‘The Shawshank redemption’. Vitalista, estoica y humana.

Sensacional película a la que le sobra cualquier tipo de comentario, halago o palabra.

Sólo decir que la joya que Frank Darabont sacó de un pequeño relato de Stephen King acerca del cambio radical en la vida de un hombre cualquiera, como Dufrasne, que entra de golpe y pozarro, a modo perpetuo, a vivir entre muros y rejas, supone un canto a la esperanza, a la creencia en la lucha por vivir y no por morir, aún a sabiendas que estás metido en un pozo (agujeros negros del sistema), posiblemente, sin fondo. Vitalista, estoica y humana, como pocas. Obra maestra que forma parte de la excelsa cosecha del 94 (junto con Forrest Gump y Pulp Fiction). Un lujo.

9/10

‘Night moves’. Irregular policíaco.

Arthur Penn, en la dirección, y Alan Sharp, en la dirección, nos amenizan la velada con ‘Night moves’, una interesante propuesta de corte policíaco en la que un fracasado detective privado tendrá por objetivo esclarecer la desaparición de una jovencita alegre, hija de una farandulera, golfa y mediocre, actriz de la ciudad de LA.

El resultado de todo es más que decente. Aún así, conviene destacar que la factura técnica tiene distintos achaques, a causa, sobre todo, del paso del tiempo (aunque no es tan antigua). En cuanto a la historia en sí, añadir que posee una bifurcación en su trama: por una parte, se trata de retratar la derrota, el fracaso, la vida errante del protagonista, Harry Moseby; por otro lado, la investigación que éste lleva a cabo. El resultado de ambas dos es desigual, aún estando tocado todo por la varita de la derrota. Si bien la historia íntima y personal es notable, la investigación posee algunas lagunas y algún que otro frenazo (por momentos, se estanca), aunque, eso sí, depara un memorable final (aún a falta de estar todo cogidito con alfileres).

Con todo, si por algo merece la pena ‘Night moves’ es, sin duda, por Gene Hackman. Notable actuación, sin desmerecer, ni mucho menos, a unos jovencísimos pero talentosos secundarios de nombre James Woods y Melanie Griffith (una pareja destinada a estar junta en la gran pantalla). A ello súmenle el correcto guión mencionado, una rutinaria dirección y una mediocre factura técnica. Irregular, aún con aires de nobleza.

6.5/10

‘Band of brothers’. En la línea del frente.

Inmiscuida en los quehaceres diarios de la Compañía Easy, ‘Band of brothers’ viene entendida como el complemento perfecto de aquella joya bélica de título ‘Saving private Ryan’ (1998). En coherencia con el capital que hay detrás de esta producción, el bando retratado es el de los Estados Unidos, entrando en el coco de los pobres degraciados, que llegados de los parajes más remotos de la fértil geografía norteamericana, dieron sus vidas, agonías y sufrimiento por esa cosa llamada libertad.

Sin entrar en la lectura que cada cual quiera hacer de este acontecimiento histórico (que si imperialismo, que si democracia, que si revolución proletaria, que si racismo hecho fascismo), el caso es que una guerra no deja de ser una guerra. Desde Normandía hasta Bastogne, pasando por Holanda para acabar en el carismático feudo del mismísimo Führer. Ése fue el devenir de la Easy, siendo relatado todo con brío,  presentando una factura técnica intachable y ahondando, en muchos momentos de su metraje, en la parte humana de la historia, metiéndose en el azote moral, en los perniciosos efectos psicológicos que produce tal barbarie. Échenle un vistazo al capítulo quinto (“Crossroads”), la esencia de esta magna obra.

El anonimato de los soldados se esfuma. Todos tienen cara y nombre, dándoles forma. Alejados de números y despachos, de plumas, tinta y firmas. Aquí sólo hay hombres sufriendo, padeciendo, en el frente. Necesaria historia de humanidad, con el punto sutil de antibelicismo que debe acompañar a una producción de este tipo.

