‘Apolo XIII’. Aventura espacial edulcorada.

Apolo 13 narra las aventuras reales de un grupo de astronautas en su misión de alunizar allá por 1970. La película queda estructurada claramente en dos partes.

Por un lado, está la parte buena de la película. La parte del astronauta. La relacionada con las aventuras y dificultades de los tres astronautas y de la base de control de Houston. La represantada por Tom Hanks, Bill Paxton, Kevin Bacon, Gary Sinise y Ed Harris. Es lo mejor de la película. Además de regalar imágenes muy bonitas visualmente, uno vive los problemas de los tres astronautas, sus ilusiones, sus frustraciones, su ingenio, su pena. Siente la agonía de estar en el espacio sin saber si volverán algún día a casa. Vive aquello de… Houston, tenemos un problema!.

Por el otro, está la parte dulce del film. La parte que daña a la película. La sensiblería de Ron Howard al retratar a la sociedad norteamericana. El patriotismo mundial en pro de los EE.UU con el que se representa al mundo. Uno se cansa de ver a esposas llorar delante de un televisor viendo las penas de sus maridos, a un cura dando palmaditas en la espalda cada dos por tres, la relevancia de salir o no en la TV,  niños monos preocupados por su papa o la “bomba” de ver a Neil Armstrong entretener a la anciana madre del piloto de la nave espacial. Madre que tiene el papel mas irrelevante y superfluo de la historia del cine. Un pastel excesivo en su conjunto, un lastre con el que carga la película.

En fin, si la primera parte espacial hubiese sido complementada por una parte terrestre menos edulcorada, la cosa hubiera dado para más. Quizás si no hubiese caído en las manos de Howard, o quizás era lo que tocaba, hubiese caído en las manos de quién hubiese caído. Quizás había que vender el ingenio de los norteamericanos. Lo buenos que son y lo felices que están siempre ellos, con sus aventuras en sus juguetitos espaciales. Cómo vela la sociedad mundial (no penséis que sólo se preocupan en USA de los pobres astronautas) por ellos y que felicidad irradian.

Conclusión: tratada de otra manera, daba para más. Pastel terrestre > Aventura espacial.

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‘Breach’. ¿Dónde está la tensión?

Un joven aspirante a agente del FBI debe realizar una misión, para proseguir en su carrera profesional, un tanto peculiar: vigilar a un veterano del cuerpo por posibles abusos sexuales. Sin embargo, detrás de todo ello, se esconde una investigación diferente, la transferencia de datos desde USA a la URSS por parte del veterano agente. Ése es el punto de máxima tensión del film, una vez descubrimos eso, ya sabemos quién es el “malo” y como va a acabar el asunto.

La complicidad existente entre el joven y el veterano, esa relación de confianza extraoficial por parte del veterano hacia el inocente que empieza ahora, es lo mejor del film. El resto, intranscendental y rutinario. Carece de todo lo que necesita una película de espías: tensión, suspense. Floja.

‘Midnight cowboy’. Amistad en las cloacas.

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Dos solitarios son los protagonistas de esta crítica al sueño americano que refleja ‘Cowboy de medianoche’. Joe Buck, es un vaquero tejano que ha llegado a Nueva York para buscar una vida mejor como gigoló. Quiere vivir a costa de las mujeres, de las señoras neoyorquinas. Rico Ratso, es un pobre miserable. Un tullido tubercoloso que no tiene ni para pasar el día. Habita en un edificio cerrado y abandonado. Sobrevive gracias al engaño y las estafas diarias. Una de sus estafas, tendrá como víctima a Joe Buck.

A partir de aquí, aparecerá una amistad entre los dos solitarios, que servirá para demostrarnos una cruda realidad. La derrota y la frustración existente en la vida de muchas personas. Una realidad, a la que es mejor enfrentarse en compañía que en soledad. Una amistad entre dos víctimas del sueño americano prometido. Todo ello representado maravillosamente en ese trayecto hacia Miami, hacia una vida mejor, una vida rodeada de mujeres en las playas caribeñas. Una vida que jamás llegará.

