Lost highway (1997)

carretera perdidaDirección: David Lynch 
Guion:
 David Lynch / Barry Gifford 

Producción: Ciby 2000
Fotografía: Peter Deming 
Montaje: Mary Sweeney 
Música: Angelo Badalamenti 
Reparto: Bill Pullman / Patricia Arquette / Balthazar Getty / Robert Blake
Duración: 134 min
País: Estados Unidos 

Cuando cojo una película de este tipo, no os voy a engañar: la simplifico al máximo. Me importan un bledo las intenciones del autor. Aquí lo importante es la visión del espectador, la mía, destronando así la supuesta preeminencia del director. Un director, David Lynch, que se presta, en todo caso, a este tipo de proceso, de lectura. Él abre un universo, ofrece un escaparate de imágenes y detalles que se suceden, aparentemente, sin sentido ni coherencia. Totalmente falaz, pues la coherencia se la debe dar uno mismo. Es el espectador quien manda aquí, así es como encuentra sentido un film como Carretera perdida.

Cineasta extravagante, lo cierto es que David Lynch no admite el término medio. Cuenta con una filmografía selecta, peculiar. Gracias a Lost highway, se termina el camino iniciado en 1984 con Blue Velvet y que encontraba su punto medio en Wild at heart (1990). Un camino, influenciado por las dinámicas del cine negro, a través del cual el director pincela un paisaje hiriente, nauseabundo. Todo es turbio en el cine de Lynch, pero también sensual. La violencia se apodera de todo. Es una pesadilla claustrofóbica de la que uno no logra escapar… o sí, sí porque Fred Madison, encerrado entre las cuatro paredes de una celda, logra escapar, aunque sea de manera fugaz, mediante la figura de Pete Dayton. 

El argumento, tal como yo lo veo, es sencillo. Fred Madison, un excepcional Bill Pullman, es un músico de jazz que se encuentra insatisfecho con su matrimonio. Sospecha de que su esposa, Renee Madison, le es infiel con un peligroso hombre. Así, en un arrebato de furia y locura terminará asesinándola. Condenado a prisión, se evadirá de su miserable existencia, incapaz de creer lo que acaba de hacer, a través de su mente, encontrando refugio en Pete Dayton. Comienza así la segunda parte, claramente diferenciada, del film. Este, un chaval tranquilo, conocerá por casualidad a Alice Wakefield… y se dejará llevar. Una mujer peligrosa, envuelta entre los peligros que siempre rodean a los negocios gangsteriles. Todo terminará mal, porque mal había empezado. En el fondo, no hay mas que un atroz crimen, una sensación de arrepentimiento extremo y una búsqueda mental de evasión, de encontrar el placer fugado, de explicitar cómo era el mundo al que su esposa había sucumbido. Una búsqueda errante que no logra escapar de su turbia realidad, una búsqueda infinita concretada en una carretera perdida, envuelta en la noche y la niebla, que no va a ninguna parte.      

Puede que Lost highway sea una oda a los celos, a las dolorosas consecuencias que aquellos conllevan. Y tiene sentido. Pero también es una plasmación de la violencia que existe en el mundo, de los oscuros secretos que existen detrás de las puertas. De cómo todo se intersecciona, de cómo hasta el hombre más tranquilo puede enfangarse en ese lodo. Y ya no hay escapatoria. Todo ello alentado por la sensualidad de Patricia Arquette, en la que supone una de las mejores interpretaciones de los noventa. Ella es Renee Madison, también Alice Wakefield. Es la chispa que enciende la mecha.

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Blowup (1966)

blow upDirección: Michelangelo Antonioni
Guion: Michelangelo Antonioni / Tonino Guerra (Julio Cortázar) 
Producción: Bridge Films / MGM
Fotografía: Carlo Di Palma 
Montaje: Frank Clarke
Música: Herbert Hancock
Reparto: David Hemmings / Vanessa Redgrave / Sarah Miles / Peter Bowles 
Duración: 111 min
País: Reino Unido 

Un fotógrafo sale a pasear durante una tranquila mañana. Se acerca a un parque y, de repente, ve a una pareja discutir. Él decide inmortalizar el momento. La luz le parece perfecta. Serán unas fotos excepcionales. La mujer, sin embargo, se percata de su presencia, lo persigue, le reclama las fotografías. ¿Por qué lo hará? El detalle y la atención al mundo de la imagen, al poder de la misma, se revelará como la clave de bóveda de esta historia. Pronto, nuestro protagonista creerá tener en sus manos, a través del estudio de sus fotografías, la resolución de un crimen.