9/10

‘Die hard with a vengeance’. Simon dice: McLane muere.

La trama argumental es similar a la primera, siendo unos terroristas/mercenarios antiimperialistas los protagonistas del caos. McLane y un nuevo compañero, gran Jackson, serán los encargados de paliar (debido a la ineficacia del FBI) los daños, desconociendo todavía el puntito de rencor personal que lleva consigo (gran guiño) el malo/malísimo.

Divertida y entretenida cinta que supone el cierre de una trilogía de auténtico escándalo con la que el género de acción de los años 90 estadounidenses cogía vuelo en medio de tanta zozobra y mediocridad. En esta ocasión, después de los efectos desplegados por el policía John McLane en Los Angeles y Washington, se inmiscuye la acción ahora en su ciudad favorita: New York.

John McTiernan propone un juego por el paraje urbano neoyorquino, plagado de bombas, explosiones, tensión y cierta chispa en los diálogos (qué bueno el “racista” de Samuel L. Jackson). Por fin, la Jungla se abre, alejándose de espacios reducidos y enclaustrados. El resultado es bueno, subiendo un punto respecto a la segunda entrega, aún sin llegar al nivel del original, pero dejando una acción del todo frenética. Además, Joel Silver ya había puesto toda la carne en el asador (Bruce Willis, Samuel L. Jackson, Jeremy Irons) con tal de que esto no fallara, que no lo hace. Buena (qué digo buena, mítica) cinta de acción.

7.5/10

‘Die hard 2’. McLane siempre será McLane.

Cariño, iré a recogerte al aeropuerto. No te preocupes“. Una frase de tal estilo empleó John McLane, el día de antes a navidad, con su mujer, para poder pasar tan señalado día en compañía de padres e hijos en la capitolina ciudad de Washington. ¿El problema? En fin, terroristas que parecen perseguir al pobre policía neoyorquino.

Historia digna que zambulle su acción en los recovecos de un aeropuerto infestado de gente en plena Navidad (turistas y terroristas incluidos). Tenía una difícil responsabilidad, esta cinta digo, pues superar a la emblemática ‘Die hard’ no era fácil. No lo consigue, ni mucho menos. Anda bastante alejada de aquélla. Repite poción, pero carece de algún ingrediente. Entre otros, le falta chispa en los diálogos (uno de los puntos fuertes de la primera), tiene una dirección algo chabacanera (el pobre Harlin no daba para más) y se hace un tanto pesadita.

Con todo, si no tuviera el precedente que tiene, sería una película notable de acción, ya que posee buenas escenas, un actorazo como protagonista y una factura técnica de primera. Pues eso, aventuras navideñas con McLane, en compañía de fuego cruzado, patadas, hostias, explosiones y terroristas por doquier. Un lujo para los amantes del cine de acción americano de los 90.

6.5/10

‘Midnight in Paris’. Extraordinaria.

Woody Allen, en su cita anual con su público y la cartelera, nos deleita, en esta ocasión, gracias a ‘Midnight in Paris’, una comedia romántica que se sirve de la susodicha ciudad y de una pareja de novios, especialmente de Gil (escritor errante), para transportanos a un mundo cargado de nostalgia, sentimiento y felicidad.

Es una comedia extraordinaria, del todo surrealista (a juego con la historia), que anda a medio camino entre la nostalgia y el optimismo. La idea de viajar hacia el pasado es fabulosa, gozando con las aventuras nocturnas que Gil protagoniza, en sus merodeos por los cafés y bares parisinos, alternando las calles de Montmartre en compañía de pintores, escritores y artistas de los años 20, a ratos hablando con Buñuel, Fitzgerald, Hemingway o Dalí, entre otros.

