‘The perks of being a wallflower’.

emma-watson_originalEl mundo de la adolescencia ha sido retratado en infinidad de ocasiones. Además, de formas diversas. El surtido donde elegir es amplio. Imagino que es una temática que vende, un filón que ha aprovechado Stephen Chbosky para estrenarse en esto de la autoría a través de “Las ventajas de ser un marginado”. 

Cuando Charlie entre en el instituto, lo hará contando los días que le quedan de calvario hasta la graduación. Lo hará de este modo porque es un personaje peculiar, azotado por una enfermedad mental y con problemas de sociabilidad, que, no obstante, terminará por encontrar su rumbo cuando conozca a dos personas muy especiales para él: Sam y Patrick.

El relato contendrá, por tanto, toda una catarata de nuevas sensaciones que van desde la alegría por encontrar amistades verdaderas hasta el huracán sentimental que supone el primer amor, pasando mientras tanto por noviazgos errantes, aventuras con las drogas y conversaciones “serias” con tu profesor de literatura. Una receta ya conocida, pero servida con talento y sentimiento, que seguro pasará a ser la obra de cabecera de más de uno, y de dos, chavales.

En fin, una película emotiva, convincente y formal sobre el mundo de la juventud. En realidad, no es más que el incipiente carpe diem de ese introvertido y marginal chaval que un buen día decidió tratar de vivir. La cinta gana, y mucho, cuando entra en escena la relación establecida entre Emma Watson y Logan Lerman.

7.5/10   

Anuncios

‘The hole’. Pesadilla subterránea.

Sorprendía Nick Hamm en 2001 con esta cinta, ‘The hole’. Inmiscuyéndose por los pasillos de un elitista campus universitario, el cineasta conseguía amenizar la velada con este cocktail efervescente en el que los líos de faldas de los hijos de papá terminaban por tornarse en una auténtica pesadilla subterránea. 

Tras arrancar con un prólogo inquietante, el poder de atracción de la cinta va menguando progresivamente. La narración, de pronto, se torna caótica e imprevisible, apoyándose en un guión de poca consistencia que ofrece, no obstante, una buena dosis de entretenimiento juvenil. Cuenta con el lujo, eso sí, de juntar en el cartel a la hoy desaparecida Thora Birch, turbia interpretación aquí, y a la por entonces desconocida Keira Knightley. 

Ñoñería juvenil como base de todo, combinada ésta con logrados momentos thrill y deshojada a partir de un suspense un tanto blandengue que, eso sí, aguarda un efectista punto final. Lo dicho, no está del todo mal si tus pretensiones no son exigentes. 

6/10

‘Murder by numbers’. Gustoso thriller juvenil.

Barbet Schroeder retorna a la adolescencia, inmiscuye su cámara en los pasillos de un instituto californiano y pone el acento en las perversiones juveniles de un par de psicópatas potenciales como son Richard Haywood y Justin Pendleton. Todo bajo la atenta mirada de Sandra Bullock, estrella deslumbrante de este acertado blockbuster, encargada de esclarecer el sanguinolento reto que aquí nos es presentado.

La cinta mantiene la tensión durante todo su metraje. No decae nuestra atención, y esto tiene mérito suficiente dado que uno ya sabe quiénes son los asesinos desde los primeros minutos. El empuje y el nervio viene dado por la metódica mente de Michael Pitt y por la perversa sonrisa de Ryan Gosling. Tanto Sandra Bullock y Ben Chaplin, eso sí, les aguantan el pulso, aceptan el envite y sacan las uñas.

La historia no tenía grandes aspiraciones, conocedora de sus límites. Sin embargo, Schroeder logra un cocktail de gustoso sabor a base de escabrosas intrigas, maléficas intenciones y buenos personajes. No tiene desperdicio ver a dos jóvenes talentos como Gosling y Pitt foguearse en un thriller tan bien trabajado como este.

7/10    

’21 Jump street’. De vuelta al insti… de la mano de Jonah Hill.

