‘A perfect murder’. Revisando un clásico.

Recomendación expresa: no vean este film después de haber presenciado la noche anterior la mítica ‘Dial M for murder’ (1954) de Alfred Hitchcock. En el supuesto de hacer caso omiso a la anterior recomendación, sepan que le estarán haciendo un flaco favor a esta película que aquí nos ocupa, ya que el grado de entretenimiento que atesora se verá drásticamente reducido.

En 1998 algún productor avispado decidió realizar un remake de la mítica obra del británico. Le conseguiría una factura técnica correcta, y una dirección con oficio a cargo de Andrew Davis. Tan sólo quedaba llenar el cartel con nombres conocidos, ahí están Michael Douglas, Gwyneth Paltrow o Viggo Mortensen (todavía no tan popular por aquel entonces), y contratar a un guionista, Patrick Smith Kelly, que le diera cierta frescura a la archiconocida historia.

¿Resultado? Más que correcto. No es una obra repleta de chabacanería, por así decirlo. La trama consigue su objetivo principal, esto es intrigar al espectador con el devenir de los acontecimientos. La fórmula no es exactamente la misma que la empleada por Hitchcock, pues aquí la película sí recurre al aire libre, aunque sí la esencia del plan criminal. Cambia, principalmente, el movimiento de los peones.

En fin, a pesar de estar limitada desde su nacimiento, puesto que el espectador siempre recurre a las odiosas comparaciones, la cinta salva el obstáculo sin mayores problemas. Puede que ayude la clara vocación comercial del film, y el grado de efectismo en el que se sustenta. Con todo, a mí me parece una buena intriga.

7/10

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‘A history of violence’. Cautivadora.

Dos hombres salen de un motel. Uno le dice al otro que está harto de carreteras secundarias y pueblos enclavados en mitad de la nada, que eso no es vida. El espectador no tarda en cerciorarse de la que le viene encima. Es la chispa que enciende la mecha de esa obra titulada como ‘Una historia de violencia’.¿Su protagonista? Tom Stall, quien vive y trabaja en Millbrook, un pequeño pueblo del Estado de Indiana. Allí, regenta una cafetería, y deja pasar los días, plácidamente, en compañía de su sensual mujer, una explosiva Maria Bello, y de sus dos hijos. Todo va bien, la rutina es pausada y cálida para ellos. ¿El otro protagonista? Joey Cusack. Un matón de la costa este de los Estados Unidos, conocido en Philadelphia por sus atrocidades sanguinarias. Perseguido ahora, que ha sido cazado in fraganti por las cámaras de televisión, por Carl Fogarty, un inquietante Ed Harris, y Richie Cusack, su hermano, dos de los capos del crimen de la costa este.

David Cronenberg consigue plasmar, de un modo tan natural como cruento, esa tormenta (violenta) que azota a un pueblo tan tranquilo y calmado como Millbrook. Allá donde había quietud y sosiego, encontramos ahora inseguridad y angustia. Donde había juegos seductores entre tortolitos, ahora hay una atracción enfermiza (cierto aire a ‘Crash’). Donde había un buen hijo, educado y correcto, ahora hay un buen hijo, duro y expeditivo. Donde encontrábamos un sheriff cordial y bondadoso, ahora vemos a un inquisidor y amenazante guardián de la ley. En definitiva, donde convivían granjeros y trabajadores, aparecen los matones y las pistolas. Todo, a raíz de un exasperante interrogante no zanjado: ¿un error mortal?, o ¿un destino que une el pasado con el futuro de modo irremediable?

Quién haya visto esta cinta, ya sabrá cuál es la respuesta oportuna. Como también sabrá que ‘Una historia de violencia’ posee la virtud de cautivarte, y perturbarte, como pocas películas antes lo han hecho. El combustible básico de la narración es la sangre a borbotones, el fuego cruzado y los salpicones. Pero también las tranquilas calles de pueblo, las solitarias carreteras y el café caliente. Todo es tan quieto y pulcro, como traumático y bruto, en esta historia de violencia, esencia básica del film, expuesta por Cronenberg. 

