‘Airbender, el último guerrero’. La chiquilla que (casi) ¿arruinó? una carrera.

En una bonita casa de la campiña filadelfiana, una adorable niña quedaba prendada ante lo que veía en su televisión: ‘Avatar, la leyenda de Aang’ (2005). Las aventuras de esa serie animada suponían un ritual para la familia de la niña, pues todos acompañaban a la pequeña a la hora señalada. Resultó que el papá de la niña no era otro que M. Night Shyamalan, un auténtico genio de esa cosa llamada cine. Puede que la chiquilla tirara de la manga de su papi para que éste trasladara a la gran pantalla su idolatrada serie del canal nickelodeon. Así nació “The last airbender”, la última película del hindú.

Reconocido feligrés de sus historias, asistí, cómo no, a los cines Abc Park. Pagué mi entrada (6euros) y me senté en la butaca con cierto escepticismo (la habían puesto de vuelta atrás) frente a lo que se avecinaba. En el fondo, todavía confiaba. Confiaba porque sucedió lo mismo con anteriores obras (El protegido, El bosque, La joven del agua), defenestradas todas ellas para asombro del personal. Sin embargo, esta vez no sucedió el milagro. Me quedé perplejo, atónito. Mi mente no podía concebir que una obra tan impersonal como la que estaba presenciando fuera manufacturada por el mismísimo Shyamalan. De pronto comprendí que éste había traicionado a su cine (y con ello, a su público). “Airbender” no es Shyamalan, no es cine del bueno. Su historia no cautiva, tampoco su envoltorio (ni siquiera la banda sonora). Nada me resulta familiar en ella (paradójico). Sí que es un capricho, con letras mayúsculas. Un capricho para satisfacer, probablemente, las demandas de su hijita, la ilusión por ver a sus héroes en una pantalla de cine. Es una película estrictamente fantástica que se ve sin demasiados problemas, pero también sin grandes entusiasmos. Todo en ella suena a infantil (principalmente los diálogos), pues en el fondo ése es el público de esta película. Traspiés en su filmografía. Eso sí, queda perdonado. Aunque también espero que el genial M. Night no haya evolucionado en exceso, mutando su cine en cosas como esta. Rezemos porque vuelva a las andadas, a deleitarnos con lo que mejor sabe él hacer.

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