Qué decir sobre… «Miller’s crossing» (1990)

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Dirección: Joel Coen
Guion: Ethan Coen, Joel Coen 
Fotografía: Barry Sonnenfeld 
Música: Carter Burwell 
Montaje: Michael R. Miller 
Dirección artística: Leslie McDonald 
Reparto: Gabriel Byrne, Marcia Gay Harden, John Turturro, Albert Finney, Steve Buscemi, Jon Polito, J.E. Freeman, Frances McDormand
Premios: San Sebastián 1990 (Mejor director)

La prolífica carrera de los Coen, entendida en su conjunto, ha pasado a la historia del cine. Atesora títulos memorables, tienen un talento innato y les gusta el oficio al que se dedican. Uno lo nota en sus películas: son unos artistas. Metódicos como pocos, abarcan buena parte de la realización de un film que se firme con sus nombres. Tienen un estilo, lo cual ya es mucho. A pesar de la reciente mutación que han experimentado, probando nuevas temáticas de una manera asombrosa a través de un western como True grit (2010) o la odisea musical de Inside Llewyn Davis (2013), lo cierto es que lo suyo, desde siempre, ha sido moverse entre dos aguas. Primero, las comedias negras, cargadas estas de cinismo, ironía y perspicacia. Ahí quedan títulos para la posteridad, desde la fantástica Raising Arizona (1987) hasta la infravalorada The hudscucker proxy (1994) pasando por un título clave de los noventa como es The big Lebowski (1998). En un segundo lugar, encontramos el género que aquí nos ocupa: el cine negro.

Nunca me ha resultado fácil identificar al cine negro. Sepultado muchos años atrás, pocas son las producciones que se atreven a desembarcar en las grandes salas bajo el paraguas de dicho género. Los lazos que le unen al cine de gángsters, además, son muy estrechos. Sin embargo, si por algo conviene aplaudir la filmografía de los Coen es por su valentía. No diremos que han resucitado al susodicho género, porque esto serían palabras mayores. Pero sí, al menos, le han dado una bocanada de oxígeno. En puridad, la trilogía conformada por Blood simple (1984), Miller’s crossing (1990) y The man who wasn’t there (2001) es la representación icónica del respeto que sienten los hermanos de Minneapolis por este tipo de historias. En cierto modo, Fargo (1996), una de sus mejores películas, combina magistralmente en un mismo recorrido las dos temáticas preferidas de estos genios. Todo hay que decirlo, cualquier intento por simplificar y encuadrar el cine de los Coen será en vano. Son tan buenos que difícilmente uno puede encauzar todos los elementos de una de sus historias (menos todavía de su filmografía en totalidad) por un mismo sendero.

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En todo caso, aquí tratamos sobre Miller’s crossing, película emblemática y de referencia. Una de mis favoritas (aunque tengo bastantes) de entre todas las que componen la vida cinematográfica de los Coen. La clave de bóveda del film es Tom Reagan, personaje célebre interpretado maravillosamente por Gabriel Byrne. La derrotista idiosincrasia que le caracteriza no debe esconder su gusto por la artimaña. Es un estratega, alistado en el bando irlandés y fiel servidor de Leo, un estupendo Albert Finney, capo local de esta ciudad sin nombre. Se avecina guerra con los italianos impulsada por las faldas de una mujer, Verna. O lo que es lo mismo, Marcia Gay Harden, actriz formidable a la que, conviene decirlo, descubrieron con ojo clínico los hermanos Coen para esto del cine. Y claro, Tom Reagan, un tipo embestido por la deudas de juego, los secretos de alcoba y las corruptas ofertas de traición, no lo tiene del todo claro. Una suerte para nosotros. 

