‘Million dollar baby’. Cine auténtico.

2005milliondollar“Sólo te escribo para hacerte saber qué tipo de persona era tu padre”.

‘Million dollar baby’ contiene el mejor clasicismo, hablando de cine, que uno pueda ver y escuchar en tiempos recientes. Es el mejor Clint Eastwood, luciendo en su faceta como director, pero también dando empaque al reparto y alcanzando la gloria a través del compás de su música. Es el mejor Paul Haggis, ideando un guión que es una absoluta maravilla. Es el mejor Morgan Freeman, dignificando la profesión de actor. Es la mejor Hillary Swank, tremenda actriz, interpretando esa joya de personaje que es Maggie Fitzgerald, Mo Cuishle.  

Un viejo gimnasio, el sol angelino, la galería de personajes sufridos y una emotiva historia que contar. Le bastan estos ingredientes a Clint Eastwood para, además de homenajear al mundo del boxeo, hilar una película sentida como pocas, repleta de matices y llena de vida. Todo ello gracias a la relación entablada entre el castigado Eastwood y la valerosa Swank. Esto es cátedra. Cine auténtico, puro.

9.5/10 

‘Rocky’. La inolvidable historia del “Potro italiano”.

En 1976 se daba a conocer Sylvester Stallone gracias a ‘Rocky’, película que, atención, conseguía vencer dos de los más reputados Oscar al alzarse con las estatuillas a la mejor película y al mejor director. Tildada por muchos como una cinta más de acción y combates, lo cierto es que a este sentido y enternecedor drama no se le ha hecho la justicia que merecía, pues pocos son los que se han atrevido a meterla en la lista dorada de las obras maestras.

Rocky Balboa es el auténtico protagonista de esta historia. Un boxeador de treinta años de edad que se deja los huesos y la salud en sucios cuadriláteros a cambio de cuarenta míseros dólares. Nadie confió en él, nunca. Es por eso que el “Potro italiano”, como se le conoce en el mundo de la boxa, está en el crepúsculo de su carrera, terminando sin pena ni gloria. Mientras, el Potro se gana la vida como buenamente puede, es decir cobrando deudas pendientes para el “Ganso”, el matón local. Sus horas libres las aprovecha tratando de cortejar a Adrian, la hermana de su mejor amigo, Paulie. Hombre de pocas palabras, y de pocas luces, Rocky se pasea por su barrio tratando de conseguir una vida mejor para él y para quiénes le rodean.

Lejos de la periferia, de los bajos fondos de la ciudad de Philadelphia, hábitat natural de Rocky Balboa, se encuentra Apollo Creed, actual y glamouroso campeón del mundo de los pesos pesados. En las cercanías de la reválida del título, su contrincante se cae del cartel por lesión. ¿Qué hacer? ¿Cómo subsanar tal contratiempo? Démosle una oportunidad, pensó Apollo, a cualquier chico de la ciudad. Será un buen espectáculo.

Película arraigada en un americanismo profundo, desprendiendo ese espíritu liberal asociado a la tierra de las oportunidades. La historia se recrea así en el sueño, en la ilusión, en la gran oportunidad que parece tenernos reservada el sistema a todos y cada uno de nosotros. A unos (cada vez son los más), lastimosamente, jamás les llega. Otros la ven pasar delante de sí y no caen en la cuenta. Y, por último, están quiénes como Rocky se entregan a ella con esfuerzo, trabajo, constancia y devoción. 

En fin, yo sí me atrevo, sin tapujo alguno, a etiquetar a ‘Rocky’ como una auténtica obra maestra. Conmovedora historia que explota el carisma de su personaje principal. De las miserias y penurias a la gloria y el disfrute. De la derrota sempiterna a la satisfacción del trabajo bien hecho.  Todo acompañado por el mítico ritmo marcado por Bill Conti, el buen pulso de Avildsen para las escenas de combate (tan sólo hay dos) y el estimable trabajo de fotografía de James Crabe. Un lujo. 

9.5/10

‘The fighter’. La luna y el boxeo.

En el extrarradio de alguna ciudad del Estado de Massachusetts, se sitúan los personajes de ‘The fighter’. Su historia gravita en torno al mundo del boxeo, entendido éste como el salvoconducto con el que escapar de una mísera realidad.

La receta ya es conocida desde tiempos remotos: barrio de trabajadores, bares humeantes, irlandeses bravucones, graves problemas personales. La derrota y el fracaso dirigen el existir de nuestros peones. Pero en el ring todo cambia. Eres tu y tu contrincante, sólos. Es tu forma de decirle al mundo “eh, aquí estoy”. Es la lucha de tu vida, la lucha por cambiar tu mundo a mejor.

Mark Wahlberg y Christian Bale*. Micky y Dicky. Son el declive y el auge. El día y la noche. La luz y la sombra. Cada uno con sus armas: nubes tormentosas que abren paso a la luz (sensacional la felina Amy Adams); una espesa niebla que impide ver más allá (espectacular Melissa Leo). Al final, encima del cuadrilátero, todo parece fundirse en una especie de luz iluminando la oscura noche.

 

*Sí, así es, Bale se come la pantalla cada vez que sale en ella.