‘Torrente 3: el protector’. Perdido en la taquilla.

En las cercanías, como ya estamos, de una nueva aventura torrentiana, a uno le da por revisar las anteriores partes de la saga. Así, comienzas a recordar las carcajadas brindadas antaño por ese zafio policía, tanto en su papel de cobra español como en sus aventuras por Marbella. Sin saber muy bien el porqué, parece como si a la tercera entrega la rodeara una especie de nebulosa que te impide saber con certeza de qué iba aquéllo.

Una vez vista de nuevo, ya sabes de qué iba. Menos recursos, menos ingenio buscando más dinero, más recaudación. Santiago Segura parece haber perdido su orientación a la hora de escribir su historia, encandilado por los cantos de sirena de la taquilla nacional. 

Homófobo. Racista. Machista. Sin embargo, la parodia roza el hastío. No ayuda el efecto bucle de las “pajillas” y la coletilla de “‘¡pero sin mariconadas!”. La picantez, en esta ocasión, es desmedida. El montaje es chabacanero (sumándose a eso de “mal escrita y peor dirigida”). La pareja de baile (Juan Mota) no está acertada, y eso redunda  para mal en el resultado final. Por no hablar de ciertos gags (futbolistas, Deltell, el risitas) que no es que no tienen gracia, simplemente es que no vienen a cuento. En definitiva, si ésta es mala, cuidadito con la cuarta.

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