‘Le cinquième élément’. Cuando parecía que… se esfumó.

Luc Besson conseguía sacarse de la chistera, allá por el 97, una superproducción de fábula para destrozar las taquillas de media Europa. Producto singular y genuino, de talentosa factura técnica, desbordante reparto y cautivadora estética. Un pero: la historia.

Entretenida historia futurista que, no obstante, peca de ser excesivamente plana. Aunque los primeros treinta minutos son deslumbrantes, lo cierto es que va decreciendo en intensidad y pujanza. La sólida trama fantástica comienza a emblandecerse entre la algarabía y el enredo, notas que no necesariamente van aparejadas con la profundidad. Dónde había emoción y entusiasmo, comienza a aparecer el hastío y el bostezo una vez que las palomitas ya se han terminado. 

El gozo visual dura lo que dura. Cuando éste desaparece, sólo nos queda la pirotecnia estruendosa, la hiriente sobreactuación de Chris Tucker, la buena figura de Jovovich y el carisma, siempre presente, del idolatrado Bruce Willis. En fin, entretenimiento (sólo eso) de calidad.

6.5/10    

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