‘Reversal of fortune’. Entre la compasión y la perversión: recital de Jeremy Irons.

El misterio que envuelve al trágico final de Sunny Von Bülow, con la sospecha rotunda sobre su marido, Claus, es destripado con tino y acierto por Barbet Schroeder en esta cinta, ‘Reversal of fortune’, ideada en torno al guión del oficioso Nicholas Kazan (hijo de Elia). Todo ello nos conduce a una intriga judicial notable que uno ve con gusto y atención, aunque tampoco sin grandes alardes ni entusiasmos más allá de disfrutar de lo lindo con el recital dado por un excelente reparto.

El trasfondo de la historia, una auténtica escabechina sobre los trapos sucios del matrimonio aristocrático de los Von Bülow, es requisito necesario para entender la disección que el acertado Ron Silver llevará a cabo sobre la figura de Claus. Así pues, el film alza el vuelo cuando entra en el terreno de la pura intriga, derribando y atravesando las murallas que protegen al enigmático suceso, enfatizando las vergüenzas y despojos morales de nuestros protagonistas. La dimensión judicial, en cambio, no es llevada al límite. Por desgracia, no tiene garra ni nervio, siendo la vertiente más rutinaria de la película.

El sobresaliente se lo lleva Jeremy Irons gracias a una interpretación tan inquietante como la aquí brindada, logrando desenvolverse a las mil maravillas en un papel que permuta constantemente la benevolencia con la pura maldad, la compasión con la perversión. ¿Lo hizo o no? ¿Buscó cambiar su vida a través de tan macabro medio? Tendrán que ver la cinta para saberlo, aunque sin perderle la pista, eso sí, al osado Claus Von Bülow.

7.5/10

‘The hand that rocks the cradle’. Muy de sobremesa.

Todavía sigo sin explicarme, después de haberme tragado ‘La mano que mece la cuna (1992), como Curtis Hanson, un tipo de notable reputación cinematográfica, aceptó el encargo de dirigir un bodrio tal como el que aquí comentamos.

No hay nada salvable en esta cinta, a excepción del felino sex-appeal de Rebecca de Mornay. Quiero decir, me sorprende que un guión tan rutinario, tan de sobremesa, tan previsible, tan hueco, fuese acogido con agrado por parte del gran público y, más aún, lograra poner en nómina, como ya he dicho, a gente con cierto caché (y prestigio) dentro del mundillo hollywoodense.

La idea central del film es del todo acaparadora, pues acaba hastiándonos la supuesta astucia maquiavélica de la angelical niñera. Todo acaba siendo muy redundante, puesto que de los ciento diez minutos de duración, cien son destinados a exhibir las jugarretas, previsibles con un siglo de antelación, de la Mornay, guardando los otros diez para el lucimiento, en la degeneración máxima del happy-end, de un retardado en el papel, postizo y forzado, de héroe. Floja cinta que nos hunder el paladar con el rancio sabor del telefilm. 

4/10