‘Thelma & Louise’. Mítica.

thelma_y_louise_1991_3No le tengan en cuenta a esta película el hecho de que cuestiones como asesinar a sangre fría, explosionar un camión, realizar un atraco a mano armada o apuntar con un arma a un agente de la ley, parezcan cosas divertidas. Todo tiene su sentido, pues todo ello entra dentro de la temática y mensaje de esta contestataria historia de mujeres al poder.

El mejor Ridley Scott le daba ritmo a una narración en la que brillaban con luz propia Geena Davis y Susan Sarandon. La música venía marcada por el gran Hans Zimmer. En el escaparate del séptimo arte aparecía un tal Brad Pitt. Mientras que el Gran Cañón del Colorado suponía el broche idóneo para constituir uno de los finales más legendarios que se han dado nunca. 

Esto es ‘Thelma & Louise’, uno de los títulos más emblemáticos de los noventa. Un merecido homenaje, totalmente transgresor y desenfrenado, hacia la liberación de las mujeres. Lo dicho, mítica.

7.5/10  

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‘Alien’. El octavo pasajero.

En 1979, Ridley Scott emergía como un cineasta de fulgor deslumbrante gracias a ‘Alien’, todo un clásico ya del séptimo arte. Sus efectos especiales eran “la hostia, rompedores, chachipirulis” y demás calificativos que se le quieran dedicar. Y es cierto. Aunque no se debe perder de vista que aquéllo no es más que un complemento puesto al servicio de la historia, el medio que permite alcanzar el fin: crear al monstruo, al extraño, al desconocido, más inquietante que ha parido Hollywood. Hablo, por supuesto, de Alien.

Un desasosegante inicio marcaba el punto de partida de una agonía crónica para nuestros siete tripulantes. La asfixia ya no cesará en ningún momento, aunque nos sea presentada armoniosamente y a ritmo “in crescendo”. Desde el desorientado despertar hasta el aterrizaje en el agreste planeta, pasando por la cacería interestelar y viscosa brindada por el octavo pasajero, todo irá devorando nuestros “sadistas” nervios y malheridas uñas. Ya no habrá marcha atrás para nosotros, sufriendo al compás que marca el maltrecho y arritmico corazón de Ripley. 

En fin, quién todavía no haya tenido el gusto de ver ‘Alien’ (básicamente las nuevas generaciones), tiene ante sí uno de los mayores privilegios que concede el séptimo arte: esa extraña sensación, indefinible, que te invade por dentro hasta el momento de darle al play. Aquí tenemos, ni más ni menos, la mejor combinación que ha dado el cine entre los géneros del terror, la intriga y la ciencia-ficción. El poderío visual que alcanzan las imágenes ofrecidas por Ridley Scott, se pone al servicio de una narrativa equilibrada, calculada y metódica, un lirismo de impronta tenebrista, inusual en este tipo de cintas, que nos depara, con todo, una obra de ingeniería angustiosa, terrorífica y, contradicciones de la vida, plenamente gozosa. Mítica.  

9/10

‘La sombra del testigo’. Un amor imposible.

Cuando a Mike Keegan, un inspector de policía del barrio de Queens, le digan que le han trasladado a la lujosa y placentera Manhattan, no esperará ni en la peor de sus pesadillas tener un recibimiento más nefasto: le asignarán la defensa y protección de Claire Gregory, una testigo crucial de un asesinato en la alta sociedad neoyorquina.

‘La sombra del testigo’ no es, ni mucho menos, una cinta cargada de suspense e intriga. En ese sentido, la trama es obvia y predecible. Aquí está en juego el trasfondo de la acción. Es decir, la relación amorosa que nace entre el rudo, humilde y trabajador inspector, y la exquisita y lujosa señorita de la clase alta neoyorquina.

