‘The legend of Bagger Vance’. El swing de la vida.

3864_posterEn el año 2000 la Fox y Dreamworks apostaban por un proyecto que pasaba inadvertido para mí hasta hace nada. Es ‘La leyenda de Bagger Vance’, manufacturada por ese genio que se prodiga tan poco detrás de las cámaras, el mítico Robert Redford. 

La historia que esconde esta narración es muy bonita de escuchar. Esto va sobre el golf, el drop y la vida. Una historia que guarda en sus adentros más de un preciado secreto, destacando un Matt Damon sobresaliente a la hora de poner sobre el tapete toda esa reflexión vitalista simbolizada por el espíritu de Will Smith. 

Superación, esfuerzo y constancia. Redford emplea el golf, la Gran Depresión y las cicatrices de una guerra para reflexionar, con tino y sutileza, sobre la vida. ¿Qué sucede cuando uno pierde el equilibrio? Los personajes que componen esta narración se esmeran por respondernos a esta cuestión. Ritmo clásico para una película gustosa de ver. Cómo renacer de las miserias y cenizas. Cómo recuperar el swing perdido. Basta con recordar, nos cuenta esta notable película.   

7.5/10 

‘Men in black’. La Galaxia está en el cinturón de Orion.

Refrescante cinta que llegaba a nuestra cartelera allá por el verano de 1997, rompiendo registros y cifras estivales de un modo asombroso. El público cayó rendido a sus pies, disfrutando así de una aventura galáctica que no necesitó de una ambientación cósmica ni nada por el estilo. Bastaba para engalanar la trama de esta cinta con las aceras de Nueva York, con un mamotrético edificio que encubría las entrañas de esta peculiar agencia y con el Flushing Meadows Park como lanzadera espacial. 

El prólogo es de lo mejor del film. El reputado director, Barry Sonnenfeld, nos sitúa en órbita desde el primer momento, sin perder un segundo. Entendemos pronto de qué va esto al ver a Tommy Lee Jones con su impoluto traje, sus gafas de sol y el mítico desmemorizador apresado en su mano. Impresiona, a su vez, ver a un Will Smith del todo pasmado en la azotea del Guggenheim de Nueva York viendo cómo termina su marciana persecución. Ya estamos conectados al mundo ingeniado por Lowel Cunningham.

No esperen encontrar aquí un tratado filosófico acerca de nuestra posición en este mundo y nuestra relación con el exterior. No hay nada de eso en MIB. Sin embargo, sí encontrarán una historia sencilla, fresca y divertida que conseguirá amenizar la velada de un modo altamente satisfactorio. Déjense llevar por el carisma del dúo protagonista y por la comicidad que impregna al personaje de Will Smith para salvar al planeta frente a los peligros que nos azotan. Únanse a esta aventura espacial neoyorquina y recuerden: “La Galaxia está en el cinturón de Orion”. Mítica.

8.5/10     

‘The pursuit of happyness’. Con trampa y cartón.

Will Smith vive en la mierda. Esto es, tiene un curro deplorable (vender unos aparatos “invendibles”) con el que casi no llega a fin de mes. Pues nada, añádanle un poco más de mierda (divorcio) y un espíritu irrisorio de paternidad (“el hijo es mío, me la suda que tú seas la madre. Se queda conmigo”, algo así dice) para acabar de hundir al pobre de Will en el pozo, es decir, sin trabajo, sin dinero, sin hogar, y con un hijo al que sólo puedes darle una noche en un albergue o en un baño público. Pero tranquilos, no se me vayan a desesperar. Recuerden que uno de los derechos consagrados por los yanquis es aquel que dice que tienes derecho “a buscar la felicidad”. En eso está Will, en buscarla y encontrarla en forma de empleo como bróker.

Típica historia de superación personal, sesgada por un descarado acento liberal, que parece el sueño húmedo del mismísimo Adam Smith. El caso es que esta historia de edulcorada movilidad interclasista irradia un tufillo a trampa, engaño y cinismo que la hace insoportable de ver. Se salva la interpretación de Will Smith.

‘I am legend’. Will Smith.

La historia te cautiva desde el primer momento. Te paraliza y asombra el horror que supone el día a día para el bueno de Will. Lo que antaño era una ciudad global, en palabras de Saskia Sassen, ahora no es más que una megalópolis fantasmagórica. Empatizas casi sin darte cuenta con el héroe y su can. Eso sí, conforme avanza el transcurrir del film, las palomitas van haciéndose su hueco. Entretienen esos “buscadores de sombras” y el juego de toma y daca que establecen con nuestro intrépido protagonista. El final es tan caramelizante como épico, pues no podía ser de otra forma.

Lograda adaptación del distópico mundo ideado por Richard Matheson. Tenemos como escenario a Nueva York. Asumiendo el papel protagonista a un omnipresente Will Smith. Y como tema principal: el apocalipsis en forma de trampa científica. Ingredientes idóneos con los que Francis Lawrence supo presentarnos un buen plato. No defrauda.