The Godfather: Part II (1974)

padrinoDirección: Francis Ford Coppola
Guion:
 Francis Ford Coppola / Mario Puzo (Novela: Mario Puzo)

Producción: Paramount Pictures
Fotografía: Gordon Willis 
Música: Nino Rota / Carmine Coppola 
Montaje: Barry Malkin / Richard Marks / Peter Zinner
Reparto: Al Pacino / Robert De Niro / John Cazale / Diane Keaton / Talia Shire / Robert Duvall / Lee Strasberg / Michael V. Gazzo / Morgana King / Oreste Baldini
Duración: 200 min
País: Estados Unidos

Esta es, bajo mi punto de vista, la mejor película que se haya hecho jamás en esto del cine. Esta y El Padrino (1972), su predecesora. Es la familia Corleone, viviendo la etapa posterior a la II Guerra Mundial y destripada tan elegante como minuciosamente por el maestro Francis Ford Coppola. Apenas habían pasado dos años del estreno de la primera parte, y digamos que ha habido ciertos cambios, pues la Familia está instalada en Reno, lejos de Nueva York, tiene sus intereses ocupados en “legítimos” negocios hoteleros de Las Vegas y, principalmente, se alzan con la hegemonía en el panorama gangsteril del momento. ¿Cómo vive esta situación el Don de la Familia, Michael Corleone?

Ese es el interrogante principal al que responde Coppola en esta fabulosa película. La figura de Michael Corleone, interpretada a las mil maravillas por Al Pacino, queda al descubierto, totalmente desnuda, vulnerable. ¿Cómo consiguió hacerlo su padre, Don Vito? ¿Por qué con él todo encajaba a la perfección? “Los tiempos cambian”, se dice para sí mismo, pero el caso es que el mundo que le rodea parece hundirse. Las hienas le acechan en la oscuridad, las perfidias provienen de sus más allegados y sus ojos no dan crédito a todo lo que le está sucediendo. Connie, Kay, Fredo… su vida, la vida de su familia, se desmorona. ¿Cómo controlar el negocio si ni siquiera puede controlar a su familia? Qué poco le es necesario a Coppola (los personajes de Hyman Roth, Pentangeli y el Senador) para abrir esta tormenta de sentimientos que, en esencia, representa El Padrino II.

La fría expresión de Michael Corleone se mantiene, también sus calculadas maneras. Es un estratega inteligente y astuto, pero solitario. Ya no le queda nadie, ya no confía en nadie. Tom Hagen, su escudero más leal, es quizás el último recodo donde apoyarse. El poder le ha vencido, una destrucción íntima ha arrasado con su persona. Es la angustia del Don. Cuánto echa de menos a su padre. Tanto como Coppola, quien brinda un monumental tributo a la figura de Don Vito, desde su niñez en la cálida Sicilia hasta su despertar en Little Italy. El recorrido por la genealogía de la familia Corleone queda de este modo perfectamente plasmado: el retrato de la Familia está preparado para su exhibición.

Obra maestra, sin más. Es el mejor Coppola que uno pueda recordar. Son 200 minutos de cine auténtico. Más de tres horas que pasan volando, casi sin darte cuenta. Han pasado dos años, pero todo sigue igual. Así, la fotografía de Gordon Willis es magistral (fabulosa la escena de la Estatua de la Libertad), tanto como la melodía imposible de olvidar de Nino Rota. Todo al abrigo que ofrece el guion de Mario Puzo, pura emoción. Y sí, aquí ya no está -al menos, de cuerpo presente- Marlon Brando, pero aparece Robert De Niro para brindar la que probablemente sea la mejor interpretación de su extensa y talentosa carrera. No es el único que brilla, por supuesto. Al Pacino consigue transmitir esa insensata sensación de fría cercanía; está colosal. Igual que la sufrida Talia Shire, el desvalido John Cazale y, gusto personal, los inolvidables personajes a quienes interpretan tan tan bien Diane Keaton y Robert Duvall. Perfecta, así es El Padrino II; sentimiento convertido en cine y una escena, la del lago, que nunca podré olvidar. 

vitojong

‘Jack Reacher’. Tom Cruise, sin más.

jack-reacher-poster-internationalNo nos engañemos: el tal Jack Reacher no es nada del otro mundo. Lo cierto es que no es más que una película del montón, la verdad. Me importa poco que ya esté firmada la trilogía. O los dólares que recaudo el pasado otoño. Aquí no medimos por cantidad, sino por calidad. Fatal desgracia para la cinta de Christopher McQuarrie, pues ésta no es que sea un derroche de virtuosismo (salvo en el apartado técnico).

