‘The place beyond the pines’. Desolación.

place-beyond-the-pines-posterTras deslumbrar con la hiriente ‘Blue valentine’ (2010), Derek Cianfrance se atrevía con una ambiciosa obra, ‘The place beyond the pines’, cuyo extenso metraje ofrecía como resultado una narración irregular y descompensada.

La derrota es el tema principal de la película. Sinsabores que se prolongan a lo largo del tiempo, presentándose en las distintas generaciones. El paisaje queda pincelado, sobre todo, a través de la familia. Por tanto, asistimos a un drama familiar potente cuando aparecen en escena el tándem formado por Ryan Gosling y Eva Mendes, apoyándose aquél, a su vez, en las derivas emocionales de Bradley Cooper o en la introvertida vida de Dane DeHaan.   

‘Cruce de caminos’ contiene sentimiento puro, cierto. Le podemos achacar, sin embargo, la ausencia de naturalidad, sentir la historia más cercana, tal como sucedía en ‘Blue valentine’. Con todo, un relato lleno de amargura y desolación digno de ver.

7.5/10

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‘Identity’. En la mente de un psicópata.

1824Noche de frío y tormenta. Diez desconocidos, por azares de la vida, terminarán reunidos en un motel barato perdido en mitad de la nada. Pronto, se darán cuenta de que entre ellos anda un asesino con ganas de marcha.

Es la premisa con la que abre ‘Identidad’, película dirigida por James Mangold, notable cineasta, quien conduce con buen pulso la historia escrita por Michael Cooney. Conviene realzar la magnífica labor de casting aquí realizada, pues se consiguió juntar a un conjunto de actores, que sin ser pesos pesados, componen un cartel de lujo: Ray Liotta, John Cusack, Amanda Peet, John Hawkes, Alfred Molina, Clea DuVall o Rebecca De Mornay, entre otros.  

Un thriller que cautiva e inquieta. Se palpa la tensión, la intriga está bien pulida y nos encontramos con un final que no deja ningún cabo suelto, cosa extraña para este tipo de cintas. Total, un lujo. Una grata noticia, siempre que, eso sí, estén dispuestos a adentrarse en la mente de un psicópata. Vaya escalofrío.

7.5/10

‘Killing them softly’. Los bajos fondos a día de hoy.

Matalos_suavemente-949505272-largePartidas ilegales que son atracadas. Gángsters de poca monta y mafiosos trajeados que buscan ajustar cuentas. Miserables que hacen el trabajo sucio. Los brindis al sol de los políticos en televisión. Y los matones que aceptan el encargo. Estamos ante ‘Mátalos suavemente’.  

La película nos muestra la sideral distancia que existe entre los idílicos discursos de los políticos estadounidenses (George W. Bush o Barack Obama) y la mugrienta vida en los bajos fondos de una ciudad cualquiera del país. Esta es la cruda realidad, parece querer decirnos Andrew Dominik. El ojo crítico del director luce especialmente cuando aparecen en escena el desgraciado de Scoot McNairy, el metódico Brad Pitt o el lastimoso Ray Liotta. Grandes nombres y gran diálogo el de James Gandolfini en la habitación del hotel. Detalles de lujo, sí. Pero la cinta se pierde, se enrevesa.   

Todo es porque el autor de la misma trata de definir un estilo diferenciador. Busca brillar con luz propia a través de una narrativa singular, provocativa y… tediosa. El intento es fallido. La historia peca de simple, plana y reiterativa. ¿Tiene momentos de gloria? Pues sí. Pero, con todo, este paseo por los bajos fondos no pasará a la historia del cine.

En cualquier caso, recuerden siempre: “América no es un jodido país. Es un negocio. Así que págame lo que me debes“. Lástima que la película no esté a la altura de la reflexión.

6.5/10

‘Narc’. Miserias policiales (II).

narcA Joe Carnahan poca gente lo conoce. Normal, pienso, pues tampoco es un cineasta que raye lo excelso. Sin embargo, el tipo podrá contarle a sus nietos, entre otras cosas, que fue él quien escribió la notable ‘Pride and glory’ (2008), y que un buen día la crítica mundial lo ensalzó al parir la obra que aquí nos ocupa: ‘Narc’.

El centro gravitatorio del film no es otro que la fatalidad y la desgracia que envuelven a esas personas que integran las brigadas de narcóticos y antivicio. Las miserias, en definitiva, que acompañan a quienes viven en primera línea de combate, entre el bien y el mal. Es difícil identificar un atisbo de felicidad en el mundo ideado por Carnahan. Su cámara desentraña, de un modo tan pausado como hiriente, la delgada línea que separa la legalidad de la ilegalidad (con todas las consecuencias morales, familiares, personales, que ello supone), sirviéndose de una correcta intriga para cumplir con tal cometido.

En fin, quien esté dispuesto a visionar ‘Narc’ ya sabe lo que va a encontrar: un sórdido viaje hacia las tinieblas. Película que posee calidad y oficio. No es James Gray, pero es lo más parecido que uno puede encontrar en la actualidad. Notable.

7.5/10 

‘Cop land’. Fango policial.

