‘Dragonfly’. No arranca ni a tiros.

Kevin Costner se ponía el disfraz de un viudo depresivo tras la muerte de su esposa. Obsesionado con ella, carcomido por la incerteza de que el cuerpo nunca apareció, comienzan a atormentarle misteriosas señales, chiquillos que vienen del más allá y algún susto que otro (de esos que ves venir a la legua), dando la nota extraordinaria a una sosa intriga que no arranca ni a tiros, ocupando gran parte de su metraje en relatar la depresión “del quince” del protagonista, sus rondas estajanovistas y su lucha contra el mundo (muy típico).

A uno no le carcome todo ese misterio, cayendo la historia en una monotonía implacable en la que el drama se come a la intriga, conduciendo todo a un final decepcionante, cargado de sirope. Como punto fuerte, también tenemos una marciana visión sobre indígenas de la selva con metralletas y jeeps. En fin, intriga aburridilla alternada con algo de fantasía que no va más allá, dentro del cine comercial (el puro y duro), de las mediocres. Mala.

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