El caso es que Tom Cruise ejerce ahora de productor. Él, tan modesto, se fabrica sus propios vehículos de lucimiento personal. Un poco de músculo aquí, una sonrisa encantadora allá. Lo de siempre en la versión más comercial de este correcto actor. Total, una intriga ramplona que no aburre pero tampoco entusiasma.

5/10 

‘The 6th day’. Schwarzenegger al cuadrado.

¿Usted ordenó que me clonasen? Sí. Pues ha clonado al hombre equivocado“.

Acertada cinta en la que Roger Spottiswoode, antiguo director Bond, conseguía manejar a la perfección el ritmo del film, compaginando así la acción que acompaña a toda historia del polifacético Arnold Schwarzenegger con el distópico futuro derivado de los avances científicos.

El susodicho actor brinda aquí un espectáculo que rememora a sus mejores recitales, propios de los años ochenta. El espíritu familiar del personaje, de nombre Adam Gibson, queda distorsionado por obra y gracia de un par de científicos sabelotodo. “¡Vaya fastidio! ¡Tengo un clón que se acuesta con mi mujer en mi propia furgoneta!“. Como es lógico, Schwarzenegger estaba interesado en depurar responsabilidades ante tan doloroso suceso. Eso sí, no sean mal pensados. Antes de sacar su vena conservadora, vertebrada en torno al arte de romper cuellos y soltar mamporros a diestro y siniestro, el bueno de Arnold acudía, en esta ocasión, a las dependencias policiales con tal de presentar denuncia. Por desgracia para los malos, la ley hizo caso omiso a las plegarias del bravucón austríaco.

La notable factura técnica y el plantel de lujo con que cuenta ‘El sexto día’ quedan puestos al servicio de una conservadora historia con toques futuristas en la que, además, podemos degustar una ración doble del mítico actor. Sin duda, agradará a todos sus feligreses.

7/10

‘Four christmases’. El lobby católico en Hollywood les desea una feliz navidad.

Seth Gordon se nos ponía navideño con ‘Four christmases’, una divertida cinta que focalizaba sus miras en una pareja de tortolitos: Reese Witherspoon y Vince Vaughn.

A los dos les sonreía la vida, esto es,  tenían un buen trabajo, un buen apartamento, un buen coche… y hasta unas buenas vacaciones navideñas en las Islas Fidji! Pero, ¿saben qué no tienen? Familia, un hogar cálido. Todo cambiará, sin embargo, cuando una espesa niebla les impida coger el vuelo que pondría sus traseros en las aguas cristalinas y turquesas del Pacífico. Es hora de pasar la nochebuena con la familia, digo con las cuatro familias (vienen de padres divorciados).

Es el momento de las anécdotas, los álbumes de fotos desmitificadoras y las pullas fraternales. Un recorrido ameno, divertido y gamberro por los hogares familiares de nuestros protagonistas será el medio ideal para entreternos la velada. ¿El fin de todo ello? Clavarnos, valiéndose de la calidez navideña, una acertada, enternecedora y reconfortante apología de la familia. Típica.

6/10

‘La noche es nuestra’. Familia, mafia y James Gray.

La historia principal es el dilema que se cierne sobre un naúfrago del barrio, un magistral Joaquin Phoenix, metido de lleno en el mundo de la noche, toqueteando hilos con la mafia rusa. Pronto, su hermano y padre, también unos geniales Mark Wahlberg y Robert Duvall, le informarán de una operación de narcóticos en el local regentado por, el considerado hasta la fecha, oveja negra de la familia. Un chaval que sin explicitarlo en la pantalla, a uno le da la impresión de que pareció huir de su cotidianiedad familiar, de ese padre que le recuerda qué es lo que debe ser en la vida, y de un hermano que jamás tuvo inciativa, que siempre lo envidiará.  

