‘Star wars. Episode I: The phantom menace’. Orígenes.

Aquí comienza ‘Star wars’, la mítica saga con la que muchos de nosotros hemos crecido, disfrutado y soñado. La fantástica imaginación de George Lucas es plasmada a través del fasto, la grandeza y el poderío visual que nos depara esta “amenaza fantasma”.

Es un punto de inicio magnífico, rozando la excelencia, a partir del cual el maestro Lucas comienza a cimentar las bases de su magna saga, perfilando los orígenes de los personajes claves, así como marcando las líneas argumentales maestras que acompasarán el devenir de los siguientes episodios. Todo ello sin menospreciar el presente, con una entretenida, fantástica y vertiginosa estratagema cargada de planetas invadidos, boicots comerciales, reinas en jaque, amenazas latentes, malvados tan carismáticos como Darth Mour o jedis tan bondadosos y nostálgicos como Qui-Gonn.

8.5/10

Spoiler/Argumento

La República Galáctica atraviesa una crisis institucional sin precedentes. Toda su magnitud interestelar parece haber entrado en declive. El Canciller Supremo, un débil Finis Valorum, ha cedido poder frente a los burócratas que imperan en Coruscant, un planeta-megalópolis en el que reside la sede del Senado de la República, así como el Consejo Jedi.

Mientras, una coyuntura económica adversa como es la imposición de una serie de rutas comerciales, podría dar el golpe definitivo a la República a través de las fuerzas de la Federación Comercial, contrarias a esta decisión económica, y controladas en la sombra por el misterioso Darth Sidious y su estratagema incendiaria, cuyo punto de inicio es la invasión del Planeta Naboo, reinado por Amidala y representado en el Senado por Palpatine.

A fin de evitar la posible catástrofe, el Canciller Supremo decide enviar a dos Jedis, guardianes de la paz y la justicia, como son un mítico Qui-Gonn Jin y su joven aprendiz Obi-Wan Kenobi, para negociar con el virrey de la Federación, deperando como resultado un infructuoso diálogo que sustituye las palabras por violencia. Ante tal tesitura, los jedis no tendrán más remedio que refugiarse en Naboo y advertir a la Reina Amidala de los maquiavélicos planes ingeniados por la Federación.

Con la invasión de Naboo ya en marcha, no tendrán más remedio que abandonar el Planeta en busca de una ayuda política en Coruscant que resuelva toda esta crisis. Sin embargo, por avatares del destino, su nave deberá hacer escala en el agreste Planeta Tatoon, lugar en el que se encontraran con un extraño y poderoso niño-esclavo: Anakin Skywalker. Éste impresionará a Qui-Gonn, quien no dudará en llevarlo consigo.

Todo terminará en dos lugares distintos: En Coruscant, ante la ineficacia política allí existente, Amidala seguirá las instrucciones de su Senador y pedirá la cabeza de Finis Valorum, siendo este sustituido por el hábil y ya nombrado Palpatine. Mientras, en Naboo, el ingenio estratégico de Amidala servirá para acabar con la invasión enemiga. La red de la Federación será esquivada, aún con la amenaza fantasma de los Sith, jedis atraídos por el lado oscuro. De hecho, este Episodio I no será más que una batalla perdida por Darth Sidious y su aprendiz Darth Maul, quien caerá frente a Obi-Wan aunque con anterioridad allá podido con Qui-Gonn, el cual dejará una última voluntad a su aprendiz: “enseña a Anakin”. Con los recelos de Yoda, no obstante, Obi-Wan se convertirá en su maestro.

‘Beltenebros’. Madrid, comunistas y los encantos de la rubia.

 

Son los años 60, el Madrid franquista es un avispero para la subversión organizada, para la lucha en la trastienda contra el régimen. Sin embargo, en este contexto, la traición es un plato muy apetecible, un salvoconducto para los capturados con el que salvar el propio pellejo a costa de tus camaradas, llegando a entrar en un juego de sospechas, dudas e incertezas muy peligroso. Bien lo sabe el personaje al que interpreta Terence Stamp, Darman, un antigo militar republicano encargado ahora de limpiar la basura existente en el clandestino, suponemos, Partido Comunista. Un traidor al que perseguir por los sombríos callejones madrileños.

‘Beltenebros’ es un viaje a la grisácea oscuridad de la clandestinidad de aquellos años, con una fotografía excepcional de Javier Aguirresarobe, de largo lo mejor del film. Un film, en cambio, que no termina nunca de arrancar. La vuelta, mediante el presente y los encantos de la rubia, a aquel pasado amargo del que Darman ya parecía haber escapado, no cautiva en ningún momento. El pasado y presente se entremezclan, pero con lentitud y excesiva pausa. El film no transmite el amor de Darman por ambas rubias, ni sientes compasión por ese hombre muerto en vida como es él, tampoco afloran los sentimientos al descubrir la verdadera traición, o el dolor que conlleva la ambigüedad de la misma, la sangre derramada por error. En definitiva, es un film de una factura técnica impecable. Sin embargo, es frío y distante. Sólo sirve, gracias a la labor de Aguirresarobe, como retrato continuo de esos escenarios lúgubres por los que la clandestinidad campó a sus anchas.