Qué decir sobre… «True detective» (2014)

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Dirección: Nic Pizzolatto (Creador), Cary Joji Fukunaga
Guion: Nic Pizzolatto
Fotografía: Adam Arkapaw
Música: T Bone Burnett
Montaje: Alex Hall, Affonso Gonçalves, Meg Reticker
Dirección artística: Tim Beach 
Reparto: Woody Harrelson, Matthew McConaughey, Michelle Monaghan, Michael Potts

Cuando termina True detective, te queda un punto de mala sangre en el cuerpo. No sé si he asitido o no ante la obra maestra que todos anuncian. Y la verdad, poco me importa. No hace falta ser un lince para percibir que estamos ante un producto elaborado con mucha clase y oficio. Hay una buena porción de talento detrás de este trabajo, como en casi todo lo que hace HBO. Por tanto, aplaudir nuevamente el encomiable trabajo realizado desde esta cadena neoyorquina, focalizado ahora en torno a una intriga que se mueve al compás de escabrosos asesinatos y sudorosas investigaciones policiales.   

En los títulos de crédito aparecen Matthew McConaughey y Woody Harrelson no solo como actores protagonistas, sino también como productores ejecutivos de la serie. Todo concuerda cuando uno va presenciando los ocho episodios de esta primera temporada. Ambos han perfilado sus personajes para lucirse, para comerse la pantalla cada vez que salen en ella. El bueno de Woody Harrelson nunca ha sido nada del otro mundo, y tampoco lo es en esta ocasión. Cumple a través del personaje de Hart, pero podría decirse que su presencia es absorbida por el verdadero coloso (y clave de bóveda) de esta trama: Rust Cohle. A este último le da vida Matthew McConaughey de un modo maravilloso. Interioriza los rasgos de su personaje y expone una actuación soberbia. No hay ni un pero ni un reproche. Muta físicamente, pero el halo perturbador que acompaña a Rust se mantiene constante. Es un despliegue abrumador, otro más.  

TrueDetective

Nic Pizzolatto es la revelación de la temporada. Un nuevo nombre a considerar, pues emerge como la gran sorpresa de True detective. Él es el creador, el responsable de este producto. Nacido en Nueva Orleans, ya había trabajado en la escritura de varios episodios de otra magnífica serie: The killing (2011). Aquí, sin embargo, es él quien porta la batuta. Lo hace bien acompañado, apoyándose en el oficio y talento de Cary Joji Fukunaga. Entre ambos y a través del dueto protagonista, nos adentraremos en los pantanosos paisajes que pueblan esta narración. Esto es Louisiana, tierra de vudú y desatada creencia. Un macabro asesinato nos pondrá sobre la pista. El aire conservador, las exacerbadas prácticas religiosas, el angosto día a día y las miserias policiales serán los colores empleados para pintar este cuadro. La competición entre los dos protagonistas (en este sentido, fundamental Michelle Monaghan), quienes se complementan a la perfección, pondrá el resto. 

El alucinógeno personaje de Rust, mezcla este de rectitud cristiana y fundamentalismo panteísta, nos cautivará cada vez que salga en pantalla. Es la gran baza de la serie, y la explotan. La intriga, motor de combustión de este relato, no me dice nada especial. En todo caso, True detective tiene nervio, pujanza. Es capaz de generar una sensación de asfixia a través de la pantanosa y agobiante puesta en escena. Te lamentas así por las ficticias víctimas del salvajismo más irracional, nace en ti un asco terrible cuando ves a los verdugos y, sobre todo, quedas aturdido por la turbiedad que esencializa a esta obra. 

Votación | 4/5 

‘Transsiberian’. Largo y claustrofóbico viaje.

Una pareja de estadounidenses, Woody Harrelson y Emily Mortimer, después de haber ejercido labores de voluntariado en el Lejano Oriente, deciden volver a Moscú a través de la vía dada por el Transiberiano. Pronto, en un recorrido tan largo y extraño, entablarán amistad con una pareja de jóvenes occidentales un tanto peculiar.

Enclaustrada en los vagones del ferrocarril, únicamente oxigenando pulmones en los gélidos parajes que lo rodean, la cámara de Brad Anderson consigue plasmar un thriller metódico, detallista y talentoso. Sin embargo, la calidad queda complementada por una historia con serias limitaciones, avanzando ésta entre la previsibilidad y rutinariedad. El mito del “nunca hables con extraños” coge fuerza y pulso en la figura de Eduardo Noriega, desencadenando así una narración tortuosa, penitente y aflictiva que únicamente peca de no haber sabido explotar espacios más ingeniosos, decreciendo su poder de persuasión conforme avanzan los minutos.

En definitiva, ‘Transsiberian’ consigue crear una ambientación claustrofóbica y angosta. La sensación del incomodo se impregna en cada plano, pero termina siendo un fin en lugar de un medio. La resolución de la película pincha la calidad del conjunto, y nuestros ojos, al comienzo heridos, terminan por irritarse con lo finalmente presenciado. En cualquier caso, digna.

6.5/10 

‘Wag the dog’. Burlesco retrato de la política estadounidense.

