‘Trance’. Muñecas rusas.

Trance-349519031-large¿Dónde estará la obra ‘Tormenta en el mar de Galilea’ de Rembrandt? Desde 1990 nadie lo sabe, más allá de la persona que consiguió robarla en el museo Isabelle Stewart Gardner de Boston, en lo que fue uno de los robos más grandes en la historia del arte. Sin embargo, no es el único. Pinturas de Van Gogh, Caravaggio, Cézanne y tantos otros maestros han sido víctimas de famosos robos, envueltos ahora en el misterio de dónde se hallará su secreta guarida.

El británico Danny Boyle estrena nuevo juguete de la mano de John Hodge, habitual compañero en tareas de guión: ‘Trance’. A partir de la planificación de un magistral robo en torno a la obra ‘Vuelo de brujas’, un óleo pintado en 1797 por Goya, la película nos adentrará en una sucesión de acontecimientos del todo frenética, trepidante y tensa. La historia tiene algo de tramposa, sí, pero es un mal menor que para nada empaña al cometido principal de la misma: el digno entretenimiento. 

El talento puro del británico queda patente a partir de este planteamiento con alma de muñecas rusas. ¿Qué sucedería si hubiesen robado una valiosa obra de arte y no recordaran, a causa de la amnesia, dónde se halla esta? James McAvoy, Vincent Cassel y Rosario Dawson nos amenizarán la velada con esta hipnótica narración.

7.5/10 

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’25th hour’. El último día.

25-th-3Un trago amargo. Una sensación de ahogo tremenda en el pecho. Es ‘La última noche’ (2002), escrita por David Benioff (creador, a la postre, de la afamada ‘Juego de tronos’) y dirigida con buen gusto por Spike Lee. El paisaje de la misma viene dado por el Nueva York post 11-s, retratado con sutil belleza por Rodrigo Prieto. Mientras tanto, el reparto se deja el alma en darle veracidad al asunto, en despertar la empatía del espectador e introducir el toque emotivo requerido. Atención a la sensualidad de Anna Paquin, punto y aparte. 

Edward Norton, el verdadero coloso del film, se equivocó. Se movió al margen de la ley, buscando el lucro fácil y la vida despreocupada. Las compañías no fueron las mejores. Nadie le advirtió. Su padre, su novia y sus amigos de toda la vida, simplemente le dejaron hacer. Ahí están, Brian Cox, Rosario Dawson, Barry Pepper y Philip Seymour Hoffman, abatidos ante tal acontecimiento. ¿Y ahora qué, cómo reaccionamos? Un último día duro como el hierro.

Una película magistral que, con toda la serenidad y naturalidad del mundo, nos mete de lleno en un pozo de melancolía, frustración y aflicción. ¿Por qué lo haría?

9/10

‘Sidewalks of New York’. Postales neoyorquinas (II).

Edward Burns volvía a sorprender allá por el 2001 con ‘Las aceras de Nueva York’, una historia sencilla que gravitaba en torno a los enredos propiciados por esa cosa tan loca que tiene distraída a tantísima gente: el amor.

La narrativa se adecuaba al tema, mostrándonos un collage sentimental un tanto alocado, caótico y agitado. Rodeada de un reparto excepcional (Heather Graham, el propio Burns, Stanley Tucci, Britanny Murphy, Rosario Dawson, Dennis Farina, Aida Turturro, David Krumholtz) e impulsada por unos diálogos ingeniosos y atinados, la historia recorre así el sendero en el que ha decidido inmiscuirse, sabedora de los temores que en él acechan: vértigo e imprevisibilidad. Es el amor, mostrado en sus distintas dimensiones (no es exhaustivo): la primera vez, crisis matrimoniales de todo tipo, las dulces amantes y los malévolos infieles, el sempiterno cortejo, las citas románticas, las promesas cumplidas (y también las rotas), los miedos y temores de una nueva relación o las llamadas en espera, distintas situaciones que a más de uno seguro que le parece familiares. Y todo, al abrigo dado por ese fascinante paisaje urbano que siempre propicia una ciudad como Nueva York.

En fin, una comedia tan liviana como agradecida de ver. En tal sencillez y espontaneidad reside el punto fuerte del film, pues Edward Burns consigue así levantar la empatía del espectador, entreteniéndonos la velada con ese romanticismo tan peculiar y cercano que irradian sus historias. Otra postal más para la colección.

7.5/10

‘Kids’. Lacerante retrato generacional.

Larry Clark, cámara en mano, y Harmony Korine, en el guión, son apadrinados por Gus Van Sant para contarnos una historia bastante concisa y explícita: relatar los quehaceres diarios de una generación de adolescentes apilada en el New York de los años 90.

Más concretamente, a tenor de lo visto, se centran en los chic@s de la clase trabajadora neoyorquina. Las drogas como telón de fondo. Fiestas como rutina. Peleas y hurtos como modo de diversión. Familias descompuestas como condimento. Pocos estudios, trabajos precarios. Un sólo objetivo, para un chaval de 15 años atiborrado de hormonas en ebullición, en medio de esta vorágine derrotista: tener sexo. Con quien sea, como sea. Si se trata de desvirgar a muchachas de 12 años, mucho mejor. Son pequeños incentivos para la vida de estos muchachos.

Ni siquiera se dan cuenta del problemón de esta despreocupada vida: el VIH. Pero, a fin de cuentas, de algo hay que morir. Larry Clark no engalana su cinta de ningún modo, pone el dedo en la llaga y aprieta. Aquí, detrás de esa nebulosa juvenil, todo es pesadumbre y dolor.

7/10

‘Unstoppable’. Barato entretenimiento.

El archicomerciarl Tony Scott volvía a la carga con ‘Imparable’, tomando los mandos de la nave desde la producción hasta la dirección. La historia tenía poco misterio: un patoso empleado de la ferroviaria deja suelto a un monstruo de tren a toda velocidad, sin maquinista ni frenos. El objetivo: detenerlo. Menos mal que andaba por ahí un tal Denzel Washington subido al tren del Dólar, nunca mejor dicho, para arreglar el desaguisado en compañía de su noble ayudante, un novato encarnado por Chris Pine.

No se le puede achacar nada a esta cinta. Da lo que promete, lo que el público pide a gritos. Ambienta la acción con esa nebulosa a sensacionalismo barato, utilizando como un elemento más de la trama a las cámaras de la TV. También mete para rellenar el metraje las típicas historias personales facilonas que tanto gustan. Destacar como punto fuerte el no aburrimiento, subiendo la adrenalina por momentos. Además cuenta con caras conocidas, principalmente, un actorazo como Washington en su vertiente comercial, o Rosario Dawson. Todo tiene el punto de sirope final para endulzar el entretenimiento. Lo dicho, para amenizar los ratos muertos. Eso sí, con palomitas.