Ridley Scott narra como la pasión va abriéndose camino entre ambos, los dilemas familiares (una Lorraine Bracco sensacional) que ello conlleva, sus conflictos, la reacción de sus más cercanos frente a tal situación. El mundo, en apariencia invisible, que existe entre dos personas que están en las antípodas de la sociedad se reflejará de una manera muy realista.

Tom Berenguer, Mimi Rogers y Lorraine Bracco, nos han regalado una historia de amor imposible. Con los toques suficientes de intriga para crear la atmósfera idónea a la acción. Una atmósfera asfixiante donde el fuego cruzado, la sangre, la pasión y el imposible se entrelazaran, se darán de la mano para ofrecernos una gran historia. Estamos ante la cara buena de Ridley Scott.

‘Black Rain’. Mucho ruido y pocas nueces.

Nick (Michael Douglas) es un policía neoyorquino. Todo un tipo duro. De esos que montan en moto (¡cuántos ha habido desde Marlon Brando en The Wild One!) esperando que alguien de su misma especie le rete para jugarse la vida en una insignificante carrera por cuatro míseros dólares. De esos que no dudan en partirle la cara al primero que le mire más de la cuenta, y si la cosa se pone complicada desenfundar el arma con una velocidad tremenda para aniquilarte con preciso disparo. De esos que se cree que cuanto más duro y mas machote, mejor policía es. Vamos, que es todo un modelo a seguir por nuestras juventudes.

Quizás por ello, su mujer lo abandone y su vida personal esté envuelta en una vorágine de derrotas. Sus obligaciones económicas para con su mujer son interminables. Prácticamente no ve a sus hijos. Asuntos internos le sigue el rastro por presunto caso de corrupción. Sin embargo, a él todo ello le da igual. Él es un tipo duro. Tan duro, que un día comiendo en un restaurante con su compañero y amigo Charlie (Andy Garcia), presencian como un capo mafioso japonés (el malo malísimo de la película), también muy duro él, a cada cual más, asesina a dos personas. Como no, ambos, tanto el poli malo (Douglas) como el poli bueno (Garcia), irán tras él y lo capturarán. Pero no bastará sólo con eso, la cosa se pondrá muy cruda cuando les digan, desde arriba, que deben escoltarlo hasta Japón, pues es un asunto de estado y no se puede hacer nada ante ello. No es necesario decir, que aún no habrán pisado suelo japonés cuando ya se les habrá escapado el avispado mafioso.

¡He aquí la cuestión! La esencia del film. Tipo duro japonés contra tipo duro americano. Un cara a cara en medio de las calles de Japón, en medio de una guerra de clanes mafiosos, una guerra por el control de la falsificación de billetes. Una guerra en la que se meterá de lleno el rudo de Nick, y en la que sólo tendrá como apoyo (aparte de a sí mismo, que ya es) al apuesto y honrado Charlie, al extraño e incomprendido oficial japonés y a una mujer de Chicago que regenta un local de alterne en Japón. 

‘Black Rain’, no supone más que una decepción. Uno siente al ver esta cinta que hay una gran cantidad de talento desaprovechado. Una cinta hueca (ni choque cultural ni nada, sólo más de lo mismo). A Ridley Scott se le debe exigir mucho más que thrillers comerciales como éste. Aunque la caótica Japón que nos retrata Ridley es similar (en apariencia) a la atmósfera asfixiante de Blade Runner, su obra cumbre, no estamos ni de lejos ante un producto similar. Éste, no es mas que un producto de encargo. Una fácil manera de embolsarse dinerito fresco en los bolsillos. A pesar de ser cine comercial de decente calidad (aún se deja ver), sólo cabe decir: Éste no es el camino, Ridley.

Votación | 2/5

‘Blade Runner’. Un futuro muy real.

Blade Runner fue estrenada en 1982, con un guión basado en la novela, Do Androids Dream of Electrical Sheep?, de Philip K. Dick, y una dirección a cargo de uno de los grandes directores del momento, Ridley Scott.

El film, pese a tener un frío recibimiento en su momento, se ha ido convirtiendo en un referente de la ciencia-ficción y ha llegado a ser considerada por muchos como una película de culto.