La confusión será el arma empleada para asaltar la atención del espectador. El guion, una maravilla, levantará la estructura de esta colosal historia. No solo luce el personaje principal, pues también destaca, y además de un modo fundamental, la galería de secundarios que se nos expone. Los diálogos, por su parte, no tienen desperdicio. Trampas, misterios y ejercicios de astucia nos sorprenderán de un modo continuo. Las colección de escenas memorables es digna de mención. Y sí, el trabajo de fotografía de Barry Sonnenfeld, otro salido de la “escuela” Coen, en el mítico bosque ha pasado a la historia del cine. Son muchas cosas las que se pueden destacar de esta película, pues todo en Muerte entre las flores destila gusto por el buen cine. No pierdan atención, están frente a una obra maestra. 

Votación | 4/5 

‘Con Air’. Acción de calidad.

¡Cuidado! No caigan en la tentación de linchar a esta cinta. Estamos ante una de las obras cumbres de uno de los principitos de Hollywood, Jerry Bruckheimer. Las estruendosas mascletaes que éste suele coordinar no son sinónimo de Oscar, pero sí de entretenimiento digno. Y ahí, ‘Con Air’, aventaja por un buen trecho a tantas y tantas obras que erran a la hora de cumplir con tal propósito.

Es un curioso caso de precisión, elegancia y virtuosismo puestas al servicio de un género, el de acción, que no suele caracterizarse por tales notas definitorias. Más de uno dirá que vaya despilfarro. Pues así es, un despilfarro muy bien trabajado. Tanto que pasa por ser una de las mejores películas de acción de los noventa. Esto se percibe desde un prólogo que entremezcla el romance y la violencia con la sutileza que atesora la fantástica canción ‘How Do I Live’.

Luego, viene el divertimento sideral parido por un reputado guionista como es Scott Rosenberg. La idea es tan rebuscada como bárbara, gravitando todo en torno a la colosal figura de Nicolas Cage, quien además de luchar en la sombra contra todos los malos que uno pueda imaginar, debe aguantar el tipo con tal de cumplir ante su amada esposa, Monica Potter, y su querida hijita. Siempre, eso sí, con la ayuda de un secundario de lujo como es John Cusack.

En fin, muchas caras conocidas se juntan para trabajar en una película que presenta una factura técnica de diez. El oficio del guión y la dirección sirve para rendir tributo a un género que, a partir de entonces, comenzaría a entrar en la senda de la hipérbole y la degradación. El discurso moral recitado, como en toda cinta de acción, es cuestión aparte.

6.5/10  

‘Fargo’. Una historia acerca de asesinatos “de ir por casa”.

Jerry Lundegaard es un buen padre de familia, casado con la hija del “cacique” local. Vive cómodamente, podría decirse, mientras trabaja como director financiero en uno de los concesionarios de su suegro. Sin embargo, lleva marcada en la frente la inconfundible impronta del rufián. Montó una estafa por valor de 300.000 dólares que no ha terminado de salir bien, y ahora necesita recuperar ese dinero si no quiere ver cómo sus huesos se desgastan entre los barrotes de un penal. ¿El plan? “Joder, mandaré a dos necios para que secuestren a mi mujer, así el capullo de mi suegro, al pagar el fingido rescate, me solventará el problema“, pensó el bueno de Lundegaard.

Esta es la historia de un perdedor cualquiera. Pero esto no es más que la punta del iceberg. Detrás de tan lastimoso leitmotiv se esconde uno de los thriller mejor pulidos de la década de los noventa. Los Coen le dan una naturalidad pasmosa al asunto. El póster ya lo anuncia, esta es una historia de asesinatos “de ir por casa”. Uno se lo cree de verdad, se mete de lleno en los gélidos parajes que envuelven la ciudad de Fargo. Sin saber muy bien por qué, uno asocia al personaje de Frances McDormand con su vecina del tercero, la que practica encaje de bolillos los miércoles por la tarde, y al casposo de Macy con el primo trapicheras de tu padre. Es decir, los Coen consiguen hacerte transitar los mugrientos pasillos por los que nos conduce su historia de un modo tan veraz como doloroso.

