‘Ravenous’. Antropófagos.

No termino de entender porque Antonia Bird no ha tenido una larga y digna carrera cinematográfica. Reconocida admiradora del cine de Ken Loach, alcanzaba su culmen filmográfico con una historia que gravitaba en torno al mito del canibalismo. 

Siempre me ha gustado ‘Ravenous’. Tiene una historia muy bien elaborada que engatusa al espectador con ese viaje al siglo XIX, enclavando nuestra mirada en un fuerte perdido en mitad de las montañas californianas (sí, también tienen “su” Sierra Nevada). Sorprende desde el primer momento. El personaje de Guy Pearce, el capitán John Boyd, está muy bien pulido. La vomitiva atracción que dicho personaje siente por lo sanguinolento, terminará de explotar cuando conozca a Colqhoun, un sensacional Robert Carlyle, introduciéndonos en una espiral antropófaga, malévola y repugnante. La lucha entre el bien y el mal, entre la rectitud y la perversión quedará servida, y el espectador no podrá más que disfrutar con dicha batalla.     

En definitiva, vean Ravenous. No tiene desperdicio. Eso sí, no la cojan pensando que se toparán con una densa historia reflexiva acerca del canibalismo y sus quehaceres. A mí me gusta más verla como una historia que no ambiciona grandes propósitos, pero que consigue dar con la tecla exacta para que ese plato cargado de sangre, vísceras y huesos roídos sacie nuestro feroz apetito.

7.5/10 

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‘Ocean’s eleven’. Ladrones de guante blanco.

Danny Ocean acaba de salir de chirona, y ya lo tiene todo planeado: piensa arruinarle la vida a Terry Benedic, uno de los peces gordos de Las Vegas y actual concubino de su ex-mujer, de la cual, el bueno de Ocean, sigue fervientemente enamorado. Por arruinarle la vida cabría entender, dentro de la clasificación salud-dinero-amor, pues las dos últimas. Para ello, necesitará idear un buen plan, y reclutar a un formidable equipo. El trabajo no es sencillo, ya que hablamos de uno de los casinos con mejor equipamiento de seguridad del mundo mundial. No obstante, los once de Danny permanecen en estado de hiponsis con los 16 kilazos de dólares que están aguardándoles. Están manos a la obra.

Entretenimiento de calidad. La cascada de planos con la que nos abruma el bueno de Soderbergh es la plataforma ideal para que nos dejemos llevar en volandas hacia el mundo de la diversión y el gozo. Un auténtico espectáculo visual, frenético y trepidante, que derrota colosalmente al hastío y la zozobra. No sé si es la mejor película sobre atracos (en mi opinión, no), pero lo que sí tengo claro es que estamos ante una de las estrategias reconquistadoras, hablando en términos de Cúpido, más perversa e ingeniosa que uno pueda imaginar.

En fin, déjense llevar por el encanto de Clooney, la chulería de Pitt, el morbo de la Roberts y la ferocidad de García. El ritmo lo marca un ágil e inspirado Soderbergh. Un lujo. 

7.5/10