Quien diga que esta obra no es deudora de su tiempo, miente como un bellaco. Solo puede entenderse atendiendo al contexto en el que fue gestada, pues Blow-up está ligada a un tiempo y lugar muy concreto: el Londres de finales de los 60. La contracultura, la psicodelia y el rebasamiento de los límites del sistema marcan la nota dominante en las calles de la capital británica. Unos mimos alocados alborotan al personal con sus gritos y brincos; los estudios de fotografía parecen la cuna de todo lo conocido; las guapas modelos se venden al mejor postor con tal de ser inmortalizadas; una mujer se desnuda como medio para alcanzar unas fotografías. “La imagen lo es todo”, parece querer decirnos Michelangelo Antonioni. Y, dentro de esta ola de enfoques y colores, irrumpe nuestro errante héroe, David Hemmings, hastiado ya de la fotografía, de la vacuidad de su existencia, dispuesto así a romper los moldes de una investigación criminal con su espontáneo trabajo.

En la trilogía que lo había catapultado como a uno de los grandes cineastas de la época, compuesta esta por L’avventura (1960), La notte (1961) y L’eclisse (1962), Antonioni desentrañaba las miserias existenciales y los dilemas cotidianos de la sociedad de posguerra. Lo había hecho a través de una clase social muy concreta, la burguesía. Aquí, en Blowup, da un giro inesperado: salta de Italia a Inglaterra. No le importa tanto la burguesía, sino la contracultura londinense. Un joven fotógrafo será la piedra angular del relato. El exhibicionismo y la sensualidad acaparan nuestra atención, pues estamos ante el poder de la sensación, sin más. Las escenas que componen el film así lo indican. Pero, ¿qué sensación? ¿qué sienten los personajes de esta película? Este Deseo de una mañana de verano no es más que eso, un deseo por querer cambiar una trágica realidad: la desesperación, el aislamiento y la incomunicación. Notas todas ellas que, finalmente, se imponen sobre nuestro errante y vacío protagonista.   

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The killing (2011)

killingCreador: Veena Sud 
Guion: Søren Sveistrup / Veena Sud (Remake: Søren Sveistrup)
Producción: AMC / Fox Television Studios
Fotografía: Peter Wunstorf 
Montaje: Varios 
Música: Frans Bak 
Reparto: Mireille Enos / Joel Kinnaman / Billy Campbell / Michelle Forbes / Liam James 
Duración: 45 min
País: Estados Unidos 

American Movie Classics, o lo que es lo mismo AMC, jugó, a partir del año 2004, a ser la HBO. No sé qué ejecutivo tuvo la idea de abandonar la temática de películas clásicas como punta de lanza de su programación para dotar a este canal de televisión de un nuevo formato volcado en la producción de grandes series. Toda idea ingeniosa, no obstante, conlleva sus riesgos. De hecho, AMC pasó por importantes apuros económicos hace apenas unos años, pululando en el aire la noticia de un adiós anticipado de uno de sus grandes bastiones: The walking dead (2010). Junto a esta, estrenó la pulcra, payasa y, hasta cierto punto, sobrevalorada Mad men (2007); su gran obra maestra, Breaking bad (2008); y la serie que aquí nos ocupa, The killing (2011).

La originalidad no ha sido el punto fuerte de esta serie, dado que Veena Sud adaptó para el mercado estadounidense una obra danesa, Forbrydelsen, ingeniada previamente por Søren Sveistrup, quien, a su vez, ha ejercido como productor ejecutivo de la versión norteamericana. En todo caso, si bien la originalidad no es su nota a destacar, sí lo es la sobresaliente calidad que rezuman las dos primeras temporadas. Una factura técnica y artística abrumadora. Todo gravita en torno a Rosie Larsen, una adolescente que aparece brutalmente asesinada, desatándose así una intriga cautivadora que convertirá la ciudad de Seattle en una claustrofóbica pesadilla donde la investigación policial se bañará en las turbias aguas del mal. Es el lado oscuro de la ciudad, una de tantas miserias morales de nuestra sociedad.   

