‘Goodfellas’. Gángsters.

‘Uno de los nuestros’ supone la obra cúlmen de Martin Scorsese dentro de la temática del costumbrismo gangsteril que tanto le gustaba tratar. Aquí, el cineasta disecciona al completo el mundo que envuelve al crimen organizado, y lo hace comenzando desde la niñez, desde los orígenes en el barrio.

A los cinco minutos de comenzar, uno ya ha entrado en el mundo de Scorsese. Ése en el que se relata la fascinación por el hampa, representada por Henry Hill, un muchacho criado en Brooklyn socializado en un contexto bastante directo: el éxito, amigo, viene dado por el crimen organizado. Él no quería ser un mediocre más, uno de esos que se pasa la vida trabajando y trabajando para malvivir. Su ilusión era ser gángster. Y lo consiguió, pasando de ser el chico de los recados de Poli Cicero, el capo local, a un auténtico soldado, ya adulto, puesto al servicio de la familia.

El inicio de ‘Goodfellas’ es demoledor, brava exposición de cómo en la periferia (cargada de inmigrantes), allá por los 70, el sistema democrático (con una oferta de bienestar de corte liberal) era derrotado por un sistema alternativo, el de la mafia, en el que la protección (previo pago obligatorio) la daba el capo (untando a policías y jueces) y el negocio venía dado por la extorsión y el robo a gran escala, principalmente. Nunca daban duro por peseta (genial la historieta del dueño del restaurante desplumado). Ése era el negocio. Y bien que lo sabían Henry Hill (un correcto Ray Liotta), Jimmy Conway (simplemente, Robert De Niro) y Tommy DeVito (magno Joes Pesci).

Eran los buenos chicos, aquellos que sabían cómo estaba montado el tinglado y qué reglas de juego existían, lucrándose y levantado su personal imperio gangsteril, rodeados de dinero sucio, buenos coches, pulcros trajes, vicios por doquier y chicas fáciles a su servicio. Pero también, casi siempre, de una formal y modosa esposa. Aquí ese papel lo ejerce Karen, una fabulosa Lorraine Bracco. A través de su mirada logramos empatizar con el mundo desconocido pero atractivo que nos presenta el cineasta. Un mundo de lujos fáciles, pero con una turbiedad manifiesta envolviéndolos. Es el auge del gángster. Un auge que puede acompañarse de prisión, riesgo inherente. Pero qué prisión, siendo amos y señores del correccional. Scorsese los escenifica a la perfección, con su peculiar ritmo narrativo, tan sutil como directo, trazando su obra sin olvidar las dinámicas internas y las interacciones que pueden darse al vivir rodeado de maleantes como Jimmy, genial ladrón, o Tommy, un sanguinario enano (le va que ni pintado el papel). Brutales son las andanzas diarias de ambos dos, acompañados siempre por Henry, rallando la perfección, como paradigma de todo, el atraco a Lufthansa ideado por Jimmy.

La caída viene dada por la droga. Un negocio mal visto por los hombres tradicionales. Extorsiona, roba, asesina, pero no trafiques con droga. Es una de las premisas básicas de la familia. Una directriz no respetada por nuestros chicos, quiénes ven en este mundo una vía de hacer dinero fácil a espaldas de la familia (y el consiguiente tributo). A ello se le suma el pago de cuentas del pasado todavía pendientes, señalizadas, casi siempre, por la violencia desmedida con la que actuaba la camarilla, a iniciativa siempre de Tommy. Mucho hándicaps en contra del trío protagonista, logrando Scorsese, en su narración, un desplome veraz y angustioso. Porque caer en el mundo del hampa, no es como caer en cualquier otro lado. Aquí, el tipo que te liquida no discute, ni empuja ni bravucona. Simplemente te sonríe, y antes de que te des cuenta, ya te ha liquidado. Es la paranoia que azota al coco de Henry, siempre exagerada por la sombra alargada y latente de la ley. Gran escena, como ejemplo de esta parte, la escena entre Karen y Jimmy.

Con todo, Martin Scorsese nos brindaba en 1990 un placer desmedido gracia a ‘Uno de los nuestros’. Es una obra impagable, hecha con pasión y esmero, siempre partiendo de la fascinación del cineasta por ese mundo de hombres trajeados, puros caros, violencia a tutiplén, dinero fácil y fuego cruzado. Posee todas las grandes cualidades que caracterizan al costumbrismo gangsteril de Scorsese, combinando el detallismo con la algarabía, y el caos con la armonía.  Como ya hemos dicho, ‘Goodfellas’ supone la madurez narrativa y argumental del cineasta para con este tipo de cine. Obra maestra.

9.5/10

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