‘La noche es nuestra’ es ya un clásico contemporáneo. Una de esas joyas que reluce una ambientación brutal, tanto del mundo nocturno como del policial (la comparativa en las primeras escenas es genial, con un local cargado de vicios y una familia rusa cálida como ninguna, y en el otro bando, un padre y hermano sermoneando al reo familiar en la inmensidad de una iglesia). James Gray vuelve a su terreno favorito, al conflicto familiar. A sus diatribas y luchas, a sus reflexiones, a sus retratos hirientes sobre individuos como Tim Roth o Joaquin Phoenix, ahogados por sus respectivas familias y, en cierto modo, por el contexto del barrio, siempre cargado de juegos peligrosos, de toqueteos con la mafia rusa. Hay bastantes reminiscencias con su ópera prima, ‘Little Odessa’, pues estamos, de nuevo, en el distrito de Brighton, en Brooklyn, contemplando un fresco tan tétrico, áspero y crudo, como absorvente para el espectador. También lo complementa con el conflicto sentimental con Eva Mendes. Es decir, James Gray vuelve a realizar un retrato sensacional sobre uno de esos anónimos del barrio que da mucho juego, marca de la casa. Película magistral. 

‘El padrino’. Le haré una oferta que no podrá rechazar.

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En el Nueva York de los años 40, el negocio del hampa sigue su curso. La familia Corleone, comandada por su Don, Vito, controla a los políticos y los jueces. Bien lo sabe Sollozzo, ‘El Turco’, un narcotraficante con ganas de insuflar aire en el mercado de la droga, pidiéndole a Don Vito su alianza en tal negocio.

El rechazo de Don Vito, un hombre demasiado clásico para meterse en ese mundo, desembocará en un enfrentamiento directo entre Sollozzo y la familia que lo secunda, los Tattaglia, y los Corleone. ¿El plan? Eliminar a Don Vito para que su hijo, Santino y su Consigliere Tom Hagen, más dados al negocio de la droga, acepten el trato. Craso error, tras el ataque al Don, su hijo Santino, el más impulsivo de todos, tomará el mando de la familia y lanzará todo su poder contra los Tattaglia y ‘El Turco’, materializando el plan en la figura de Michael.

La cena entre Szozsa y Michael Corleone, ese inocente muchacho héroe de guerra, abrirá un antes y un después en el transcurrir del film. Nos trasladaremos a los orígenes sicilianos con el destierro de Michael, y a lo cruel de la guerra con Santino en Nueva York. Se entrará en una espiral de violencia en la que los Corleone se sentirán solos, enfrentándose a todas las familias y con un instigador oculto, Barzini y su familia, quiénes tratan de arrebatar ese poder político y judicial a los Corleone.

La vuelta de Michael tras la muerte de Santino servirá para solucionar las viejas rencillas. Don Vito, ejercerá de Consigliere, le informará a Michael de lo que se le viene encima. Y Michael trazará y planificará. Todo diseñado. Punto por punto. Sin ningún cabo suelto. Con sus miras en Las Vegas, lejos de Nueva York, pero poniendo los puntos sobre las íes antes de marchar.

No hace falta decir que es el mejor final de la historia del cine. También es la mejor película de la historia del cine. Por ello, quizás resulta vacuo tratar de hablar sobre ella. Sobre una Diosa del Olimpo, sobre algo no terrenal. Imposible hablar sobre su perfección. No he nombrado a Connie ni su desgarrador lloro, ni de su marido, Carlo. Tampoco del débil de Freddo. Poco del siempre correcto Tom. Nada de la Mamma, ni de Johnny Fontana. Tampoco de Clemenza y Tessio. Ni de Kay, esa mujer que ve nacer el monstruo con lentitud. Simplemente, es imposible, hay que verla y dejarse llevar. Coppola nos ha retratado el mundo de la mafia tal como es. Se ha metido de lleno, no dejando ni un sólo punto a la imaginación. Calco tremendo de lo que es una familia de la cosa nostra.

Dicen que ‘El Padrino’ es puro sentimiento. Y es verdad. Es el mejor estudio sociológico que se ha hecho sobre una familia, sobre el amor, la fraternidad, el cariño, el honor, la nobleza, la sed de venganza, la serenidad, la supervivencia, la calma, la tormenta, la ira, el engaño y que se yo que cosas más.  Todo ello visualizado desde la perfección narrativa, desde la mano de Coppola en la dirección pasando por lo sublime del guión de Mario Puzo o lo excelso de la fotografía. Qué decir de la música de Nino Rota. En fin, vean ‘El Padrino’. Imposible arrepentirse.