El Presidente de los Estados Unidos tiene muy cerca su reelección. Juega con ventaja respecto a su rival político, y quedan apenas dos semanas para las elecciones. Así, tranquilo, ha viajado a China por asuntos de Estado. Sin embargo, en tan plácido momento, salta la liebre: el Presidente va a ser acusado de acosar sexualmente a una becaria.

¡Oh vaya! ¿Cómo reaccionar a esto? ¿Le costará las elecciones? Tranquilos, está al mando Conrad Brean, asesor político. Maquiavélico y cínico. Así es el negocio, le pagan por desviar la atención. Es el mejor elaborando “cortinas de humo”. Y ha puesto a nómina, en esta ocasión, a Stanley Motss, productor de cine, para que le “invente” a la nación una nueva guerra con Albania. Ya saben, al hilo de aquello que rezaba así: “¿Por qué mueve el perro la cola? Porque el perro es más inteligente que la cola; si la cola fuese más inteligente ella movería al perro”.

Una historia elaborada por David Mamet siempre es un incentivo para darle al play. El tema da mucho juego y, bajo mi punto de vista, está poco explotado. A ello súmenle un plantel de actores integrado por Robert De Niro, Dustin Hoffman, Anne Heche, Woody Harrelson o William H. Macy. Además, el oficio de Barry Levinson resuelve con creces la papeleta. Por tanto, sí, estamos frente a una notable película. 

En fin, sarcasmo y cinismo a raudales. Mordaz sátira que, gracias a la vertical, ingeniosa y alocada montaña rusa diseñada, sumerge al espectador en una auténtica lección didáctica acerca de la política estadounidense. Un lujo para levantar el espíritu crítico del ciudadano.

7.5/10 

‘Money train’. Un tren del dinero, dos hermanos y… Jennifer.

Dos caras conocidas, como eran las de Woody Harrelson y Wesley Snipes, suponían el principal reclamo allá por el lejano año 95 para acudir al cine y engullir las palomitas a un ritmo frenético y trepidante marcado por un tren del dinero que nos dejaba como principal legado el descubrimiento de la explosiva Jennifer López. 

Si catalogamos esta cinta como género de acción, tendremos un resultado un tanto insípido y mediocre. A excepción de los últimos veinte minutos, la película gravita más en torno a la interacción dada entre los dos protagonistas. Éstos son unos hermanos un tanto peculiares, y distintos. Ambos son policías. Uno es negro y el otro blanco (cosas de la adopción). Uno es un patán que siempre está metiéndose en líos, y el otro es quién le salva el pellejo. No obstante, tienen algo en común: ambos han quedado prendados por las curvas de la López. ¿Quién se hará con el corazoncito de la latina?

Resultona cinta que toca distintos palos pero que no termina de explayarse en ninguno de ellos. No es un drama fraternal puro, tampoco una cinta de acción plena. Tiene toques cómicos, y le gustan los líos de faldas. En definitiva, un cocktail cargado de entretenimiento que sirve para llenar nuestros ratos libres cada tres quinquenios.

5.5/10   

‘No country for old men’. Así (de violenta) es la vida.

‘No country for old men’ gravita su historia en torno a la desorientada mente del Sheriff Ed Tom Bell (Tommy Lee Jones). Un tipo anclado en el pasado, al que le gusta evocar con nostalgia los viejos tiempos. Tiempos en los que ni siquiera el representante de la justicia y la ley necesitaba llevar arma para ejercer su trabajo. Ahora, todo ha cambiado. Lo sabe cuando lee las crónicas de sucesos de los periódicos. Violencia y más violencia. Sin atisbo de racionalidad en élla. Pero todavía se hunde más en su profunda melancolía cuando se pone el traje de servicio, y presencia casos como el de Llewelyn Moss, un tipo que por avatares del destino acabó en el lugar más inadecuado, haciendo lo más inoportuno: robar dos millones de dólares en mitad de una auténtica carnicería humana. ¿Quién hay detrás de este ensangrentado dinero? Banqueros, gente bien, narcotraficantes. Quién sabe. El caso es que han puesto precio a su cabeza, con tal de recuperar el botín perdido. Y el encargado de liquidarlo es Anton Chigurh, un psicópata encauzado a sicario.

Todo ello da firmeza a un thriller poderoso en el que tanto el narcotráfico, los sicarios y la ley, interactúan y mueven sus piezas conforme a las andanzas y desventuras del pobre Josh Brolin. La factura técnica presentada es intachable, destacando la excelsa labor de Roger Deakins en la fotografía. El guión no tiene fisuras, siendo narrado de modo magistral por parte de los hermanos, quiénes exponen la barbarie de un modo tan armonioso como hiriente, tan plácido como sanguinario.

El país retratado por los hermanos Coen no está hecho para los viejos. Pero tampoco es de la medida de los jóvenes. Es un mundo desolador, cruel y violento, sacado de los pensamientos oscuros de Cormac McCarthy, y plasmado en los inhóspitos parajes que proporciona el desierto de Texas. La violencia se apodera de la pantalla en todo momento (paradigmático el papel de Javier Bardem), deparándonos un paisaje desgarrador, claustrofóbico y asfixiante en el que no hay ninguna pausa para coger aire, ni para los protagonistas ni para el espectador, pues la agonía es crónica. En fin, cinta densa, angosta y perturbadora, que difícilmente dejará indiferente a nadie una vez haya presenciado el aterrador recital de los Coen.

8/10