‘In cold blood’. Ojo por ojo.

Dos golfos, Perry Smith y Dick, buscan dar un golpe perfecto. Un golpe que les permitirá retirarse de manera dorada en México. Asaltar la caja de caudales de una familia acomododa del Estado de Kansas. Sin embargo, el plan no funcionará. Todo acabará con la muerte de una adorable y religiosa familia, los Clutter. Y, por supuesto, el dinero no habrá existido nunca. A partir de aquí, se establecerá la persecución por parte de la policía de estos dos asesinos. Tras una ruta de trotamundos, acabarán siendo atrapados en Las Vegas. Se les juzgará, y se les sentenciará a la pena de muerte.

‘A sangre fría’ es el relato de un doble crímen: el cometido por Perry Smith y Dick, y el cometido por el Estado de Kansas hacia ellos.

¿Cómo es posible que un hombre, Perry, distinguiendo como distinguía en el momento del asesinato la diferencia entre el bien y el mal, cometíera tal atrocidad? Sin explicación aparente, hay que buscar en su traumática infancia. Infancia marcada por la separación de sus padres. El alcoholismo y el puterío establecido por su madre en casa, el carácter aspero y rudo de su padre. La ausencia de hogar, la falta de cariño. Detalles que marcarán por siempre su carácter. Un carácter que le hará sentirse inferior al resto, protegerse de ellos, sentirse violento hacia lo extraño. Un carácter que provocará el asesinato de los Clutter, juntamente con la presencia del cobarde de Dick, quién encendió la llama. Como dijo el psiquiatra, si hubiesen estado solos, el crímen no se hubiera cometido. “Parecía un buen hombre, quizás el haya pagado por todo”. Así lo resume Perry.

Y, del mismo modo, ¿cómo es posible que un Estado, Kansas, aplique la pena capital a seres humanos? ¿Por qué se les priva de vida a Perry y Dick, dos hombres detenidos e indefensos? ¿No es igual de repugnante este crímen que el cometido por Perry? A sangre fría seguro. A sangre fría no sólo su muerte, sino el cálculo milimétrico del proceso. La espera en el corredor de la muerte sabiendo que tus días están contados. A, Perry, se le encontró un motivo a su asesinato, una causa. Pero, ¿cuál encuentra el Estado de Kansas a la muerte de estas dos personas? Culpables sí, pero personas al fin y al cabo.

Ojo por ojo. “Yo creo en la venganza, siempre que no sea contra mí”. Así lo explicaba el alma perdida de Dick. Y en esas, probablemente, estaríamos todos llegados el caso. Pero, siendo fríos, a sangre fría como dice el título, ¿no sería mejor el perdón? ¿la recapacitación entre rejas? ¿la oportunidad por volver a empezar? ¿el intento por reformarse?.

‘Man on wire’. Arte en el cielo de Manhattan.

‘Man on wire’ es la historia de un sueño: Caminar sobre el cielo de Manhattan a través de un alambre sujetado por las dos torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. En la búsqueda de ese sueño, el documental nos narrará las relaciones entre los distintos protagonistas de aquella gesta y sus distintas conductas ante ella. Las tensiones entre sus amigos, novia y cómplices diseñando aquel perfecto plan. Los viajes de ida y vuelta. La obsesión. La minuciosidad de los detalles. El ensayo casero con sus amigos en el campo. O en Notre Dame y el Puente de la bahía de Sidney. Sus aventuras y desventuras. Discusiones y malentendidos. La agonía de los distintos protagonistas en el último piso respectivo de la torre norte y sur intentando esquivar a los guardias para comenzar el montaje. Y, el final del sueño. La culminación del mismo. Un tipo andando sobre el cielo de Manhattan.

