‘Insomnia’. Una luz que desespera.

En un recóndito y apacible pueblo de Alaska cuyo mayor atractivo es ser la capital del mundo en la pesca del fletán, un asesino despiadado quitó la vida a una joven de 17 años de edad. Hasta allí, esa capital del anticosmopolitismo, y directos desde L.A. se desplazarán Will y Hap Eckhart, dos detectives de lo mejor del cuerpo a la hora de resolver este tipo de misterios. En su tarea por atrapar al sospechoso, contarán con la ayuda de Ellie, una novel pero esmerada agente de policía local.

Christopher Nolan volvía a la carga dos años después del bombazo de ‘Memento’ para embarcarse en un desasosegante thriller que gravitaba su historia en torno a los dilemas de un veterano agente policial, interpretado éste por Al Pacino. Las triquiñuelas de sus casos pasados, asuntos internos siguiéndole la pista, un compañero a punto de delatarlo y, por si fuera poco, un viaje de trabajo al corazón de Alaska en busca de un misterioso asesino. Piezas todas ellas que conformaban un puzzle que incitaba a contemplar un marco crespuscular, la caída a los infiernos de Al Pacino.

El cineasta se sumergirá en los entresijos de una investigación policial, apoyándose en un fatídico hecho (la muerte de su compañero) para detonar el oscurantismo moral de ese cuerpo en llamas, en sentido figurado, que es el detective Will. A pesar de no ser guión propio (es decir, artesanía 100% Nolan) y de pecar de cierta dirección comercial (le falta un tanto de personalidad a la peli), el cineasta atina a la hora de combinar ese pasado que atrapa al presente, jugando entre ambos, hundiendo a nuestro protagonista en un mar de dilemas, de luchas interiores, apoyándose en la ética y sus batallas, utilizando como peón para mover los hilos de todo ello, para salpicar e inquietar su existencia diaria, a un magistral Robin Williams (excelente papel secundario). No menos importante en la trama es el contexto: Alaska. Una puesta de sol que nunca llega. Una habitación de hotel acribillada por los rayos de luz. Unos párpados que jamás llegan a cerrarse. Una mente que nunca descansa entre tanta desesperación. Insomnio.

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