Tokyo kazoku (2013)

tokyo-family-film-posterDirección: Yôji Yamada
Guion:
 Yôji Yamada / Emiko Hiramatsu (Remake: Yasujiro Ozu)

Producción: Shochiku Company
Fotografía: Masashi Chikamori
Montaje: Iwao Ishii
Música: Joe Hisaishi 
Reparto: Isao Hashizume / Kazuko Yoshiyuki / Tomoko Nakajima / Yu Aoi / Yui Natsukawa / Masahiko Nishimura 
Duración: 146 min
País: Japón

Cuando Yôji Yamada, una auténtica institución en Japón, decidía reelaborar el clásico de 1953 de Yasujiro Ozu, Tokyo monogatari, imagino que más de uno se pondría muy contento. Aunaban fuerzas así dos grandes maestros del cine japonés, y lo hacían para desplegar una historia tan sencilla como emotiva: Una familia de Tokio. Como el título de la misma bien indica, el centro de atención recaía en una familia cualquiera, pero haciendo énfasis en la anciana pareja de padres que decide, un buen día, realizar una visita a sus hijos.

La película refleja sutilmente lo que es la vida, sin más. Dos ancianos, de viaje, visitando a sus tres hijos. En este sentido, el guion de Emiko Hiramatsu y Yôji Yamada está muy bien pulido, puesto que la personalidad y el carácter de los hijos (incluyendo aquí a sus parejas) están definidas a la perfección. Notable me parece, gusto personal, la figura del hijo menor, con una relación muy especial con su padre. La música de Joe Hisaishi vuelve a ser espléndida, ayudando a conseguir esa sensación de espontánea emoción que nos asalta de pronto, casi sin darnos cuenta.

El paso del tiempo, la nostalgia y el afecto. Tres notas que juntas conforman el interrogante principal del film: ¿hemos tenido una vida plena? La nostalgia al abrir este interrogante no puede fallar, más cuando uno echa la vista atrás y se da cuenta de sus aciertos, de sus errores y de los infinitos “y si…”. Todo se acompaña por el paso del tiempo, por esa sensación extraña de saber que la vida se marcha, chocando la satisfacción de lo logrado con la decepción de lo perdido. Y, por último, el afecto, tan difícil a veces de expresar (genial la escena final del anciano padre con su nuera más joven).

Al final del viaje nos damos cuenta de que Yamada nos ha abrigado con la sutil emotividad que pretendía transmitir. Es la vida, con todo lo que ella conlleva, mostrada como si nada, en cuatro pinceladas, de una forma tan entrañable como tranquila.

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