Jonah Hill está convirtiéndose, poco a poco, en una de las caras más conocidas de la comedia estadounidense actual. Surgido de la factoría Apatow, su turno le llegó con la  divertida ‘Superbad’ (2007). Desde entonces, su presencia en las grandes salas ha ido creciendo, atreviéndose en labores de guión, como en la película que aquí comentamos, y aceptando papeles, vean la esplendorosa ‘Moneyball’ (2011), de registros diferentes que muestran su versatilidad y oficio, recompensado todo ello con una nominación a los Oscar 2012 al mejor actor de reparto. 

La comparativa con la mencionada ‘Superbad’ es inevitable. ¿Problema? Pues que estos infiltrados salen perdiendo respecto a aquellos salidos. Es cierto que cambia el leitmotiv del film, pero la esencia, el periplo por los avatares juveniles, es la misma. Los dos policías protagonistas, deberán infiltrarse ahora en los mismos pasillos por los que antaño paseaban de modo distinto, uno popular y guaperas, el otro friki y con peso. ¿Cómo serán las cosas ahora? Prepárense para la vuelta con una mochila cargada de humor grosero, desairado y fresco. 

Una mezcla entre la reconciliación juvenil que suponía ‘Never been kissed’ (1999) y la amistad gamberra de ‘Superbad’ (2007), salpimentado todo por los toques policiales precisos que terminan por conformar un cocktail de gustoso sabor. En fin, entretenida comedia sin grandes aspiraciones más allá de conseguir divertir al espectador. Incluso Johnny Depp se une a tan nostálgica fiesta. La sencillez de su cometido, y la brillantez con la que éste ha sido cumplido, hace que ‘Infiltrados en clase’ sea una película altamente recomendable. 

7/10 

‘Project X’. Apología del desmadre.

El cineasta Todd Phillips parece empecinado en ser el nuevo rey de la comedia gamberra. En ‘Project X’ decide ejecer en labores de producción, pero volviendo a la esencia de su cine, al estilo originario de películas como ‘Road trip’ (2000), cuyos protagonistas no eran más que adolescentes en celo, atiborrados de hormonas y sedientos de nuevas sensaciones. Cambia la línea treinteañera marcada por ‘Old school’ (2003) o la franquicia ‘The hangover’ (2009-11). 

La historia es sencillita: Thomas, Costa y JB no son que digamos los tipos más populares del instituto. Por eso, en ocasión del cumpleaños del primero y aprovechando que los padres del mismo no están, deciden cambiar las reglas del juego, darle un vuelco a su existencia freak a través de un plan del todo original: montar la madre de todas las fiestas. Ahí tienen el prólogo del film. Un proyecto que sirve para foguear a la cantera de actores, caras frescas, que aquí nos presentan. Nombres a marcar (imágenes adjuntas): Thomas Mann (un pelín estilo Michael Cera), Oliver Cooper, Jonathan Daniel Brown (el nuevo Jonah Hill), la explosiva Alexis Knapp (ex del guaperas Ryan Phillippe) o Kirby Bliss Blanton.

Tremenda apología de la juerga desenfrenada. El cineasta Nima Nourizadeh decide narrar la fiesta más épica jamás contada. Y lo consigue a base de alcohol, música, drogas, sexo y muchas ganas por desmadrarse.  En sus ochenta minutos tan solo caben la diversión desmedida, la despreocupación por el mañana y el carpe diem juvenil. Gracias a la explícita narración de acontecimientos, indirectamente la película se convierte en una preciada pieza de investigación para todo sociólogo que se precie, interesado en meditar acerca de cómo está la sociedad occidental.  

En fin, ‘Project X’ va a convertirse en el nuevo referente cinematográfico para los chavales que todavía habitan los pasillos del instituto. ¿Tienen ganas de fiesta? Pues vean esta cinta. Absténganse los padres y ciudadanos modélicos, probablemente salgan horrorizados por el espectáculo presenciado.

7/10

‘Chronicle’. Petardazo.