Philippe esquivaba la realidad, su acto, su “crimen”. La sonrisa y media vuelta ante la policía así lo reflejaba. Era algo metafísico. Philippe estaba en una realidad sobredimensionada. El sueño era suyo y nadie podía detenerle. Cuarenta y cinco minutos de arte espontáneo sobre el cielo de Manhattan, sobre el frágil alambre a una altura vertiginosa. Fue la gesta de Philippe Petit. Vio, como él mismo dice, cuando miró hacia abajo, una instantánea que jamás volvería a ver. Algo único. Una bacanal de sensaciones placenteras, inexplicables. El momento culmen de su vida. Y con él, su propia muerte, la muerte del funambulista.

Volvió a la realidad en una habitación de un apartamento disfrutando sexualmente con una desconocida. Había logrado su sueño. Un sueño que le obsesionaba desde aquel recorte de periódico a la edad de 19 años en la consulta del dentista. Un sueño que le había llevado seis años. Seis años convenciendo a gente, amigos, cómplices. Seis años luchando por él. Ahora lo había logrado y, con él, moría todo lo que le había rodeado durante ese tiempo.

Los americanos querían saber por qué lo hizo. Tan sensacionalistas ellos, tan morbosos. Hacían volver a Philippe a la banalidad de la vida humana. No hubo un por qué.  Simplemente fue un sueño. Su sueño.

‘Vacancy’. Asfixiante al inicio, cómica al final.

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Pareja que viaja con su BMW se pierde por una carretera de mala muerte. Como no, una avería les obligará a detenerse en una gasolinera donde conocerán al típico repostador que sabes desde primera hora que aún les va a estropear más el vehículo.

Sin coche a los diez minutos, deberán volver al motel, donde esperarán pasar la noche en una habitación…. con cámaras por todos los lados, agujeros en el suelo, ventanas bloqueadas, cucarachas y una TV con cintas de vídeos con snuff movies rodadas… en esa misma habitación.

Típico entretenimiento con toques de terror y con uno de los finales más patéticos que he visto. Ahora resulta que tras dos horas inconsciente y con una puñalada en el estómago, puedes revivir de repente. También puedes, después de pasarte toda la noche puteada intentando sobrevivir, salir de tu escondite y cepillarte a todo lo que se mueve, a cada cuál muerte más irrisoria.

Tiene una primera parte, típica sí, pero, a la vez, aterradora, y una segunda vergonzosa y lamentable.  Sensación final: el olvido.

‘Can’t buy me love’. Romántica teen movie.

Ronald es, como se dice hoy en día, un ‘friki’. Es un estudiante sobresaliente en el instituto, trabaja incansablemente cortando césped para poder ahorrar mil dólares con los que comprar un telescopio, y el momento más divertido de la semana se da cuando juega con tres frikis más a una timba de póker el sábado por la noche.

Cindy, por su lado, es la chica más popular del instituto. Jefa de las admiradoras del equipo de fútbol, es una chica a la que no le falta nada en el instituto. Fiestas, chicos, elegantes vestidos y popularidad, mucha popularidad.

Un día, en una de sus fiestas, Cindy ensuciará uno de los vestidos de su madre que había cogido sin permiso. Por temor a que ésta se enterará, decide comprar uno nuevo, pero cuesta 1.000 $. Sin dinero para ello, Ronald le hará un trato, le comprará el vestido con los mil dólares ahorrados a cambio de su amor por un mes.

Can’t buy me love‘ es una comedia romántica que nos relata el ascenso al mundo popular de uno de los mayores frikis de su instituto. A partir de ahí entrará en un mundo marcado por las apariencias, la tontería y las falsedades. Un mundo del que Cindy, ya parece estar cansada. Lo que empezo como un contrato de engaño, se convirtió en amor. Amor hacia Ronald. No le importaba que éste no jugará a fútbol, ni que fuera a buscarla sin coche. Le divertía ir a cementerios de aviones y escuchar las historias de Ronald, contemplar la luna y comprenderla gracias a él, dedicarle ocúltamente poemas al sensible de Ronald.

