‘The 40-year-old virgin’. Apología del tontaina.

forty_year_old_virginLa comedia norteamericana reciente le debe mucho a Judd Apatow. Éste, bien en su función de director/guionista bien en la de productor, lleva desde finales de los noventa brindando al público, junto a toda su troupe, un buen repertorio de historias que, aun no buscando la grandeza ni el célebre reconocimiento, han conseguido marcar una época en esto del cine.

En cualquier caso, ‘Virgen a los 40’ no termina de aclarar su discurso, pues pasa de la timidez extrema al desenfrenado albedrío para llegar, finalmente, a la típica historia de amor. Los matices brindados por los secundarios no sirven para tapar todos los agujeros de la trama, la cual alza el vuelo cuando opta por el gamberrismo y, en cambio, chirría al abusar del caramelo con la presencia, eso sí, excepcional, de Catherine Keener.

Luce mejor que nadie Steve Carrell, quien se dio a conocer al gran público gracias a este papel de tontaina que él mismo había diseñado en labores de guión. En fin, pese a no ser una obra redonda, el entretenimiento queda garantizado. Además, alguna carcajada espontánea consigue sacarnos. No está mal.

6.5/10

‘Crazy, stupid, love’. Divertido paseo por los enredos del amor.

Graciosa. Es una comedia que cumple con la nota anterior, cosa nada fácil si tenemos en cuenta la morralla con vocación de hacer reír al personal que copa las pantallas del cine. Glenn Ficarra y John Requa ingenian una historia que escapa de lo burdo, de lo soez y del chiste fácil. Tampoco conviene exagerar, pues no estamos ante el nuevo Woody Allen, por así decirse.  

En fin, Carl (Steve Carrell) es un hombre feliz. Al menos, lo era hasta el día en que oyó “quiero el divorcio” de la boca y labios de su esposa, Emily (Julianne Moore). La decisión, a partir de aquí, ya ha sido tomada. Nos hemos metido de lleno en el descenso por las marejadas aguas que caracterizan al amor, tan loco y estúpido, como nos recuerda el título. 

Entretenida comedia romántica con auténticos momentazos (por ejemplo, el de la Tomei). Steve Carrell y Ryan Gosling están de notable. La historia, regodeándose en los enredos pasionales, románticos y sentimentales, es jugosa y da mucho de sí. Uno se divierte con el tránsito, en un sentido y otro, protagonizado por los dos protagonistas: A) “Fidelidad -> Vodka con zumo de arandanos -> Golferío” y B) “Golferío -> Cena con los padres -> Fidelidad“. 

No cae en la chabacanería, pero tampoco es una obra maestra. Simplemente divierte, entretiene y hace reír. No es tan difícil de conseguir con la excusa idónea del amor. En fin, para pasar un buen rato. 

6.5/10