‘Mad Max 2: The road warrior’. Emblemática.

168hKewCAqiz5ZFUvLUXbCEtoGEl distópico mundo ingeniado por George Miller en Mad Max (1979) emergía ahora con mayor fuerza en esta secuela en la que el petróleo, uno de los pilares de la economía del sistema-mundo, era un bien tan preciado como para que a los humanos no les importase arrebatar las vidas de sus prójimos a cambio de unos cuantos litros de gasolina.

“El hombre es un lobo para el hombre”, decía Thomas Hobbes. Así se nos muestra en este lúgubre paisaje en el que la ley se ha esfumado. Tribus nómadas, unas más violentas que otras, organizadas con el único fin de sobrevivir en este infierno terrenal. Y, por supuesto, Max, el guerrero de la carretera, aquel tipo al que el salvajismo le había arrebatado todo cuanto quería. Un solitario e introvertido Mel Gibson será el encargado, nuevamente, de darle vida en una de las interpretaciones más carismáticas de su carrera.

Una de las mejores películas que se ha hecho nunca en el mundo de la ciencia-ficción, y una de las obras cumbres del cine de los ochenta. El terror servido en forma de western, un futurista y apocalíptico western que termina por convertirse en un fascinante y cautivador espectáculo. Obra maestra. 

9/10

‘Walk the line’. Johnny Cash.

poster_03It ain’t me, babe. It ain’t me you’re lookin’ for“.

Conviene hacer una primera advertencia: esta no es una película que abarque toda la vida de “El hombre de negro”. El cineasta, James Mangold, focaliza su atención, sobre todo, en el Johnny Cash treinteañero, un icono del country que parece tenerlo todo -familia, dinero y popularidad- pero al que se le resiste una única cosa: June Carter, el amor de su vida.    

La relación establecida entre ambos es preciosa. Quizás sea porque los encargados de darles vida son Joaquin Phoenix y Reese Witherspoon, dos estupendos actores que brillan con luz propia en este relato. Un relato edificado, a su vez, en torno a un guion bien trabajado, una dirección eficaz y un repertorio musical de auténtico lujo.

Un amor servido a fuego lento. Por tanto, una sentimental historia tan penitente  y sufrida como, al fin, dulcemente feliz.

8/10 

‘Side effects’. Cuento de terror.

originalMe gusta el binomio que han formado Steven Soderbergh, brillante cineasta cuando le da la gana, y Scott Z. Burns, un guionista a considerar. Aquel cuento de terror que elaboraron entre ambos, Contagion (2011), ya consiguió inquietarme, alterar mi conciencia. Ahora, dos años después, vuelven a la carga siguiendo la misma línea metódica a través de Side effects.

Película perturbadora. El mundo que envuelve a la industria farmacéutica y la medicina servirá como excusa para que nos lancen una intriga bien pulida, atractiva. A su vez, el thriller tiene como principal “efecto secundario”, valga la redundancia con el título de la obra, el desenmascarar toda la mugre que existe alrededor de los medicamentos, especialmente aquellos que tratan afecciones psíquicas. Así pues, la intriga y la crítica se retroalimentan, deparándonos un potente relato en el que destaca, gusto personal, una brillante Rooney Mara.

7.5/10 

‘JFK’. Espíritu crítico.

jfk_xlg¿Quién mató a John Fitzgerald Kennedy? Estamos en 1991. Mucho ha llovido, pues, desde aquel triste 22 de noviembre de 1963 en el que el primer presidente católico en la historia de los Estados Unidos era asesinado. Con todo, Oliver Stone no olvida tal acontecimiento. Percibe fisuras en el informe de la Comisión Warren que señalaba a Lee Harvey Oswald como responsable único de la muerte del Presidente y, basándose en el material literario del fiscal Jim Garrison (protagonista, a su vez, del film), lanza a las grandes salas, cuchillo en mano, este ambicioso proyecto. 

Siempre ha destacado este cineasta por ser un tipo reivindicativo, y aquí da buena fe de ello. JFK es cine contestatario que señala cuán corrompidos están los cimientos de la democracia liberal estadounidense. El guion es sólido, la historia está bien hilada y sus 215 minutos de metraje no se tornan pesados. Un colosal Kevin Costner encabeza un reparto de alto nivel en el que aparecen nombres como Tommy Lee Jones, Gary Oldman, Michael Rooker, Joe Pesci, Kevin Bacon, Donald Sutherland, Jack Lemmon o Sissy Spacek. Casi nada. Además, la factura técnica está en correspondencia con el notable nivel del film, destacando la música de John Williams, la fotografía de Robert Richardson y, sobre todo, el sensacional trabajo de montaje de Pietro Scalia y Joe Hutshing.  