En vísperas de fallas nos llega, más oportuno que nunca, este auténtico petardazo de película: ‘Chronicle’. Un producto que se vende muy bien, pero cuya sencillez tan sólo provoca esa sensación tan amarga que acompaña al fiasco, al desengaño. El argumento del film gira en torno a un triángulo conformado por la siguiente línea argumental: 1) ¡soy un margi del insti! 2) ¡soy guay, tengo superpoderes! 3) ¡váya! ¡qué contradicción, ya no sé qué soy!  

Los jóvenes protagonistas no están mal. Cumplen con su labor. El problema viene dado por un guión demasiado básico. Además, la dirección es agitada,  incoherente e irregular. Tanto golpe de cámara acaba por marear al espectador, pidiendo a gritos que se enciendan las luces de la sala, señal inequívoca de que el suplicio ha terminado.

En definitiva, puro efectismo. El impacto inicial dura lo que dura, luego la historia ya no sabe cómo mantener el vuelo. Podría decirse que ‘Chronicle’ es un prólogo mal administrado de ochenta minutos de duración. ¿De dónde viene esos poderes? Y ese cráter, ¿qué pinta ahí? Nada, no se pierdan en los detalles. Déjense llevar, si les va el sado, por la chabacanería que caracteriza a esta mediocre cinta del género fantástico.

4/10 

‘Super 8’. Valor añadido.

En busca de aire fresco, evadiéndome del sofocante calor de la calle, acudí (como buen feligrés) a una sala de cine cualquiera de la ciudad. Allí, pretendía oxigenar mis pulmones y cocotera. La entrada, con tal de cumplir aquélla misión, ya hacía tiempo que tenía nombre y apellidos: Super 8. El resultado no podía ser más satisfactorio, y es que cuando uno acude plenamente virgen a una sala de cine, sin saber lo que allí va a encontrar, la impresión puede ser del todo extrema. O flipas, para bien, con lo presenciado, o puedes ir buscando la puerta de salida. Aquí fue la primera sensación, pasando ya el título de “Super 8” a la categoría de mítico: cuidadito, junten esta obra con la primera grabación de Los Planetas. Ahí es nada.

No es tarea fácil manufacturar una cinta del calibre de ‘Super 8’. De ahí, mi admiración instantánea. Veámos, el dúo mágico aquí reunido (J.J. Abrams & Steven Spielberg) consigue transportarnos, de nuevo, a los años 80. Jodido (o más bien, extraño) pero veraz. Sólo con el póster (con ese aire retro a ‘Blade runner’ o ‘Star wars’) ya nos enganchamos a tan nostálgica fórmula. A medio camino entre ‘Stand by me’ (1986), ‘The goonies’ (1985) y ‘E.T.’ (1982), esta cinta consigue combinar, de un modo extraordinario, una serie de historias simultáneas que concurren con el fin de depararnos una aventura que hará las delicias de los pequeños, y los no tan pequeños (cuidado con ciertas escenas inquietantes con alma lostie).

El motor de combustión de esta pueril historia de aventuras, no es otro que un sentido homenaje (ya desde el título) a ese formato cinematográfico tan de andar por casa, el mítico Super8. Todo comenzará cuando unos chiquillos, rodando una cinta cutre de zombies, presencien un accidente ferroviario. Será la chispa que encienda la mecha para flamear un cocktail cargado de amistad, inocencia, amores juveniles, aflicción, ternura, músculo, comicidad y, sobre todo, un inquietante misterio por resolver en forma de ferrocarril descarriado. Todo servido mediante un guión tan chispeante como ingenioso, con un humor muy atinado y un punch que te mantiene en estado de vilo durante los 110 minutos de su metraje comercial.

Tiene el “valor añadido” de haber sabido tocar bastantes palos (aventuras, terror, romance, drama, ciencia-ficción, intriga) y que haya sonado, de tal mezcla, una buena melodía. Es, sin duda alguna, la obra maestra de J.J. Abrams, un gran vendedor de humo que aquí sustituye éste por la calidad de un homenaje nostálgico a los dorados, cinematográficamente hablando, años ochenta.