Diálogos notables, igual que algunas de sus escenas (ojo con el pedante o el padre). Pero, sobre todo, una línea general de calidad, derrochada en la historia, en la dirección, en la bso, en la fotografía o en las interpretaciones (el gran Woody ha hecho que me entre Owen Wilson, tío denostado hasta el momento). El punto surrealista que juega con la historia, con el arte y con los sentimientos, sirve para que nuestro protagonista encuentre su camino, olvidando ya el nostálgico pasado para encaminarse a un esplendoroso futuro (siempre previo paso por un insatisfactorio presente). En fin, una película plena de vitalidad, armonía y satisfacción.

8/10

‘Incendies’. Los horrores de la guerra.

‘Incendies’ es un viaje hacia el corazón de las tinieblas, como diría Joseph Conrad. Un misterio, el de resolver la identidad de un padre y un hermano perdidos en el Líbano, cuyo esclarecimiento se produce a fuego lento, con pasos minuciosos que no esquivan ni el terror, ni la barbarie. Son los horrores de la guerra los que se nos muestran aquí sin ningún tipo de tapujo, incluso recurriendo, diría yo, a la exageración argumental.

Con todo, películas como esta siempre son necesarias. Más aún cuando toman, en tal difícil tesitura, el camino de la reconciliación. Un camino que mira hacia atrás con dolor, pero con perdón, alejándose del odio y la ira que no conduce a ningún otro lugar, como aquí nos ha relatado Denis Villeneuve, que no sea a esas alargadas y profundas tinieblas.

8/10

‘¿Para qué sirve un oso?’. Ecologismo familiar.

Película inocente que busca, en la comicidad de sus personajes (sobre todo en la que irradia el gran Javier Cámara), un punto de enganche con el espectador, para así poder mostrarle una ración doble de ecologismo familiar.

El resultado es un argumento blandito del todo, que hace aguas por los cuatro costados en cuanto a historia coral sentimentalista. Pese a ello, uno se divierte, no cae en el aburrimiento y, ya de paso, asiste a una lección básica sobre grandes citas de la ciencia. Para pasar el rato.

5.5/10

‘Bully’. Fallida.

Larry Clark sigue en ‘Bully’ (2001) con su empecinamiento, sin encontrar ningún tipo de evolución en su cine, en retratar la adolescencia desde distintas dimensiones, aunque siempre compartiendo un mismo rasgo: es un grupo penitente, lleno de dolores, con muchas sombras y tinieblas, con una existencia calamitosa y errante.

A diferencia de ‘Kids’ (1995) y ‘Another day in paradise (1998), la cinta que aquí nos atañe acaba por aburrirme. La preocupación, en este caso, gravita en torno a una relación amistosa entre dos jóvenes, en la que uno de ellos ejerce un comportamiento tirano sobre el otro. Esta flagelante amistad propagará su malestar sobre el entorno de los muchachos, dinamitando todo en un final violento y agónico.

Reconociendo el poso de verdad que pueda existir en su relato, parece, no obstante, que la fórmula aquí falla, ahogándose el cineasta en su propio éxito. Y es que ‘Bully’ posee fuerza, tensión y dolor, pero  los nuevos condimentos que aparecen aquí (violaciones continuas, maltratos por doquier, comportamientos cogidos con alfileres), buscando con ellos, de modo descarado, la provocación y el morbo barato, en lugar de la reflexión y la crítica, además de un mala, desincronizada y fría  narración, hacen que esta película sea demasiado irregular y cansina.

5.5/10

‘Fight club’. La revolución fincheriana.

“La publicidad nos hace desear coches y ropas, tenemos empleos que odiamos para comprar mierda que no necesitamos. Somos los hijos malditos de la historia, desarraigados y sin objetivos. No hemos sufrido una gran guerra, ni una depresión. Nuestra guerra es la guerra espiritual, nuestra gran depresión es nuestra vida. Crecimos con la televisión que nos hizo creer que algún día seriamos millonarios, dioses del cine o estrellas del rock, pero no lo seremos y poco a poco lo entendemos, lo que hace que estemos muy cabreados.” (Tyler Durden)

Al carajo con todo, pensó Fincher. Haré una película revolucionaria, cuyo centro gravitatorio gire en torno a una profunda crítica al modo de vida propio del sistema capitalista, además de azotar disimuladamente al fuerte papel religioso existente en USA. Los empleos autómatas con sus mentiras y números, el imperio de las multinacionales con su marketing y engaño, la casa y el coche con su poder de ordenación, Dios con sus normas. Todo a la hoguera, a las llamas. 