Una de las mayores vergüenzas que ha existido en la historia de los Estados Unidos servida con vocación ciudadana, envuelta en torno al poderío de la αρετή griega. Aquí tienen las entrañas de uno de los casos más controvertidos del pasado siglo. Los más dóciles y sumisos con el sistema la tildarán de panfletaria y de poseer un rigor documental escaso. Sea como sea, y quieran creer la versión que quieran creer, nadie duda ya de la capital importancia que tiene la economía en la política. En eso, en despertar el espíritu crítico del espectador, radica la mejor baza de uno de los títulos más emblemáticos de la década de los noventa. 

8.5/10 

‘Black mirror’. Pesadilla tecnológica.

Black-Mirror-posterOriginal serie británica que pone el acento en una cuestión de candente actualidad: las nuevas tecnologías de la información. Mejor dicho, en cómo estas pueden llegar a afectar a la sociedad en su conjunto. Da cierto escalofrío el hecho de pensar hasta qué punto somos vulnerables frente a las mismas. El creador de la serie, Charlie Brooker, nos ha dejado un distópico paisaje digno de ser observado.  

Seis episodios de distinta calidad conforman las dos temporadas que aquí nos ocupan. Tres de ellos (15 millones de méritos, Ahora mismo vuelvo y El momento Waldo) tienen un nivel correcto. La consecución del universo orwelliano, la despersonalización de las relaciones sociales y los tejemanejes políticos son los temas que tratan, todo bajo el paraguas de las nuevas tecnologías. Los otros tres capítulos, se comentan a continuación.   

The national anthem (8.5/10)

El mejor episodio de la serie. El secuestro de la Princesa británica pondrá en un aprieto al Primer Ministro, dado que la exigencia para liberar (y no asesinar) a aquella es, ni más ni menos, que el político en cuestión practique sexo con un cerdo en horario de prime time televisivo.

¿Lo hará? Una ingeniosa trama que escupe ácido al por mayor. El mundo de la política queda destrozado por el mordaz punto de vista de Charlie Brooker. El sometimiento a las encuestas, el poder de la televisión y la anarquía de las nuevas redes sociales. Todo ello servido con un punto inquietante y, a la vez, paródico sobre la estupidez que envuelve al triángulo política-medios de comunicación-ciudadanía.

 The entire history of you (8/10)

¿Se imaginan tener una memoria artificial inserta detrás de la oreja derecha? Una memoria que te permite rebobinar toda tu vida, todas las historias que conforman el relato de tu existir.

Es la premisa del segundo mejor capítulo de la serie. Un joven acude a una fiesta. Allí le espera su esposa, y él pronto detecta que esta anda coqueteando con otro hombre. A partir de aquí, el espectáculo. Los celos y las nuevas tecnologías. Un tándem al que Charlie Brooker le exprime todo el jugo posible. Un contundente relato sobre cómo toda la parafernalia tecnológica influye en las relaciones de pareja.

White bear (8/10)

El mundo penalista salpicado por el de los reality show. Una extraña combinación que nos sumerge en una claustrofóbica paranoia. Despertar amnésico, salir a la calle y, de repente, notar que un extraño anda detrás tuya, escopeta en mano, con la intención de asesinarte. Mientras, tú pides auxilio. Las personas, en cambio, desoyen tus suplicas, grabándote con sus smartphone mientras sonríen y disfrutan del espectáculo. La resolución del misterio es del todo perturbadora.     

‘Philadelphia’. Preciosa, atrevida, necesaria.

philadelphia_xlgCuando una película abre con Bruce Springsteen y su tema Streets of Philadelphia, qué más podemos pedir. Es el prólogo idóneo para recibir a un relato al que poco le importa el paso del tiempo, pues la emotividad que contiene cada plano de esta cinta, todavía hoy, veinte años después, se hace sentir. 

Corría el año 1993 cuando Jonathan Demme, un director que si por algo se caracteriza es por exprimir al máximo las virtudes de sus actores, daba forma a esta preciosa historia en la que destacaba un sobresaliente Tom Hanks, quizás el actor más grande de los últimos treinta años, quien nos brindaba la mejor interpretación de su carrera al encarnar a Andrew Beckett.

A través de la figura de este último se rendía un homenaje al mundo del derecho y, sobre todo, se explicitaba una reivindicación por la justicia social. Reivindicación en la que el tema de la homosexualidad y el sida era puesto en el escaparate sin ningún tipo de tapujo. Un film, por tanto, atrevido pero necesario. Valoren, a su vez, la brillante interpretación de Denzel Washington y no desdeñen el trabajo de Tak Fujimoto en labores de fotografía.

Todo ayuda, en cualquier caso, para pulir un drama de una pureza y un clasicismo admirable. Y sí, el diálogo entre Tom Hanks y Denzel Washington al abrigo dado por ‘La mamma morta’ de María Callas está entre las escenas más emotivas que nos ha deparado el séptimo arte.