8/10

‘Bully’. Fallida.

Larry Clark sigue en ‘Bully’ (2001) con su empecinamiento, sin encontrar ningún tipo de evolución en su cine, en retratar la adolescencia desde distintas dimensiones, aunque siempre compartiendo un mismo rasgo: es un grupo penitente, lleno de dolores, con muchas sombras y tinieblas, con una existencia calamitosa y errante.

A diferencia de ‘Kids’ (1995) y ‘Another day in paradise (1998), la cinta que aquí nos atañe acaba por aburrirme. La preocupación, en este caso, gravita en torno a una relación amistosa entre dos jóvenes, en la que uno de ellos ejerce un comportamiento tirano sobre el otro. Esta flagelante amistad propagará su malestar sobre el entorno de los muchachos, dinamitando todo en un final violento y agónico.

Reconociendo el poso de verdad que pueda existir en su relato, parece, no obstante, que la fórmula aquí falla, ahogándose el cineasta en su propio éxito. Y es que ‘Bully’ posee fuerza, tensión y dolor, pero  los nuevos condimentos que aparecen aquí (violaciones continuas, maltratos por doquier, comportamientos cogidos con alfileres), buscando con ellos, de modo descarado, la provocación y el morbo barato, en lugar de la reflexión y la crítica, además de un mala, desincronizada y fría  narración, hacen que esta película sea demasiado irregular y cansina.

5.5/10

‘Another day in paradise’. Generaciones perdidas.

El segundo largometraje de Larry Clark no se alejaba mucho de la línea establecida en ‘Kids’ (1995). Cierto es que con una historia distinta, pero con un trasfondo muy similar: el retrato de una adolescencia maltratada, errante y calamitosa.

Drogas, addiciones y robos marcan el día a día de nuestros dos protagonistas. Dos yonquis más, de apenas 16 años de edad. Malviven entre la escoria de su apartamento, camuflándose entre ella, sintiendo el poder del jaco en sus venas, en el fluir de la sangre, en su atozado coco.  Un mal robo con sangre a borbotones de por medio, supondrá poner en el abismo a Bobbie, debatiéndose entre la vida y la muerte, decantándose finalmente por la primera opción, gracias a la ayuda de un nuevo padre, Sammie.

Las andanzas entre el dúo adolescente y el dúo adulto suponen un continuum, una herencia de vida peligrosa, de pozo sin fondo, entre dos generaciones distintas, el ayer y el mañana, congeniando, para mal, en el hoy.

Un final terrible, lleno de horror. Nada es cálido en él, todo es tristeza y dolor, pesar y asfixia. Morir como salida, en soledad. No hay otra. Es una vida fugitiva, de aquél que escapa, que corre, que huye, hacia la nada.

7.5/10 

‘Kids’. Lacerante retrato generacional.

Larry Clark, cámara en mano, y Harmony Korine, en el guión, son apadrinados por Gus Van Sant para contarnos una historia bastante concisa y explícita: relatar los quehaceres diarios de una generación de adolescentes apilada en el New York de los años 90.

Más concretamente, a tenor de lo visto, se centran en los chic@s de la clase trabajadora neoyorquina. Las drogas como telón de fondo. Fiestas como rutina. Peleas y hurtos como modo de diversión. Familias descompuestas como condimento. Pocos estudios, trabajos precarios. Un sólo objetivo, para un chaval de 15 años atiborrado de hormonas en ebullición, en medio de esta vorágine derrotista: tener sexo. Con quien sea, como sea. Si se trata de desvirgar a muchachas de 12 años, mucho mejor. Son pequeños incentivos para la vida de estos muchachos.

Ni siquiera se dan cuenta del problemón de esta despreocupada vida: el VIH. Pero, a fin de cuentas, de algo hay que morir. Larry Clark no engalana su cinta de ningún modo, pone el dedo en la llaga y aprieta. Aquí, detrás de esa nebulosa juvenil, todo es pesadumbre y dolor.

7/10