Un policíaco, en definitiva, muy bien elaborado. El prólogo de la serie, con Sarah Linden corriendo a través del bosque, evoca a la mítica Clarice Starling de El silencio de los corderos (1991). Ella, junto con Stephen Holder, dan sustento al inquietante devenir de los acontecimientos. Tanto Mireille Ennos como Joel Kinnaman están estupendos encarnando a esos detectives que ahogan las frustraciones de sus vidas en la obsesiva caza del asesino. El guion, muy bien pulido, no deja cabos sueltos: el drama familiar, sentido; el juego político, mordaz; la terna de secundarios y el carrusel de probables “culpables”, adictivos y puñeteros; la investigación policial, brillante; el paisaje expuesto, demoledor. Pocas cosas fallan en un relato que, dentro de la otra orilla del Atlántico, marca el punto culmen del género de suspense en formato televisivo, con permiso de True detective (2014). A tener en cuenta.  

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Qué decir sobre… «True detective» (2014)

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Dirección: Nic Pizzolatto (Creador), Cary Joji Fukunaga
Guion: Nic Pizzolatto
Fotografía: Adam Arkapaw
Música: T Bone Burnett
Montaje: Alex Hall, Affonso Gonçalves, Meg Reticker
Dirección artística: Tim Beach 
Reparto: Woody Harrelson, Matthew McConaughey, Michelle Monaghan, Michael Potts

Cuando termina True detective, te queda un punto de mala sangre en el cuerpo. No sé si he asitido o no ante la obra maestra que todos anuncian. Y la verdad, poco me importa. No hace falta ser un lince para percibir que estamos ante un producto elaborado con mucha clase y oficio. Hay una buena porción de talento detrás de este trabajo, como en casi todo lo que hace HBO. Por tanto, aplaudir nuevamente el encomiable trabajo realizado desde esta cadena neoyorquina, focalizado ahora en torno a una intriga que se mueve al compás de escabrosos asesinatos y sudorosas investigaciones policiales.   

En los títulos de crédito aparecen Matthew McConaughey y Woody Harrelson no solo como actores protagonistas, sino también como productores ejecutivos de la serie. Todo concuerda cuando uno va presenciando los ocho episodios de esta primera temporada. Ambos han perfilado sus personajes para lucirse, para comerse la pantalla cada vez que salen en ella. El bueno de Woody Harrelson nunca ha sido nada del otro mundo, y tampoco lo es en esta ocasión. Cumple a través del personaje de Hart, pero podría decirse que su presencia es absorbida por el verdadero coloso (y clave de bóveda) de esta trama: Rust Cohle. A este último le da vida Matthew McConaughey de un modo maravilloso. Interioriza los rasgos de su personaje y expone una actuación soberbia. No hay ni un pero ni un reproche. Muta físicamente, pero el halo perturbador que acompaña a Rust se mantiene constante. Es un despliegue abrumador, otro más.  

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Nic Pizzolatto es la revelación de la temporada. Un nuevo nombre a considerar, pues emerge como la gran sorpresa de True detective. Él es el creador, el responsable de este producto. Nacido en Nueva Orleans, ya había trabajado en la escritura de varios episodios de otra magnífica serie: The killing (2011). Aquí, sin embargo, es él quien porta la batuta. Lo hace bien acompañado, apoyándose en el oficio y talento de Cary Joji Fukunaga. Entre ambos y a través del dueto protagonista, nos adentraremos en los pantanosos paisajes que pueblan esta narración. Esto es Louisiana, tierra de vudú y desatada creencia. Un macabro asesinato nos pondrá sobre la pista. El aire conservador, las exacerbadas prácticas religiosas, el angosto día a día y las miserias policiales serán los colores empleados para pintar este cuadro. La competición entre los dos protagonistas (en este sentido, fundamental Michelle Monaghan), quienes se complementan a la perfección, pondrá el resto. 

El alucinógeno personaje de Rust, mezcla este de rectitud cristiana y fundamentalismo panteísta, nos cautivará cada vez que salga en pantalla. Es la gran baza de la serie, y la explotan. La intriga, motor de combustión de este relato, no me dice nada especial. En todo caso, True detective tiene nervio, pujanza. Es capaz de generar una sensación de asfixia a través de la pantanosa y agobiante puesta en escena. Te lamentas así por las ficticias víctimas del salvajismo más irracional, nace en ti un asco terrible cuando ves a los verdugos y, sobre todo, quedas aturdido por la turbiedad que esencializa a esta obra. 