8.5/10

‘A dangerous method’. Elegante desatino.

Ambiciosa propuesta del controvertido David Cronenberg, quién se atrevía aquí con un retrato de esa turbulenta relación establecida a lo largo de los años entre los dos maestros del psicoanálisis, Freud y Jung. Como punta de lanza, y viene siendo habitual en sus últimos films, encontramos a Viggo Mortensen en una acertada representación de Freud. A él se le une, un no menos cautivador, Michael Fassbender, como Jung, y una sobreactuación de Keira Knightley en el papel de Sabina Spielrein.  

La mentada relación viene detonada por Sabina Spielrein, y por el incendiario Otto Gross, un fabuloso Vincent Cassel, que le abrirá un nuevo mundo a Jung (le lanzará a por Sabina), enfrentándolo, casi sin quererlo, con la forma de entender el psicoanálisis de su maestro, Freud. La perturbación llegará. Una lucha interior entre el deber y la lujuria. Un nuevo mundo sexual, con un deseo desenfrenado que coge forma en el cuerpo de Spielrein. Un nueva vía itntelectual que lucha, cada vez más, contra la corrección, seriedad y estrechez de su maestro. 

Con todo, la película no está del todo mal. Técnicamente es increíble, quedando el conjunto muy pulcro y elegante. Sin embargo, la historia que se pretendía incendiaria, no lo es tanto. A pesar, como ya se ha dicho, de las brillantes actuaciones (con la excepción de Knightley), no me irrita el intercambio de golpes entre los dos protagonistas. Tampoco me apasiona, aún siendo de lo mejor del film, la tormentosa y ferviente relación entre Jung y Spielrein (Cronenberg aquí se vuelve excesivamente formal). El debate académico entre los dos titanes tampoco cautiva. Sí me agrada, por contra, el papel de Cassel como chispa incendiaria de todo. Pero, en general, todo es bastante frío y distante.

En fin, era una apuesta arriesgada, ambiciosa. Creo que carece de solidez, pues no veo todas sus piezas perfectamente encajadas. A pesar de todo, entusiasma más que desagrada.

7/10 

‘Albino alligator’. Esperaba más de ella.

Un tal Kevin Spacey, casi nada, debutaba en el mundo de la dirección, allá por 1997, con “Albino alligator”, mal traducida aquí, siempre, como “La trampa del caimán”. Una película que cogí con grandes expectativas, esperando bastante de ella, pues portaba certificado de calidad (las alabanzas eran unánimes).

Tras verla, sucede lo que, en muchas ocasiones, ocurre: defrauda. Esperas tanto de ella, que no resulta. Matt Dillon, Gary Sinise y William Fichtner son tres atracadores de poca monta que, sin comerlo ni beberlo (es decir, atropellando a un policía después de salir por patas tras su chapucero asalto), se ven envueltos en una operación policial contra un importante delincuente. El caso es que todos (y de manera muy facilona, el papel de Viggo es crucial) acaban envueltos en un garito-sótano rodeados de policías armados hasta los dientes.

Kevin Spacey y el guionista se dedican a mostrarnos como tratar de salir de ahí, de ese embrollo. Contínuos diálogos, dilemas, confrontaciones, algún giro barato en el guión (malos, hermanos, madres e hijos) y poco más. La tensión que inunda la relación entre los secuestradores y los secuestrados prácticamente no la percibo. Y ahí es donde chirría. De todas formas, no disgusta su visionado. Eso sí, no esperan la obra maestra que yo buscaba en ella porque no la encontrarán.

‘The road’. Aterradora.