Sin embargo, éste dejará de lado a sus antiguos amigos, empezará a tener éxito con todas las chicas guays fáciles y, sobre todo, olvidará el amor que ha sentido durante 17 años por Cindy, y el cuál, era la principal causa de su deseo de entrar en el status de guay. La popularidad le abrumará. Nacerá un Ronny al que sus antiguos amigos e, incluso, Cindy dejarán de tenerle estima.

Ronald, recapacitará sobre ello. Pondrá los pies en el suelo y se olvidará de ese mundo de apariencias y engaño en el que había vivido. Intentará pedir perdón a sus amigos y a Cindy.

Su antiguo mundo volverá, pero ésta vez con el amor de su chica, a la que había amado durante toda su vida. Contemplarán la luna desde el cementerio de aviones, saldrán a pasear por la noche, se leerán sus poemas, y podrán cortar césped juntos.

Ronald podrá llevar su vida de friki junto a ella y sus amigos. Un mundo que es el suyo, alejado de la vida de los guays del instituto. Dejando de lado las apariencias y la falta de personalidad. Cada uno es como es, no como aparenta ser. Así lo entienden Ronald y Cindy. Y si no te quieren por ello, no merece la pena. Afortunadamente para la historia, Ronald querrá a la verdadera Cindy, y ésta, a su vez, lo querrá a él. Bonita historia de amor y, a su vez, bonita lección para la vida.

7.5/10

‘Earth’. Ecologismo estético.

Un año. Cuatro estaciones.  Durante ese tiempo, seguiremos, de parte a parte del planeta, la vida y rutinas de los animales que junto a nosotros, habitan este planeta, la Tierra.

Unos animales en peligro de extinción por las distintas circunstancias provocadas por los humanos. La gran ruta de los elefantes que intenta esquivar a los leones y las tormentas de arena en busca del agua; la cruzada de 6.000 km de las ballenas en busca de la comida existente en la Antártida; o la terrible búsqueda de comida por parte de los osos polares en el Ártico, son algunos de los ejemplos con que se nos narra el afán de superación y supervivencia de las distintas especies existentes.

Con una excelente fotografía, así como con una gran tecnología visual, por momentos parece ser que el documental este hecho mediante ordenador, y al parecer, no es así, buscan sensibilizarnos, hacernos responsables de nuestro entorno, de todo lo que nos rodea. Estéticamente, es espectacular el viaje hacia unos paisajes jamás vistos, hacia unas impresionantes instantáneas en las que vemos como es la vida de los animales (como el guepardo corriendo, el salto del tiburón, el descenso por la cascada, etcétera).

Buen canto ecologista para concienciar la apatía general del mundo, y en especial, la desfachatez que muestran los empresarios y líderes políticos, élites que controlan el mundo a su antojo y que, lógicamente, son los mayores responsables de nuestro problema medioambiental.

‘Appaloosa’. Dos hombres y una mujer.

Estamos en Appaloosa, en el lejano oeste norteamericano. Un cruel y despótico ranchero, Randall Bragg, acaba de asesinar al sheriff y dos de sus ayudantes. Tal hecho, provoca la llegada al pueblo de un legendario hombre del orden, Virgil Cole, y su fiel ayudante, Everett Hitch.

La confrontacción entres los dos hombres, que a partir de ahora serán la ley local, y Bragg no tardará en aparecer. Los asesinatos de tres caraduras de la banda de Bragg harán aparecer los aires de cambio en la ciudad. La llegada de un prófugo de su banda a los brazos de Cole, permitirá la acusación de asesinato y el encarcelamiento para su posterior muerte en la horca de Bragg.

Simultáneamente a todo ello, en el pueblo irrumpirá una joven viuda, Allison French. Ésta, será el eje en el desarrollo del film. Su atracción por Cole será inmediata, y comenzarán una relación, puesta en peligro por la facilidad de French a darse a otros hombres.