En definitiva, vean esta película. No les defraudará. Eso sí, denle al play con la certeza de que el universo de violencia, dinero ensangrentado, fuego cruzado y locura que nos muestra ‘Fargo’, no les va a resultar, paradójicamente (en caso de que sean ciudadanos bien), ajeno. ¿No les hiere tal sensación? El claustrofóbico y angustioso mundo que rodea a Macy choca de frente con la serenidad y cotidianidad con la que trabaja McDormand. Nosotros, mientras, lo disfrutamos. Obra maestra.

9.5/10

‘Animal factory’. Sobrevivir en el infierno.

Steve Buscemi tiene una buena carrera como director en el mundo del cine independiente. Esta película, ‘Animal factory’, supuso su segunda incursión detrás de las cámaras, decantándose por una temática arriesgada: un drama carcelario.

El título ya nos indica cuál es el objeto de crítica de esta película. Buscemi trata de realizar una denuncia social acerca de todo aquello que rodea a las prisiones. ¿Qué vida hay allí dentro? ¿Son animales inmundos los que habitan en ellas? ¿Sirven verdaderamente para la reinserción del reo en la sociedad? El cineasta se preocupa de mostrarnos detalladamente las entrañas de tan penitente existencia. Desde el juicio que acompaña al crimen y que acaba con un chaval de clase media, casi sin saberlo, detrás de los barrotes de un penal, hasta los peligrosos automatismos existentes entre los presos. Siempre acompañado de un trasfondo explícito: evitar la primera línea, no ser carne de cañón allí dentro. Es la prioridad a la que uno, recién llegado, debe atender. Esto es la jungla, repleta de animales feroces, y conviene sobrevivir.

El cineasta pone el contrapunto a tan degradante y tenebrosa atmósfera con la relación establecida entre el joven carcelario, Edward Furlong, y el veterano, Willem Dafoe. Una relación humana, sentida y bondadosa. Hay cabida para la solidaridad y la ayuda mutua. Sin embargo, éste no es lugar para un chico como tú, Furlong, parece querer decirle Buscemi. Joven y con toda una vida por delante, no sería conveniente entrar a formar parte de esa factoría de animales. Ésa de la que ya no puede escapar Willem Dafoe, quién ya ha interiorizado que mejor “ser rey del infierno que siervo en el cielo”.

7/10

‘The big Lebowski’. Unas greñas de más, un ruso blanco y una bata pordiosera.

El Nota es feliz. Su vida deambula plácidamente entre rusos blancos, partidas de bolos y conversaciones con sus mejores amigos. Sin embargo, se topará, un mal día, con un par de matones en su propia casa. Éstos, le confundirán con otro Lebowski, un tipo influyente y adinerado. Aunque eso al Nota le será indiferente, pues lo que realmente le tocará la moral será presenciar como adornan su alfombra con una buena meada.

Es la premisa de la que parte esta disparatada historia. Una delicia extraída de las entrañas de esas ingeniosas, mordaces y chispeantes mentes que caracterizan a la pareja de hermanos más prolífica que ha dado el cine en las últimas décadas, los Coen. Los diálogos, marca de la casa, son el punto fuerte de esta divertida comedia, una ácida y satírica caricatura de la vida norteamericana. Todo termina desembocando en unas situaciones tan estrambóticas como placenteras. Un humor negro de calidad enclavado en un contexto (historia) del todo hilarante, pero cuyo peso reposa en unos personajes paridos en estado de gracia.

En fin, un lujo. Al mítico Nota, únanle, gusto personal, al trastornado Walter Sobchak, un tipo que, entre otras cosas, reduce toda su rutina (incluido tomar un café) a Vietnam, y encontrarán así a uno de los dúos más carismáticos de la década de los noventa.  

8.5/10

‘Reservoir dogs’. Taranto, ópera prima.

