‘There will be blood’. Pozos de pretenciosidad.

Pozos de ambición, como fue traducida aquí, relata la vida de un ambicioso hombre que volcó su vida en el negocio del petróleo. Desde sus inicios como geólogo hasta su llegada al altar mayor, al mundo del empresariado petrolífero. Cierto es que la primera parte de la película es muy interesante. Los inicios de ese hombre ambicioso, pero sumamente trabajador, que lucha por labrarse un futuro mejor.

La llegada a las tierras del pequeño pueblo perdido en medio de la nada alterará el rumbo del film. Aquí comenzará el descrédito del mismo. Los conflictos entre iglesia y negocio, los vaivenes familiares, el mundo oscuro que se esconde tras el rostro de Daniel Day-Lewis, la construcción del imperio y el desafío ante todo lo que no sea él, su trabajo y su petróleo. Day-Lewis hace de lobo solitario que devora todo lo que tiene a su alrededor. Poco a poco se desenmascara al ególatra. Sin embargo, no hay nada convincente en esta historia, nada emotivo.

‘There will be blood’, como punto fuerte, posee una fotografía sublime. Imágenes bellas y hermosas. Pero nada más. No rebusquen. No merece la pena desperdiciar 160 minutos en esto. Ni siquiera me ha gustado la oscarizada interpretación de Day-Lewis. Aburre el histrionismo del británico y de su compañero de reparto, el “predicador” Paul Dano. El film rebosa pretenciosidad por los cuatro costados. No es ninguna gran película.

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