En el momento de transportar al futuro ejecutado, un par de bandoleros mercenarios contratados por éste, aboradarán el tren teniendo como rehén a French. Pedirán a cambio de la libertad de ésta, la libertad de Bragg. El sheriff no podrá oponorse debido a su amor. Todos huíran.

La obsesión por atrapar a Bragg, permitirá a Cole, descubrir con sus propios ojos como French, se cepilla a todo lo que se mueve en este grupito de bandoleros mercenarios. 

El indulto presidencial a Bragg devolverá la calma al pueblo. La aparente calma. Bragg jugará a ser un ciudadano noble comprando un hotel y a los negociantes locales. Cole insistirá en su relación con French, mientras que ésta seguirá siendo la chica alegre que es durante todo el film, acercándose, en esta ocasión, a Bragg.

Hitch, consciente de que Bragg no puede salir impune, decidirá retarlo. Con ello pondrá en prueba su lealtad y amistad con Cole. O la muerte, o el destierro, le esperarán tras el desafío. Con ello, no sólo ganará la justicia por la muerte del tirano, sino que además permitirá a Cole vivir tranquilamente con French, pues ésta ya no tendrá hombres poderosos cercanos a quién arrimarse, ya que la muerte de Bragg, y su propio destierro, le dejarán el camino libre a Cole.

Gran historia en el lejano oeste la escrita, dirigida e interpretada por Ed Harris. Una historia en la que se habla de algo llamado amistad. La que siente Hitch por Cole. Un Cole, que pese a su apariencia de chico duro, se mostrará como el mayor calzonazos en temas de mujeres, pues la avispada French, dirimirá y hará tambalear una relación de amistad y fidelidad, que hasta la llegada a Appaloosa, había sido lo más sólida posible.

Original la propuesta de ese triángulo amoroso compuesto por Cole, Hitch y French, que bailará al ritmo impuesto por el despótico Bragg. Buen western.

‘Swing vote’. Ñoñería con mensaje.

El día de las elecciones generales, Kevin Costner, incumple la promesa de ir a votar que le había hecho a su hija. La niña, decepcionada, decide dar el voto ella misma. Sin embargo, al día siguiente, algo extraordinario ocurrirá: el voto no se envío por problemas técnicos, y dicho voto es el decisivo para elegir al nuevo presidente, el cuál saldrá de la nueva votación de Costner.

A partir de aquí la película deambula en, la parte decente del film, una crítica al sistema político norteamericano: bipartidismo, show mediático en las elecciones, trampas y buitres en el camino electoral, intereses sucios, pérdida de ideologías y valores y, en fin, crítica al mercado que supone unas elecciones, dónde lo importante no es el ideal de cada uno, sino el comprar a los votantes, estudiar el mercado electoral, y tratar de convencerle. Eso es, lo que hacen con Kevin, los peces gordos de la política estadoudinense.

Con éstas transcurre el film, alternando ello con la ñoñería tipica de Hollywood al tratar problemas familiares. Problemas que sufre la niña con el despreocupado de su padre, la drogadicta de su madre, con los problemas mundiales en general.

Hasta que llega el discurso final, donde la mediocre película se viene del todo abajo. El momento clímax del film. Todo muy bonito y elegante, muy enternecedor el bueno de Kevin Costner que, de repente, nos sale con aquello de “…yo mismo, si no hubiese llevado la vida que he seguido, podría estar sentado en el mismo sitio donde están ustedes (en referencia a los dos candidatos a la presidencia), lo tenía todo para ello, las mismas oportunidades…”. Patético este mensaje conservador disfrazado. Pretender hacernos creer que un hombre de clase trabajadora puede llegar a ser Presidente de los EE.UU. es de lo más sinverguenza que he oído en los últimos años en una película de este tipo. Satírica por momentos, ñoña en casi su totalidad y, finalmente, conservadora. Esto es ‘El último voto’.