Arrogantes, chulos y trajeados. Así son los “perros callejeros” de Tarantino. Hablan, largo y tenido, sobre ‘Like a virgin’ de Madonna mientras toman un café, a la par que discuten por la dura dicotomía de si dejar propina o no a la camarera. Esto es el inicio de ‘Reservoir dogs’, obra maestra. El inicio de una carrera deslumbrante de un tipo tan estrambótico y genial como Quentin Tarantino.

Un coche ensangrentado. El Sr. Naranja agoniza mientras el Sr. Blanco trata de consolarlo. Llegan al almacén, lugar en el que pronto estará el Sr. Rosa. Todo salió mal. Había un chivato, un policía inflitrado, entre los seis criminales contratados por Joe y su hijo Eddie. ¿Quién será? Tarantino lo resuelve todo con astucia. Existe mucha acción, violencia y ardor desatado en ‘Reservoir dogs’. Sin embargo, nosotros sólo vemos pinceladas de todo éllo. Son los diálogos los que nos abren el camino, así como el montaje despiezado que nos va dando destellos de la génesis previa a la acción (Blanco, Rubio, Naranja y la orquestración del plan).

La génesis de todo, incluido el reclutamiento de los principales, está bien pulida. Las primeras interacciones entre los gángsters son de primera. ¿El atraco? Sólo sabemos lo que ocurrió por la vía de los diálogos. ¿Y el final? Ahí es donde se va a lucir Tarantino, en la acción posteriormente inmediata al hecho y en la resolución de todo. Obra maestra.

Ah! Casi lo olvido. ¿Mi escena preferida? Mr. Blonde torturando salvajemente al policía apresado al compás de ‘Stuck in the middle with you’ (1974) de Gerry Rafferty, dentro de la programación de ‘Los supersonidos de los setenta’ de K-Billy. Un lujo. Por no hablar, es imposible quedarse sólo con una, de la escena final que aquí no desvelaré (sólo digo que. aunque aparantemente no lo parezca, es del todo resolutivo y poco engañosa). ¡Cuidado con el cobarde, ávaro y “profesional” Sr. Rosa!

9.5/10

‘Boardwalk empire’. Palabras mayores.

La socarrona traducción del título original, “El Imperio del Paseo Entablado”, ya nos esencializa a esta magna serie a través de un concreto y específico lugar dentro del universo del hampa en los años 20: Atlantic City. Ciudad de playa y mar, diversión y casinos, lujos y vedettes, pero también, ciudad de mafioseo y contrabando, de corruptelas y narcisismo desatado. Es la época de la ley seca, auspiciada por el Partido Republicano para mejorar la salud y moral de la población. Qué bondadosa y caritativa alma tiene Nucky Thompson, el Tesorero de la ciudad, republicano de pro y ferviente dévoto del club de las abstemias. No dice, en cambio, ni a sus votantes ni a sus súbditos, que es él quien controla el mercadeo y contrabando del alcohol en la ciudad, tejiendo oscuras redes de intereses hasta las vecinas New Jersey y New York, o la lejana Chicago, donde comienza a labrarse un futuro el déspota y atrevido Al Capone.

El imperio diseñado por Terence Winter, con la mano al fondo de Martin Scorsese, me tiene alucinado. No es sólo la gran factura técnica que porta. Tampoco es que el reparto alcance un nivel de excelencia poco habitual gracias a la labor de gente como Steve Buscemi, Michael Pitt (impresionante), Kelly Macdonald, Aleksa Palladino o Michal Shannon. Simplemente, creo que es porque he encontrado un nuevo filón, una joya oculta (o no tanto) en la que congenian dos de mis grandes amores: el cine gangsteril y la HBO (cuánto le debemos a los trajeados y forrados ejecutivos de esta productora). Es un retrato severo de la mafia en aquellos años, pero también de la política, aunque a fin de cuentas viene a ser casi lo mismo. Si la democracia se articulaba para defender los intereses del individuo como fin, entonces Nucky Thompson ha calcado el modelo primigenio de John Locke, introduciendo una diminuta variante: en lugar de una democracia puesta al pie de los intereses generales, fundamentales y naturales de la sociedad, él la instrumentaliza al servicio de sus turbios negocios, números ensangrentados y la corrupción tiránica, alcanzando un poder desmedido que anhela ser un Mesías moderno que todo lo tiene y todo lo puede.

