‘Another 48 hours’. Menos ingeniosa y más efectista que su predecesora.

Ocho años después de haber parido una notable cinta de acción como era ’48 hours’ (1982), se volvía a juntar el mismo equipo  para manufacturar la secuela de aquella trepidante, gamberra y divertida historia.

¿El resultado? Un tanto decepcionante. La secuela se aleja un escalón de su predecesora. Ahora ya no es tan gracioso el dúo formado por Nolte y Murphy. Se nota para mal que el cómico afroamericano, allá por el 90, ya era una estrella, con la consiguiente dosis de lucimiento personal requerida. La acción sigue siendo trepidante, narrada con buen pulso, pues en esto es difícil que falle el bueno de Walter Hill. Pero la trama e intriga pierden bastante, es decir, hay menos ingenio y más mediocridad.

En definitiva, una cinta de acción del montón. Efectismo y ruido. Entrega bastante menos que el original, aunque, ya saben, con las palomitas combina bien. 

6/10 

‘Hard times’. Las palabras ya no bastan.

Corrían los años 70 y Charles Bronson era uno de los referentes indiscutibles dentro del cine de acción. En esta ocasión, se brindaba a participar en el debut ante el gran público de uno de los maestros del género: Walter Hill.

El mito interpreta a Chaney, un tipo nómada que ve pasar los días entre raíles, paseos solitarios y moteles baratos. Son tiempos duros, pues estamos en el año 1933. Tiempos idóneos para que Chaney explote sus mejores virtudes (obvio cuáles son). Por cosas del destino, el bueno de Bronson terminará por conocer a Speed, un vivalavida interpretado fabulosamente por James Coburn, quien verá en ese castigado hombre un auténtico filón para hacer caja… en peleas callejeras.

A lo de siempre (puñetazos, patadas y sangre), clave de bóveda del film, súmenle un poso de amargura, tristeza y melancolía, derivado del sempiterno retrato del perdedor. Una factura técnica que ya dejaba entrever el talento de un tal Walter Hill, servía para desarrollar una historia, amante ferviente de la acción, que quedaba complementada, eso sí, por un drama sincero que acompañaba a nuestros dos protagonistas. A uno, Bronson, la compañía de una desamparada rubia parecía llenar su corazón, logrando dibujar los encantos de aquella, al menos, una mueca de complicidad en tan serio rostro. Sin embargo, ambos sabías que lo suyo era un imposible. Mientras que el otro no sabe escapar de las malas compañías y de su torpe cabeza. Al final, el derrumbe personal de ambos dos siempre hay una pelea por disputar, y dinero que ganar.

En fin, no busquen en ‘Hard times’ un drama social épico. No lo hay. Lo que sí encontrarán es una cinta en la que la acción queda enclavada en un contexto de tristeza generalizada. Solitarios errantes, amantes taciturnos, devotos del fracaso y, en definitiva, un destino que no mira más allá de una sangrienta y cruda pelea.  Notable cinta de acción.

7/10

’48 hours’. ¡Qué tiempos aquellos!

Jack Cates es un grosero detective que un mal día se topará con un par de criminales. Éstos, tocándole mucho las narices, asesinarán a dos de sus compañeros, uno de ellos con la pistola de Cates. El tipo se lo tomará tranquilo, como siempre. Es decir, con malhumor. Aunque sabrá a qué puerta llamar para resolver este lío: Reggie Hammond (sí, el gran Eddie Murphy).

Buena película de acción. Una factura técnica envidiable, de calidad. Nombres como Roger Spottiswoode (Bajo el fuego), Larry Gross (Calles de fuego) o Steven E. de Souza (Jungla de Cristal, Commando) en el guión. Sin olvidar al maestro de la acción, Walter Hill, a cargo de la dirección. Por no hablar de un reparto estelar, con un joven Eddie Murphy llamando a las puertas de Hollywood y un buen Nick Nolte, creando así una de las parejas “policiales” más carismáticas de los años ochenta.

Más de la mitad de las cintas que se producen actualmente en el susodicho género, están a años luz de ’48 hours’. Walter Hill nos sirve un cocktail trepidante, divertido, vertiginoso y creíble. Sabe aprovechar la química resultante entre los dos protagonistas para dar un toque de comicidad a una intriga meritoria que terminará por resolverse a través de una acción bien narrada.

En definitiva… ¡qué tiempos aquellos! Viendo la obra de Hill uno se da cuenta que el entretenimiento, la cinta convencional de acción, no tiene porque ir de la mano de la chabacanería, la mediocridad o la simple pirotecnia. Ahí están los dorados años ochenta para atestiguarlo.  

7.5/10

‘Aliens’. Ácida y viscosa ultraviolencia.

Siete años después del bombazo de ‘Alien’ (1979), aparecía en las salas de cine su esperada secuela, y lo hacía de la mano de James Cameron, príncipe de Hollywood, quién decidía mandar a la carismática Ripley de vuelta a aquel planeta agreste en el que todo comenzó.

Expuesta la trama en la primera cinta, ahora se comienza justo dónde se acabó. Han sido años, muchos años, de naufragio espacial para nuestra protagonista. Sin embargo, cuando sea rescatada, pronto descubrirá que aquel maligno planeta del que tan malos recuerdos conserva, ya ha sido colonizado por los terrícolas. Oh! Terrible desgracia! Será Ripley, en compañía de bravucones marines del espacio (nostálgico Michael Biehn), quién nos transporte, de nuevo, hacia los peligros que derivan de meterse de lleno en la boca del… alien. Por tanto, ya vemos que la directriz es no profundizar, para nada, en los dilemas abiertos en el producto primigenio. Se redunda en la temática de la supervivencia, adornándose ésta, de un modo casi exclusivo, por la violencia y la acción. Dos rasgos que definen la esencia de esta cinta, y que por suerte para nosotros, llevan la impronta de uno de los maestros del género, Walter Hill, quién realiza trabajos de guión aquí.

La obra de Cameron tiene un efectismo distinto al de su predecesora. El lirismo tenebrista de aquélla queda sustituido por la ultraviolencia lírica de ésta. La sutileza de antaño es cambiada ahora por la aparatosidad. Y la estimable intriga del 79, deja paso a la acción, pura y dura. Todo queda renovado,  pues ya no hay misterios que resolver, ni comprobar cuán piadosa es la criatura. Simplemente se trata de explayarse en la propuesta original, devorando la idea de la supervivencia, resaltando así, en grado máximo, la cacería abierta por el Alien, casi en defensa propia, diría yo, frente al ataque lucrativo del ingenioso humanoide.

En fin, digna secuela presentada por James Cameron a través de un poderío visual importante, distinto del marcado por Scott, pero igualmente atractivo, que se sirve de unos efectos especiales que nos traen a la memoria los apocalípticos pasajes narrados en ‘Terminator’ (1984), pero contando ahora con un mayor presupuesto que permita ensañarse en las virguerías visuales que tanto domina, y dominaba, el buen principito. Gozoso festín alienígena.

7/10