‘Dieciséis velas’. Cosas de la edad.

Dieciséis primaveras tiene Samantha. Una edad mala (según desde donde se mire), pues se la conoce como la “edad del pavo”. Un período de tiempo en el que hasta a la mayor imbecilidad se le da la misma transcendencia que a un gran acontecimiento. Son momentos desconcertantes de tu vida, momentos en los que te sientes amargado, desolado. Parece que tus padres no te quieren. Los abuelos parecen un marrón. Y hasta al chico del insti que te gusta, ni siquiera sabe que existes!

John Hughes, maestro de maestros dentro del mundo juvenil, se iniciaba con esta peli en el mundo del cine allá por 1984, una década en la que su nombre brillo esplenderosamente. En esta ocasión, el cineasta retrata, como ya hemos dicho, ese momento delicado de la vida de todo adolescente, en el que temas como el amor, el cariño (familiar), los chicos o las chicas, la popularidad en el insti o las fiestas alcanzan una gran relevancia en el interior de uno mismo. Combinado todo con el toque familiar justo. Película ligera, que se ve con gusto. Entrañable por ser la primera de Hugues, además de por contar con clásicos juveniles de los 80 como Molly Ringwald, Anthony Michael Hall o unos primerísimos hermanos Cusack.

‘La mujer explosiva’. El sueño de todo chaval.

Gary y Wyatt son el paradigma del fracaso y el atontamiento en temas de amor, colocados en lo más bajo de la impopularidad del insti, no ven el momento de conocer a alguna chica, pero sin el atrevimiento siquiera de ir a una fiesta donde toparse con alguna. En su ansiedad sexual, su actitud obstinada les llevará a crear una mujer computerizada, Lisa, con la que intentar dar el paso hacia adelante.

‘La mujer explosiva’ es un clásico de la comedia juvenil ochentera, un clásico de mi niñez. De esas que estaban en su caja VHS llena de polvo esperando su turno. Una vez más, el rey de la comedia juvenil, John Hughes, nos deleitaba con las aventuras de estos adolescentes con muchas dudas sexuales por resolver en la figura de la mujer explosiva, una Kelly LeBrock (¿qué habrá sido de ella?) despampanante, sumisa y con unas curvas dignas de admiración, que ayudará a estos vergonzosos jovenzuelos a dejar la timidez a un lado para adentrarse por los senderos de esa ciencia extraña (weird science) llamada amor. En definitiva, otra joya más, marca de la casa (qué grande eras, Hughes!), que deja un muy buen sabor de boca gracias a su frescura y a la chispeante historia de estos dos mamoncetes que fueron la envidia de todo chaval de aquel entonces.

‘Ferris Bueller’s day off’. Aprendiendo a vivir al volante de un Ferrari.

Ferris Bueller se las sabe todas. Es un maestro en el arte de hacer novillos, y de camelar a sus papás para hacerlo, además, de manera oficial (nada de votar la valla) . Ahora, ha decidido saltarse por novena vez las clases, jugándose el graduado, pero buscando otro tipo de sensaciones, de aventuras. Y lo hará de la mano de su novia y de su mejor amigo, Cameron. Estos tres adolescentes pasarán el día disfrutando por las calles de Chicago, visitando museos, edificios emblemáticos, comiendo en restaurantes lujosos, bailando en los pasacalles. Todo ello, en lugar de acudir, religiosamente, a la escuela.

John Hughes volvía con ‘Todo en un día’ a un terreno en el que se mueve como pez en el agua: el mundo de los adolescentes, retratando las inquietudes de esas edades, las presiones paternas (sobre todo, en la figura de Cameron a través del Ferrari), las insatisfacciones y la amargura (grande el papel de la hermana), pequeños problemas, todos ellos, a los que enfrentarse, cómo no, de una manera rebelde, gracias a las andanzas del gamberrete de Ferris. No olviden el sarcasmo en el guión (qué buenos son los papis de Ferris!), ni la fotografía de Fujimoto. En definitiva, una película fresca, alocada y divertida que se enmarca dentro de las “revoluciones” juveniles que nos deparó el bueno de Hughes.

‘El club de los cinco’. La culpa fue de nuestros padres.

Cinco chavales indisciplinados deben acudir un sábado, como castigo, al Instituto de su ciudad. Allí les aguarda Richard Vernon, intuyo que el director del insti. ¿La tarea? Escribir un ensayo de unas mil palabras en el que cada uno explique como se ve a sí mismo, cuales son sus expectativas para el futuro. Pronto descubriremos, que no sera fácil escribir tan complicada tarea.

‘El club de los cinco’ es una película en la que John Hughes, un clásico del cine adolescente de los 80, realiza una denuncia social sobre la educación dada a los jóvenes de por aquel entonces (vaya putada crecer con Reagan en el poder). Es un film que se posiciona del lado de los chavales, en el que todos ellos acabarán dándose cuenta de quienes son en apariencia, a ojos de los mayores. Un cerebro (Anthony Michael Hall), un atleta (Emilio Estevez), una irresponsable (Ally Sheedy), una princesa (Molly Ringwald) y un criminal (Judd Nelson). Son las etiquetas que cargan como una losa a sus espaldas, que los llenan de presiones y miedos, que les marcan desde muy niños. Todos, después de ocho horas de encierro (y diálogo), acaban viéndose, sin embargo, en el mismo lado, pese a que en un inicio parecían estar (que lo están) en las antípodas de la sociedad, los unos de los otros.

Spoiler

Memorable es la charla final entre todos los chavales, donde surge el diálogo más poderoso de todos, el relativo al paso del tiempo. Lo que conlleva crecer, ser adulto (con la imagen de sus padres como referente). Las barreras sociales entre unos y otros (que son muchas) las echará abajo Hughes (irónico que el chaval rebelde de clase obrera se ligue a la repipi burguesa, o que el deportista guaperas se lie con la rara del insti), impregnando su historia, quizás, con un final un tanto utópico (a la par que rebelde). En su esencia, estira el chicle del espíritu del 68. Lo gracioso del tema es que la generación aquí retratada, con sus problemas, inquietudes y demás, son los hijos de los niños de papá que montaron la moviola en el susodicho año. Estaría bien mirar por un agujerito a los chavales que se identificaban, en su día, con estos protagonistas, ahora 25 años después. ¿Habrán seguido la pauta marcada por la sociedad? A cada cual con su respuesta, pero el mensaje subyacente en esta historia, en apariencia simple, de adolescentes, sigue muy vivo en la actualidad.