9/10  

‘Scream 4’. Nueva década, nuevas reglas.

scream4fanposter_themadbutcher_classicAlguien debería hacerle un monumento, valga como alegato de esta modesta reseña, a Kevin Williamson, un guionista de primer nivel a ojos de quien escribe estas palabras. Parece que su tiempo ya pasó, pero, considerando todo lo que ofreció al género de terror durante el final de los noventa, se agradece que vuelva a la carga con Scream 4. Y lo hace, además, en compañía de otro gran clásico del género: Wes Craven.

El primero escribió guiones de películas como Scream (1996), Sé lo que hicisteis el último verano (1997), Scream 2 (1997), The faculty (1998) o Secuestrando a la Srta. Tingle (1999). Es decir, levantó él solo la catedral del terror de los noventa. Al otro, Wes Craven, le debemos la saga que aquí comentamos, además de clásicos como Pesadilla en Elm Street (1984) o La última casa a la izquierda (1972).   

Total, prepárense para disfrutar si les gusta el género. El dúo creativo que da pie a esta obra se divierte de lo lindo, satirizándose incluso a sí mismos, a la hora de volver a reinventar las sanguinolentas aventuras que acompañan al pueblo de Woodsboro y, cómo no, a la mítica Sidney Prescott. Ahí estarán, además, las caras de siempre (Neve Campbell, Courteney Cox o David Arquette) junto con savia nueva (Anna Paquin o Aimee Teegarden) que terminarán por conformar un cartel tan nostálgico como palomitero. 

7/10

‘Utopia’. Turbia.

4823_posterLas series británicas están comenzando a cuajar en el mercado televisivo. Ofertan un producto de calidad, presentando este una serie de rasgos que lo vuelven fácil de identificar: temporadas cortas; envoltorio bien cuidado; originalidad en la historias. 

Utopia recuerda un tanto a Misfits (2009), y no debe ser casualidad. En el fondo, hay un punto freak y violento en el que ambas series convergen. Además, el toque por el cómic que atesora la serie de Dennis Kelly no chirría a la hora de presagiar un futuro tormentoso y aterrador.

Una pesadilla servida con mucha mucha creatividad. Tampoco anda corta de ingenio, brillantez y desparpajo. Todo el talento que atesora la serie queda iconizada en el personaje de Arby, a quien da vida un hipnótico Neil Maskell. Dejen atraparse, en definitiva, por esta inquietante propuesta.

8/10 

‘Chinese box’. Hong Kong bajo la melancolía.

La_caja_china-163224139-largeEstamos en 1997 y Hong Kong está a punto de decir adiós a los ingleses. La incertidumbre, en forma de dominio chino, se vislumbra en el horizonte más próximo. Ahí, preocupado por las gentes que habitan en esa gran ciudad, descansa el relato que aquí nos ocupa: Chinese box.  

El irregular Wayne Wang filmaba, en esta ocasión, una obra sentida y emotiva. Una poética historia en la que Hong Kong quedaba teñido por una sutil melancolía. Es la vida, que se marcha. También la profunda tristeza de Jean, esa chica para la que el sol nunca despierta. Y el amor, el penitente amor que John siente por Vivian.

Un paisaje conmovedor, pincelado con tacto y delicadeza. Tanto Jeremy Irons como Gong Li y Maggie Cheung focalizan nuestra atención, haciéndonos partícipes de esta explosión de sentimientos.

8.5/10

‘The conjuring’. Terrorífica.

the-conjuring-posterLa filmografía de James Wan ha quedado enriquecida por la película que aquí nos ocupa: The conjuring (2013). Junto con Saw (2004) e Insidious (2010), el director ha conseguido una excepcional trinidad que le sitúa como el mejor cineasta actual dentro del género de terror. 

La historia parte de la manida fórmula del “basado en hechos reales”. De este modo, vemos como los Warren, una familia centrada en investigar asuntos demoníacos, y los Perron, una familia ilusionada por el inicio de una nueva vida en una preciosa casa, quedarán unidos en base a la aparición de fenómenos paranormales entre las paredes del hogar de estos últimos.

La atmósfera que acompaña a la cinta es… terrorífica. El relato viene adornado por un buen número de escenas muy bien logradas. No se recurre al susto fácil, y ello se agradece. La tensión está latente, palpable en cada minuto del metraje. Eso sí, cuando se manifiesta aquella, mejor mirar hacia otro lado si eres de los que se asusta con poca cosa. Además, todo viene mostrado con pulcritud y formalismo, evitando la cutrez y escapando de la mediocridad que llevan implícitas muchas de las historias de terror reciente.

El guión elaborado por los hermanos Hayes, quienes ya convencieron con la notable House of wax (2005), se abre con un prólogo que, por inquietante, podemos tildar de sobresaliente. La narración que continúa viene engalanada por una factura técnica de primer nivel, apoyándose, a su vez, en la meritoria labor realizada por los actores protagonistas. Además, percibimos en más de una ocasión reminiscencias de las mejores historias de terror que se hayan dado en el cine. 

En fin, la casa encantada de toda la vida servida a través del turbio y desasosegante pulso de James Wan. Un lujo.

8.5/10