Blade Runner es una película de múltiples significados y lecturas, su historia transcurre en Los Angeles durante el año 2019, y en su inicio se nos presenta como una cacería hacia un grupo minoritario de la sociedad, los replicantes. La historia no se queda estancada aquí, a partir de esta cacería se desarrolla una importante historia en un contexto determinado.

El contexto en el que se sitúa el film, es un contexto futuro sí, pero a la vez el futuro más real que se haya podido reflejar en una película de ciencia-ficción.

Vemos que hay un grupo minoritario, los replicantes, utilizados como mano de obra esclavizada y perseguido por la sociedad en el momento en que deciden internarse en la Tierra. No hay que irse muy lejos para encontrar casos similares en la realidad actual, el trato a la inmigración ilegal sería un buen ejemplo.

Vemos que la Tierra es oscura y agobiante, no hay claridad en todo el film y la lluvia es persistente y se deja ver en el día a día. Este punto también es muy realista por el contemporáneo debate sobre el cambio climático, porque nuestro actual sistema de desarrollo bien nos podría conducir a un futuro como el de Blade Runner.

Vemos que los ricos han huido de este mundo, se han recluido en las colonias exteriores y han dejado atrás una Tierra poblada por los nuevos pobres, una sociedad totalmente mestiza, tullida y enferma.

Se nos presenta una estratificación social futura causada por el desigual reparto de el capital, pero es importante señalar que no es nada utópico la existencia de esos mundos paralelos entre ricos y pobres, la sociedad parece ir evolucionando hacia esos mundos paralelos ya existentes hoy en día, como pude apreciar en una película mexicana, La Zona, que ví recientemente, y que guarda mucha relación con este apartado tratado en Blade Runner, ya que parece como que la sociedad va mutando, va separándose, va andando por un camino espinoso, controlado por el capital, que puede abocar en un futuro como el que nos muestra Blade Runner.

El tema del capitalismo me parece clave en el film, ya que es el centro de todo, ha provocado que el mundo cruce esa línea entre el bien y el mal. Ha destruido la Tierra, la cohesión social y cualquier resquicio existente de solidaridad. Además el capital, representado por la Tyrrel Corporation, se ha permitido el lujo de crear a través de la bioquímica y la biología molecular personas a imagen y semejanza de su dueño, convirtiendo así al capital en el nuevo Dios (de la biomecánica) de las generaciones replicantes y, no tan replicantes, del futuro.

Este es el contexto que nos muestra Ridley Scott, y en el que se desarrolla, para mí, la idea principal del film, la existencia humana.

Las preguntas: ¿Quién soy?, ¿De dónde vengo?, ¿Adónde voy?, nos muestran el dilema moral que sufren los replicantes, pero no sólo ellos, también lo sufrimos nosotros.

En el caso de Roy y el resto de personajes perseguidos, las respuestas para el espectador son claras, son replicantes creados por la figura mas cruel del capital en el futuro, Tyrrel, y van hacia una muerte inminente por la corta duración de su vida programada.

Pero ellos al igual que los humanos luchan por encontrar respuestas a estas preguntas, nos muestran mediante sus actos que al igual que nosotros, necesitan recurrir a las fotografías, a los recuerdos, a nuestras experiencias y familias para saber de donde venimos y quienes somos. Ellos, al igual que nosotros, luchan por sus vidas, por alargarlas.

El mensaje que yo trato de extraer del film es el de si realmente, ¿queremos dirigirnos, los humanos, hacia esa existencia, no tan lejana, que nos muestra Blade Runner?.

Mi respuesta la encuentro reflejada en la justificación que da Deckard (voz en off) acerca del momento en que Roy le salva la vida:

No sé por qué me salvó la vida. Quizás en esos últimos momentos amaba la vida más de lo que la había amado nunca. No sólo su vida; la vida de todos, mi vida.

Votación | 5/5