‘Crank’. Tremendamente cutre.

La apuesta realizada por Mark Neveldine y Brian Taylor es una locura. Una concatenación infumable de escenas éticamente cuestionables, increíble que algún productor avispado se atreviera a meter sus dólares aquí. Tal vez el fundamento que desequilibró la balanza fue un tal Jason Statham, dado que en el análisis costo-beneficio, éstos últimos se incrementaban bastante con sólo incluir su pose de tipo duro. ¿La deficiente calidad de la historia? Un coste menor, asumible.  

Lo curioso de todo es que la premisa de la cinta es tentadora. Un tipo despierta, adormilado y mareado, percatándose de un hecho sobrecogedor: le han inyectado una droga que provoca la muerte salvo que haya chutes crónicos de adrenalina. Pues ya está, no busquen más. A moverse. Tiroteos, asesinatos, altercados a tutiplén, persecuciones, sexo en público y drogas por doquier. Esto es el núcleo duro de la película. El pinchazo del film no lo provoca su discurso moral, pues éste debe ser puesto en cuarentena en cualquier cinta de acción estadounidense, sino el vacío que contiene su narración.

Cintas como ‘Crank’ hacen que uno añore los dorados años ochenta. El género de acción no tiene porqué ser un desperdicio absoluto. Ahí están las míticas ‘Die Hard’ (1988, Bruce Willis), ‘First blood’ (1982, Sylvester Stallone) o ‘Commando’ (1985, Arnold Schwarzenegger), por no hablar del mejor Walter Hill. En fin, película de un cutre difícil de aceptar. Únicamente para devotos de Statham o feligreses de Amy Smart. Cuesta hacerse a la idea de que tuvo una secuela.

2.5/10

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