Hillcoat y Aguirresarobe, impregnados del espíritu de Cormac McCarthy, han creado en ‘La carretera’ una ambientación devastadora. Un mundo lleno de llamas y cenizas, en el que el planeta parece haber reventado por todos los lados. El film es un diario acerca de lo duro que es sobrevivir, de ese momento en el que el suicidio hasta parece una salida placentera. Todo lo natural ha ido desapareciendo, la agricultura lo primero. Hay hambre y no hay comida. La solución, en muchos casos, es el canibalismo. Y ellos, Mortensen y su hijo, están solos. Es difícil salvar el día a día. Crecer en esas condiciones. Interiorizar el valor que tiene una bala, sinónimo de salvación. Produce pavor constante la situación de ambos, una agonía crónica, que no tiene fin.  Escalofriante ponerse en el pellejo del padre, interpretado de manera excepcional por Viggo Mortensen. Alguien que ya no tiene fe en la bondad, añorando los años en los que había valores y justicia, pérdidos ya de manera irreparable, cayendo en lo hondo del pozo, desconfiando de todo y de todos. O ese hijo tan miserable y desgraciado que por lo inherente de la niñez aún confía, aún posee el fuego interior, huyendo de su espantosa realidad. No le busquen la alegría a la película. Es lúgubre, sombría, triste. Provoca terror.

‘Appaloosa’. Dos hombres y una mujer.

Estamos en Appaloosa, en el lejano oeste norteamericano. Un cruel y despótico ranchero, Randall Bragg, acaba de asesinar al sheriff y dos de sus ayudantes. Tal hecho, provoca la llegada al pueblo de un legendario hombre del orden, Virgil Cole, y su fiel ayudante, Everett Hitch.

La confrontacción entres los dos hombres, que a partir de ahora serán la ley local, y Bragg no tardará en aparecer. Los asesinatos de tres caraduras de la banda de Bragg harán aparecer los aires de cambio en la ciudad. La llegada de un prófugo de su banda a los brazos de Cole, permitirá la acusación de asesinato y el encarcelamiento para su posterior muerte en la horca de Bragg.

Simultáneamente a todo ello, en el pueblo irrumpirá una joven viuda, Allison French. Ésta, será el eje en el desarrollo del film. Su atracción por Cole será inmediata, y comenzarán una relación, puesta en peligro por la facilidad de French a darse a otros hombres.

En el momento de transportar al futuro ejecutado, un par de bandoleros mercenarios contratados por éste, aboradarán el tren teniendo como rehén a French. Pedirán a cambio de la libertad de ésta, la libertad de Bragg. El sheriff no podrá oponorse debido a su amor. Todos huíran.

La obsesión por atrapar a Bragg, permitirá a Cole, descubrir con sus propios ojos como French, se cepilla a todo lo que se mueve en este grupito de bandoleros mercenarios. 

El indulto presidencial a Bragg devolverá la calma al pueblo. La aparente calma. Bragg jugará a ser un ciudadano noble comprando un hotel y a los negociantes locales. Cole insistirá en su relación con French, mientras que ésta seguirá siendo la chica alegre que es durante todo el film, acercándose, en esta ocasión, a Bragg.

Hitch, consciente de que Bragg no puede salir impune, decidirá retarlo. Con ello pondrá en prueba su lealtad y amistad con Cole. O la muerte, o el destierro, le esperarán tras el desafío. Con ello, no sólo ganará la justicia por la muerte del tirano, sino que además permitirá a Cole vivir tranquilamente con French, pues ésta ya no tendrá hombres poderosos cercanos a quién arrimarse, ya que la muerte de Bragg, y su propio destierro, le dejarán el camino libre a Cole.

Gran historia en el lejano oeste la escrita, dirigida e interpretada por Ed Harris. Una historia en la que se habla de algo llamado amistad. La que siente Hitch por Cole. Un Cole, que pese a su apariencia de chico duro, se mostrará como el mayor calzonazos en temas de mujeres, pues la avispada French, dirimirá y hará tambalear una relación de amistad y fidelidad, que hasta la llegada a Appaloosa, había sido lo más sólida posible.

Original la propuesta de ese triángulo amoroso compuesto por Cole, Hitch y French, que bailará al ritmo impuesto por el despótico Bragg. Buen western.