Votación | 4/5 

‘Side effects’. Cuento de terror.

originalMe gusta el binomio que han formado Steven Soderbergh, brillante cineasta cuando le da la gana, y Scott Z. Burns, un guionista a considerar. Aquel cuento de terror que elaboraron entre ambos, Contagion (2011), ya consiguió inquietarme, alterar mi conciencia. Ahora, dos años después, vuelven a la carga siguiendo la misma línea metódica a través de Side effects.

Película perturbadora. El mundo que envuelve a la industria farmacéutica y la medicina servirá como excusa para que nos lancen una intriga bien pulida, atractiva. A su vez, el thriller tiene como principal “efecto secundario”, valga la redundancia con el título de la obra, el desenmascarar toda la mugre que existe alrededor de los medicamentos, especialmente aquellos que tratan afecciones psíquicas. Así pues, la intriga y la crítica se retroalimentan, deparándonos un potente relato en el que destaca, gusto personal, una brillante Rooney Mara.

7.5/10 

‘JFK’. Espíritu crítico.

jfk_xlg¿Quién mató a John Fitzgerald Kennedy? Estamos en 1991. Mucho ha llovido, pues, desde aquel triste 22 de noviembre de 1963 en el que el primer presidente católico en la historia de los Estados Unidos era asesinado. Con todo, Oliver Stone no olvida tal acontecimiento. Percibe fisuras en el informe de la Comisión Warren que señalaba a Lee Harvey Oswald como responsable único de la muerte del Presidente y, basándose en el material literario del fiscal Jim Garrison (protagonista, a su vez, del film), lanza a las grandes salas, cuchillo en mano, este ambicioso proyecto. 

Siempre ha destacado este cineasta por ser un tipo reivindicativo, y aquí da buena fe de ello. JFK es cine contestatario que señala cuán corrompidos están los cimientos de la democracia liberal estadounidense. El guion es sólido, la historia está bien hilada y sus 215 minutos de metraje no se tornan pesados. Un colosal Kevin Costner encabeza un reparto de alto nivel en el que aparecen nombres como Tommy Lee Jones, Gary Oldman, Michael Rooker, Joe Pesci, Kevin Bacon, Donald Sutherland, Jack Lemmon o Sissy Spacek. Casi nada. Además, la factura técnica está en correspondencia con el notable nivel del film, destacando la música de John Williams, la fotografía de Robert Richardson y, sobre todo, el sensacional trabajo de montaje de Pietro Scalia y Joe Hutshing.  

Una de las mayores vergüenzas que ha existido en la historia de los Estados Unidos servida con vocación ciudadana, envuelta en torno al poderío de la αρετή griega. Aquí tienen las entrañas de uno de los casos más controvertidos del pasado siglo. Los más dóciles y sumisos con el sistema la tildarán de panfletaria y de poseer un rigor documental escaso. Sea como sea, y quieran creer la versión que quieran creer, nadie duda ya de la capital importancia que tiene la economía en la política. En eso, en despertar el espíritu crítico del espectador, radica la mejor baza de uno de los títulos más emblemáticos de la década de los noventa. 

8.5/10 

‘A few good men’. Puro oficio.

few_good_men_ver2_xlgGuión de Aaron Sorkin, atención. Palabras mayores. De hecho, es la primera aparición del reputado guionista en Hollywood. Debutaba, por tanto, con esta intriga judicial, A few good men, enclavada en el corazón del ejército americano, destapando a través de una potente defensa legal (la realizada por el trío Tom Cruise, Demi Moore y Kevin Pollak) las tradiciones y costumbres llevadas a cabo en el cuerpo militar estadounidense.

La titánica lucha entre Tom Cruise y Jack Nicholson no tiene desperdicio. Ambos son hombres con carácter, fieles a sus ideas y aferrados a un particular modo de entender la vida. Total, que ambos asumen las consecuencias de sus actos. Y eso lo plasma a la perfección Rob Reiner. Los personajes, en suma, están perfectamente pulidos, pues no podía ser menos sabiendo que Sorkin, como ya hemos dicho, anda por ahí, en labores de escritura. Y entre todos esos personajes, a pesar de las merecidas flores que recibió el grandioso Jack Nicholson, destacaría a la estoica Demi Moore.

El juicio final es el pilar sobre el que reposa toda la historia. Buenas interpretaciones, un sólido guión, una correcta factura técnica y una notable dirección para narrar una de las mejores historias judiciales, hablando de cine, de los años noventa. Recomendable.

