‘Waltz with Bashir’. Autocrítica israelí.

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Es 1982. Bashir, líder electo del Líbano y aliado de Israel, es asesinado por una acción terrorista de un grupo en lucha por la liberación de Palestina. Este suceso hace saltar las alarmas en la política de Israel. Su plan geoestratégico sobre el Líbano se tambalea. Para no perder el control en la zona, el por entonces Ministro de Defensa israelí Ariel Sharon, decide ocupar el Beirut occidental con sus fuerzas armadas. Su premisa es clara: mantener el control y tratar de eliminar cualquier resquicio de fuerzas de liberación palestina en territorio libanés. 

Ha pasado tiempo de aquello ya. Dos hombres charlan una noche en un bar. Uno de ellos cuenta que ya hace tiempo que no duerme, pues siempre se le repite la misma pesadilla, una manada de perros corriendo tras él, intentando apresarlo, asfixiándolo, haciéndole huir. Ésta conversación es mantenida entre dos antiguos soldados israelíes destinados en la Guerra del Líbano. Una conversación que hace pensar a Ari. Su amnésica memoria empieza a recordar. Era muy joven cuando aquello sucedió, apenas contaba con 18 años. Sin embargo, su recuerdo no ha olvidado aquellas imágenes. Recuerda con claridad la playa de Beirut bajo la luz de las bombas israelíes. La invasión por la fuerza de aquel territorio. La atrocidad del genocidio producido. Pero sobre todo, no ha olvidado la pasividad de su actitud y la de sus compañeros ante la entrada de las fuerzas falangistas libanesas a los campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila.

El pretexto era el de encontrar, detener y entregar terroristas palestinos ocultos en estos campos de refugiados a las fuerzas armadas israelíes. La realidad fue muy diferente. Hubo asesinatos de todo tipo de personas. Violaciones. Fusilamientos en masa. Degollamientos. Hubo sin razón. 

Prácticamente 27 años han pasado de aquella matanza. Sin embargo, no se ha avanzado. La sin razón sigue presente en nuestros días. La matanza indiscriminada del pueblo palestino es real todavía. No hay distinciones entre terroristas y civiles. Entre niños y hombres. Entre jóvenes y ancianos. Quizás los políticos y parte del pueblo israelí no lo han entendido todavía, pero de seguro que no les sentaría mal seguir la actitud de autocrítica realizada por Ari Folman a través de éste documental. A través de la reflexión de aquel soldado que nunca entendió lo ocurrido. Un alma en pena aterrada por el pasado. Un pasado tan reciente, que aún hoy se siente perseguido en sus sueños.

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