Además de ofrecer un gran protagonista como es Nucky Thompson, a imagen y semajanza, con aire retro, del Tony Soprano que el propio Terence Winter ayudó a  diseñar diez años atrás, se nos presente un importante elenco de secundarios que llenan de calidad el contenido y minutos de esta serie. Hablo de: la señorita Margaret Schroeder, representando de manera lacerante esa eterna lucha entre el bien y el mal; Jimmy Darmody, el gran secundario, un excepcional muchacho que se aleja de la bondad para caer en el pecado, en la maldad del poder codicioso y déspota, representando esa herencia temporal de la figura cesaropapista propia de los años 20 que bien podríamos denominar como la de político gangsteril; Lucky Luciano, Chalky White, Al Capone, Arnold Rothstein o Johnny Torrio, capos y matones por excelencia; Angela Darmody como la bella dama que, en la línea de Kay Adams en ‘El Padrino’ (1972), ve nacer al monstruo, al diablo terrenal, en la figura de su marido, sin poder escapar del mismo; Agente Nelson Van Alden, a ratos representando la cólera de Dios en la tierra, a ratos cayendo en el pecado, pero siempre moviéndose entre las aguas sagradas de la palabra de Dios, entra la salvación, la redención y la condena.

Al fin y al cabo, todos se mueven por un mismo patrón común, que no es otro que el de la lucha entre el bien y el mal, entre esa balanza titubeante que no sabe por qué lado decantarse, aunque tratándose de Atlantic City en los años 20, parece obvio quién vencerá la partida.

9.5/10

‘Things to do in Denver when you’re dead’. Jimmy ‘El Santo’, la hostia en vinagre.

“He estado pensando en un tipo: mi vecino. No tenía hijos, nunca se casó. Sólo era un tipo amable. Le diagnosticaron un cáncer. Y he estado pensando en él. Si en sus últimos días, cuando estaba tumbado en la cama mirando el techo de su pisito de mierda, sabiendo que se iba a morir, ¿No se habrá arrepentido de no haber hecho nunca nada?, ¿no se habrá arrepentido de no haber bailado el foxtrock con una puta de mil dólares la noche?… ¡en un cabaret de París!… Joder Jimmy, hicimos muchas cosas. En aquellos tiempos yo llevaba un sombrero de ala ancha, entraba en cualquier bar, y no necesitaba más. Quizás no debería haber cumplido tanta condena, quizás debería haber sido mejor padre para mis hijos, pero Jimmy, hicimos muchas cosas”.

Un muy buen guionista como es Scott Rosenberg, véase ‘Beautiful girls’ (1996) o ‘High fidelity’ (2000), se iniciaba en el mundo del celuloide con esta historia ejecutada por Gary Fleder, director raso de profesión. Entre el reparto había donde escoger, con buenos actores como Christopher Lloyd, Steve Buscemi, Fairuza Balk o actorazos como Christopher Walken o el mismísimo Andy García, quien daba vida aquí a Jimmy ‘El Santo’, uno de los gángsters más populares de la década de los 90.

Siempre me ha gustado esta película de título tan extenso como clarificador. Al bueno de Jimmy le da por enamorarse de una bella y atractiva joven. Le da por ejercer de protector de una prostituta. Trata de mantenerse limpio, de estar fuera del negocio en el que antaño fue un nombre con mayúsculas. Sin embargo, siempre hay un último trabajo del que nunca consigues escapar. La historia de Jimmy ‘El santo’ con sus copas de yate, con sus alforfones, con su elegante porte de mafioso italiano, supone un viaje al mundo gangsteril cargado de un sentimentalismo especial. Ese derivado del último recital, el último golpe, reminiscencia del toque crepuscular del cine de Peckinpah. Buena película.