David Fincher, el mejor cineasta de la última generación, se consagraba en el escaparate cinematográfico con ‘El club de la lucha’ (1999). Una cinta original, transgresora y estrambótica, que nos metía de lleno en el pellejo de Jack, un autómata oficinista, sufridor de insomnio y atormentado por una gris existencia de la que sólo logra escapar mediante sus visitas diarias a las charlas de enfermos terminales. Ese es Jack, sin conocer a Tyler Durden. Cuando éste aparezca en su vida, todo cambiará, para bien o mal, pero cambiará. Por fin, se sentirá liberado de su vida de esclavo.

Puede que a alguien le parezca tramposa, pedante y repetitiva. A mí no me lo parece. De tan sencilla que es, puede llevar al equívoco. El discurso es simple, pero radical: ante la obediencia sumisa, la violencia autodestructiva. Cambiar el rumbo de nuestras vidas a base de puñetazos, sangre y explosiones. Ahí, en esa simpleza, radica el principal punto débil de la trama argumentativa, con un guión (de un tal Jim Uhls) esplendido en diálogos pero falto de un puntito más (en cuanto a concatenación de argumentos) que lo vuelva maestro. Con todo, es una obra irregular, pero con atisbos de grandeza,  de genialidad, de maestría. Y es que hablamos de un tal David Fincher.

8/10

Spoiler

“Si estás leyendo esto, el aviso va dirigido a ti. Cada palabra que leas de esta letra pequeña inútil, es un segundo menos de vida para ti. ¿No tienes otras cosas que hacer? ¿Tu vida esta tan vacia que no se te ocurre otra forma de pasar estos momentos? ¿o te impresiona tanto la autoridad que concedes crédito y respeto a todos los que dicen ostentarla? ¿lees todo lo que te dicen que leas? ¿Piensas todo lo que te dicen que pienses? ¿Compras todo lo que te dicen que necesistas? Sal de tu casa, Busca a alguien del sexo opuesto. Basta ya de tantas compras y masturbaciones. Deja tu trabajo. Empieza a luchar. Demuestra que estás vivo. Si no reivindicas tu humanidad te convertirás en una estadística. Estás avisado…”.

“Entonces, ¿qué somos?; ¿Qué sé yo? ¿Consumidores?; Eso es, consumidores, subproductos obsesionados por un estilo de vida. Asesinatos, delitos, pobreza… son cosas que no me incumben. Lo que sí me importa son las revistas de famosos, una televisión con 500 canales, el nombre de alguien en mi ropa interior, crecepelos, viagra, sucedáneos”.

“La autoperfección es simple masturbación, sólo la autodestrucción conlleva evolución”.

“Perseguís a la gente de quien dependéis, preparamos vuestras comidas, recogemos vuestras basuras, conectamos vuestras llamadas, conducimos vuestras ambuláncias, y os protegemos mientras dormís, así que no te metas con nosotros.”

“No sois vuestro trabajo, no sois vuestra cuenta corriente, no sois el coche que tenéis, no sois el contenido de vuestra cartera, no sois vuestros pantalones, sois la mierda cantante y danzante del mundo”.

“En el mundo que imagino se cazarán alces en los bosques húmedos de los cañones que rodearán las ruinas del “Rockefeller Center”. Se llevarán ropas de cuero que durarán toda la vida. Se trepará por lianas tan gruesas como mi muñeca que envolverán la torre “Sears”. Y cuando se mire hacia abajo, se verán pequeñas figuras humanas machacando maíz y secando tiras de carne de venado en el asfalto de alguna gigantesca autopista abandonada.”