‘Funny games’. Violencia extrema.

Michael Haneke se aleja, en esta ocasión, de retratar nuestra sociedad, como lo hizo en sus tres primeras cintas, a modo de explicar el origen de la violencia. Esta vez, no hay explicación alguna para la misma. Simplemente va directo al grano, mostrándonos una violencia extrema que se apodera de la pantalla, con esos gritos, lloros y baños de sangre desgarradores. Con unos ejecutores, dos niñatos, uno tirillas y otro panzudo, que se divierten con sus macabros juegos, alterando la naturalidad de esa familia que, ni en sus peores pesadillas, esperaban tal bienvenida.

Es asfixiante la presencia de los dos energúmenos en pantalla. Te enerva la sangre ver todo eso, la frialdad con la que se ejecuta, y el sufrimiento que conlleva en las víctimas (es gracioso que esas sensaciones no tes las produce el 98% de las pelis de tiros americanas). Aterradoras escenas. No se explaya en explicitarlo, más bien juega psicológicamente con nosotros, haciéndonos sufrir emocionalmente casi más que a esos tres pobres desgraciados. Además, Haneke juega con el actor Arno Frisch, quién sirve como interlocutor entre el film (la ficción) y el espectador (la realidad), creando esa sensación de confusión entre ambas, apaciguando las demandas violentas de nuestros días (sí, día a día se pide a gritos) y, principalmente, jodiéndote la mente para el resto de tus días al invocar la estampa de esos dos dementes.

En definitiva, brutal película que ahonda en lo macabro, arrastrándonos hacia nuestros instintos más primitivos, produciéndonos mil y una sensaciones (para dejarnos jodidos) al comprobar la mezquindad de tergiversar juego, diversión y violencia (seguro que a más de un alto cargo de la industria militar norteamericana le habrá resultado familiar el film).

‘Benny’s video’. Brutal reflexión.

‘El vídeo de Benny’ es un paseo por la violencia diaria de nuestras vidas. Un punto de vista nada convencional, alejado de cualquier destello de esperanza y alegría (ni siquiera en ese cálido Egipto), desde el que Michael Haneke desarrolla todo su potencial tormentoso, desapacible y lúgubre, carácteres de nuestra existencia, a través de esa familia burguesa rota en mil pedazos a causa de un sistema que ambiciona el materialismo, alejado de los lazos sociales, provocando la brutalidad, la brutalidad de un chiquillo que ya lo tiene todo (lo material) y busca nuevas sensaciones, curiosidades (a través de una cinta en la que se asesina a un cerdo), justificándose, tan sólo, con un simple “no sé”. No le hacen falta las palabras a Haneke, le bastan las imágenes para desatar la reflexión acerca de nuestra sociedad.

Spoiler

Sin hija (pero, ¡qué buena es en los negocios!) y a punto de perder al hijo, tras su incipiente vena psicópata, los padres tratarán de ocultarlo, detallando fríamente el plan de cómo descuartizar a la niña que su hijo guarda ensangrentada en su armario. Todo es de una dureza importante. Muy áspera. Benny, finalmente, declarará, gracias a sus grabaciones, en contra de sus padres, como tratando de vengarse por la infame educación (inserta en la ola del sistema) recibida. Ojo con la escena del asesinato. Brutal, tremenda. Duele visionarla y, sobre todo, escucharla (los gritos son desgarradores).