Martin Scorsese, brindándonos otro fresco bañado por ese costumbrismo gangsteril que tantó le gusta pintar (aunque sea con cámara en mano). Sin embargo, aquí fue el discípulo el que pedía paso. Era el momento de que Robert De Niro tomará las riendas, y siguiera la senda del maestro. La brillantez narrativa, a pesar de algún extraño tic, nos adentra, de lleno, en las entrañas del barrio, en esta historia del Bronx ideada por Chazz Palminteri. 

Palminteri lo borda, brindando una extraña sensación que combina la admiración y la repugnancia por ese mundo. Un mundo violento, temeroso y vengativo, que siempre salda las cuentas pendientes (váya escena final) y en el que uno no puede confiar en nada ni nadie. Lo sabía Lorenzo Anello, su padre, pero también Sonny LoSpecchio, su mentor. Ambos, desde distintos escalafones (el hogar y la calle), le enseñaron una sabia lección: no malgastes tu talento, no subas al coche equivocado. Anda con paso firme, no te metas en líos, sé feliz sin mirar color y olvídate de los capullos que te rodean, pues éllos pronto se olvidarán de tí. A Callogero, entre ambos, le salvaron la vida. Por eso, ahora que ya se ha hecho mayor y lo entiende, siempre les estará agradecido.

* Añadir que el fichaje de Robert De Niro para el papel principal, Lillo Brancato, no acabó de aprender la lección para su desgracia, pues desde 2005 está a la sombra .

9/10

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