‘Decálogo’. Parte V: No matarás.

Demoledor alegato en contra de la pena capital realizado por Kieslowski en honor al quinto mandamiento: no matarás. Se aleja un tanto, salvo en contados planos, de los bloques grisáceos regentados hasta ahora por sus personajes, y nos mantiene en vilo todavía el personaje de Artur Barcis.

La primera parte del mediometraje se dedica a resaltar a los tres individuos protagonistas de manera alternada. Un joven que deambula por las calles de Varsovia. Un taxista con sus particulares rutinas. Un abogado que encarna la lucha contra la ejecución. Luego viene el agónico e iracundo detonante del capítulo, y por fin, el cineasta polaco dedica la segunda parte para hacer estallar el sentimiento, la frustración y el desgarro de la ejecución a sangre fría.

Tanto da si es obra de un psicópata o de un simple verdugo en su quehacer diario. O si es fruto de la pasión, o de la venganza. En este caso, Jacek mata por despecho, por desarraigo, por dolor, por locura, con su mente obsesionada con su hermana pequeña. Y la venganza, la justicia del Estado caerá con todo su peso sobre él. Dos muertes deben ser suficientes para que Kieslowski explicite su total repugnancia frente ambas, dejándonos una obra dura, de esas que cuesta engullir por su falta de suavidad y tacto. El tema pedía a gritos un capítulo como este.

‘In cold blood’. Ojo por ojo.

Dos golfos, Perry Smith y Dick, buscan dar un golpe perfecto. Un golpe que les permitirá retirarse de manera dorada en México. Asaltar la caja de caudales de una familia acomododa del Estado de Kansas. Sin embargo, el plan no funcionará. Todo acabará con la muerte de una adorable y religiosa familia, los Clutter. Y, por supuesto, el dinero no habrá existido nunca. A partir de aquí, se establecerá la persecución por parte de la policía de estos dos asesinos. Tras una ruta de trotamundos, acabarán siendo atrapados en Las Vegas. Se les juzgará, y se les sentenciará a la pena de muerte.

‘A sangre fría’ es el relato de un doble crímen: el cometido por Perry Smith y Dick, y el cometido por el Estado de Kansas hacia ellos.

¿Cómo es posible que un hombre, Perry, distinguiendo como distinguía en el momento del asesinato la diferencia entre el bien y el mal, cometíera tal atrocidad? Sin explicación aparente, hay que buscar en su traumática infancia. Infancia marcada por la separación de sus padres. El alcoholismo y el puterío establecido por su madre en casa, el carácter aspero y rudo de su padre. La ausencia de hogar, la falta de cariño. Detalles que marcarán por siempre su carácter. Un carácter que le hará sentirse inferior al resto, protegerse de ellos, sentirse violento hacia lo extraño. Un carácter que provocará el asesinato de los Clutter, juntamente con la presencia del cobarde de Dick, quién encendió la llama. Como dijo el psiquiatra, si hubiesen estado solos, el crímen no se hubiera cometido. “Parecía un buen hombre, quizás el haya pagado por todo”. Así lo resume Perry.

Y, del mismo modo, ¿cómo es posible que un Estado, Kansas, aplique la pena capital a seres humanos? ¿Por qué se les priva de vida a Perry y Dick, dos hombres detenidos e indefensos? ¿No es igual de repugnante este crímen que el cometido por Perry? A sangre fría seguro. A sangre fría no sólo su muerte, sino el cálculo milimétrico del proceso. La espera en el corredor de la muerte sabiendo que tus días están contados. A, Perry, se le encontró un motivo a su asesinato, una causa. Pero, ¿cuál encuentra el Estado de Kansas a la muerte de estas dos personas? Culpables sí, pero personas al fin y al cabo.

Ojo por ojo. “Yo creo en la venganza, siempre que no sea contra mí”. Así lo explicaba el alma perdida de Dick. Y en esas, probablemente, estaríamos todos llegados el caso. Pero, siendo fríos, a sangre fría como dice el título, ¿no sería mejor el perdón? ¿la recapacitación entre rejas? ¿la oportunidad por volver a empezar? ¿el intento por reformarse?.