‘How green was my valley’. Tiempos nostálgicos.

Desde la nostalgia del adulto que recuerda su juventud, así comienza ‘How green was my valley’. Evocando los tiempos dorados de la mina, cuando ésta todavía no había devorado el fresco paisaje, cuando comían felizmente en familia siguiendo los dictados de fe de su padre,  cuando el muchacho podía corretear en armonía y tranquilidad por las calles del valle, cuando, en definitiva, el dinero llegaba puntualmente y en su justa medida al hogar de los Morgan.  Fueron tiempos felices, difuminados en el tiempo.

John Ford pone el dedo en la llaga, mostrándonos la genésis de la explotación laboral, los inicios del movimiento obrero y los sindicatos, inmiscuyéndonos en la dialéctica de la lucha de clases. Las penurias propias del obrero son retratadas minuciosamente, pues presenciamos huelgas, días sin trabajo, salarios malpagados, despidos injustificados, el germen del malvivir, la huida en busca de un mañana mejor a la tierra de las libertades, o los estudios como vía de escape a todo ello. También el papel de la mujer es retratado, desde su función como ama de casa, pasando por el matrimonio de conveniencia interclasista o la soledad de la viuda. Sin olvidar la importancia de la religión en aquel contexto, más centrada en desvirtualizar la voluntad de Dios que en hacer justicia en el poblado, constreñiendo el vocablo socialismo y todo lo que ello deriva. Especial énfasis en el párroco local y su idilio sentimental con la hija de los Morgan, el cual nos sirve para comprobar desde las habladurías de la gente hasta las reminiscencias de los tiempos inquisidores.

Película histórica en la que John Ford enclavaba su cámara en los valles galeses , en el verde de su paisaje y en sus gentes. Todo lo vivimos desde la óptica de la familia de los Morgan, especialmente del más pequeño de ellos, Huw Morgan. A partir de las vivencias de este muchacho, Ford teje una radiografía del contexto social de la época, aunque éste no se nos acaba de especificar claramente, no es difícil insertar el relato en el tiempo. Apenas hay felicidad. Sólo miseria y dureza. Condiciones de vida paupérrimas, conflictos y lucha diaria por subsistir en medio de la lógica capitalista de aquel entonces. Es un buen retrato de aquellos tiempos en los que la felicidad sólo podía ser evocada mediante los recuerdos, mediante esa mirada nostálgica hacia tu infancia.

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