7.5/10  

 

‘Following’. Nolan que estás en los cielos.

following-posterEs de extrañar que la ópera prima de un director tan venerado por la crítica moderna como es Christopher Nolan haya pasado casi desapercibida entre los espectadores. Cierto es que ‘Following’ es un producto extraño, estrambótico. En esta obra ya se atisban las cualidades que atesora este gran cineasta, consiguiendo elaborar una intriga ingeniosa, cautivando nuestra atención con esta modesta historia de voyeurs y ladrones, rodada en blanco y negro con apenas unos cuantos miles de dólares en el bolsillo.

Nolan es un funambulista de las imágenes. Su poderío narrativo está al alcance de muy pocos, pero su magia creativa no se detiene ahí, sino que va acompañada de un fascinante gusto por la elaboración de historias intrincadas, perversas y de alto desgaste psicológico. En este último punto, y no tanto en el universo visual, reside la principal cualidad de este film con alma de amateur que el autor rodó con apenas veintiocho años de edad.

En fin, apenas setenta minutos de duración le bastaron al británico para destapar sus cartas frente al gran público. Los más astutos ya vieron entonces que aquí había cineasta de gran proyección, y apenas dos años después alcanzó la fama mundial con la brillante ‘Memento’ (2000). Aquí, en ‘Following’, tienen los primeros pasos de este genio en los que ya se atisban los rasgos principales de su cine. 

7/10 

‘Trance’. Muñecas rusas.

Trance-349519031-large¿Dónde estará la obra ‘Tormenta en el mar de Galilea’ de Rembrandt? Desde 1990 nadie lo sabe, más allá de la persona que consiguió robarla en el museo Isabelle Stewart Gardner de Boston, en lo que fue uno de los robos más grandes en la historia del arte. Sin embargo, no es el único. Pinturas de Van Gogh, Caravaggio, Cézanne y tantos otros maestros han sido víctimas de famosos robos, envueltos ahora en el misterio de dónde se hallará su secreta guarida.

El británico Danny Boyle estrena nuevo juguete de la mano de John Hodge, habitual compañero en tareas de guión: ‘Trance’. A partir de la planificación de un magistral robo en torno a la obra ‘Vuelo de brujas’, un óleo pintado en 1797 por Goya, la película nos adentrará en una sucesión de acontecimientos del todo frenética, trepidante y tensa. La historia tiene algo de tramposa, sí, pero es un mal menor que para nada empaña al cometido principal de la misma: el digno entretenimiento. 

El talento puro del británico queda patente a partir de este planteamiento con alma de muñecas rusas. ¿Qué sucedería si hubiesen robado una valiosa obra de arte y no recordaran, a causa de la amnesia, dónde se halla esta? James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson nos amenizarán la velada con esta hipnótica narración.

7.5/10 

‘Blue velvet’. Deslumbrante pesadilla.

blue_velvet_00Lumberton es un pueblo pacífico y tranquilo. Situado en North Carolina, sus habitantes trabajan en el sector maderero y ocupan ese estrato social al que conocemos como clase media. Amplias casas, bonitos jardines, serviciales coches y buen pavimento. Una colección de preciosos vecindarios en la que todo parece perfecto, impoluto. Una estampa, en apariencia, sin un pero.  

“Es un mundo extraño”. Jeffrey Beaumont, un joven que vuelve a su pueblo natal tras la enfermedad de su padre, no alcanza a comprender porqué existen los problemas, porqué la gente se comporta como se comporta. No entiende, en definitiva, la turbiedad que rodea a la vida. Él no la cree necesaria, como tampoco Sandy, una joven en la que en sus sueños imagina un mundo lleno de petirrojos, simbolizando éstos el amor y la benevolencia.  

El brillante David Lynch se sirve de la sensualidad de Isabella Rosellini, de la soledad y desamparo que proporciona un triste apartamento, de la obsesiva – casi enfermiza – actitud de Kyle MacLachlan, de la candidez y ternura de Laura Dern, de la peligrosidad de Dennis Hopper y, sobre todo, de las oscuridades que rodean a este mundo para tejer una obra angustiosa, de perfecta narración y estética, que termina por inquietar al espectador.

Un metódico thriller de claustrofóbica puesta en escena que juega con las dobles apariencias y las falsas realidades. Eso es, en esencia, ‘Blue velvet’. ¿Qué hay más allá de la superficie? Prepárense para adentrarse en esta deslumbrante pesadilla.

8.5/10