Nos cuentan en el prólogo de la película que un grupo de policías logró crear su propia ciudad en las afueras de New York, lejos de la hiperactividad de la gran orbe, viviendo el gran sueño americano de un modo plácido y sereno. También dicen que Freddy Heflin, un héroe local que rescató a una joven de una muerte segura, nunca pudo ser policía a causa de una sordera propiciada por tan noble acto, por lo que cumplía el perfil idóneo para ser el sheriff de Cop Land.

Un accidente, un doble homicidio involuntario será la mecha que encienda la historia de este buen policíaco. James Mangold consigue crear una atmósfera creíble, cautivadora. La intriga es notable, inmiscuyéndose en las lagunas del sistema, repleta ésta de agentes policiales corruptos cuyas manos están manchadas de sangre. El cuerpo de asuntos internos, junto al carismático sheriff local, serán los artífices de arreglar el honor mancillado, de luchar por el respeto a la ley. 

La historia tiene sus límites, aunque explota sus virtudes. No es una obra maestra, pero sí tiene destellos de grandeza. James Mangold ya daba indicios aquí de ser un cineasta seguro, de calidad (exceptuemos ‘Noche y día’), sabiéndole sacar todo el jugo posible a un reparto de auténtico escándalo: Robert De Niro, Sylvester Stallone, Michael Rapaport, Harvey Keitel, Ray Liotta, Peter Berg, Robert Patrick o Noah Emmerich. En fin, notable película.

7.5/10

‘Field of dreams’. Empalagosa.

Costner, por lo visto, tuvo una adolescencia jodida. Eran los años 60 y al tío le dio por ponerse rebelde. Tanto que a los 16 años se marchó de casa, discutiendo a malas con su padre. Ahora, pasado el tiempo, la vida le ha tratado bien: está felizmente casado, tiene una hija y es propietario de una extensa y productiva granja. Lo malo es que no consigue perdonarse aquel resentimiento que le guardó a su padre, una espinita que jamás ha logrado quitarse, ni perdonarse. Una voz parecerá abrirle el camino de la reconciliación en forma de campo de béisbol, ese deporte del que tanto les gustaba hablar (y jugar) a su padre y a él mismo.

Pastelona historia que ahondaba en el tema de las relaciones conflictivas padres/hijos, pero desde una perspectiva excesivamente sensiblera. Gravitando en torno al mundo del béisbol, éste servía de excusa ideal para que una vocecita se clavara como un punzón en el coco de Kevin, moviendo éste, a partir de entonces, una serie de piezas (jugadores sancionados; escritor pacifista; médico de pueblo) que acabarán por completar este azucarado puzzle. Culmina con una emotiva escena final, con sirope a mansalva de por medio, que cierra el sueño de paz (interior) del pobre Costner. Lo dicho, a quien le guste el dulce, esta es su película.

Con todo, la pregunta del millón: ¿Cómo consiguió estar nominada a mejor película y guión en los Oscars del 89?

5.5/10

‘Unlawful entry’. Cara a cara.

‘Falsa seducción’ no ha pasado a los anales del cine. No cosechó grandes recaudaciones el año de su estreno, la crítica no se volcó a sus pies, ni arrasó en la gala de los Oscars de 1992 (el honor fue para ‘Sin perdón’). Pero eso imagino que ya lo sabían tanto la Fox, como el dúo que parió esta interesante intriga, Jonathan Kaplan y Lewis Colick, director y guionista, respectivamente, de cierta reputación en el mundillo hollywoodense.

Michael y Karen Carr sufrirán una traumática experiencia cuando un delincuente asalte su domicilio de un barrio residencial de una gran ciudad estadounidense en mitad de la noche. El pánico se apoderará de élla. La venganza y la ira de él. En medio, el agente policial que atendió su llamada de auxilio, Pete Davis, será visto como el súmmum de la seguridad por este par de tortolitos aterrados. El problema es que detrás de esa imagen impoluta de justiciero al servicio de la ley, se esconderá una terrible obsesión por las curvas de esa refinada y pulcra señorita de clase media/alta, provocando la feroz lucha entre los dos bravucones galanes.

Las expectativas, en cuanto a lo que me iba a encontrar, eran bajas. De ahí que esta olvidadiza cinta me haya resultado simpática. Incluso diría que me ha gustado. Para empezar, la historia en sí no está nada mal. Posee una tensión inherente que se te contagia durante toda la narración. Es decir, tanto el guión como la dirección son correctas. La lucha entre el gato y el ratón (o ratones), con sus miedos, trampas e inquietudes, está conseguida, apoyándose la misma en unas buenas interpretaciones a cargo de Kurt Russell (entre mis favoritos), Ray Liotta y Madeleine Stowe.

Con todo, resulta una cinta meritoria que para nada aburre (principal cometido) y que hasta se deja ver con agrado. Un cara a cara de pulso frenético que ahonda en las inseguridades y miedos del ciudadano medio, explayándose de lo lindo en la psicótica leyenda urbanita aquí representada con el fin de entretenernos la velada.

6.5/10

‘Unforgettable’. Tan original como rutinaria.

Esta cinta parte de una premisa innovadora. Es decir, te engatusa con una sinopsis, que a simple vista, promete un thriller atractivo. El centro gravitatorio del mismo es un macabro asesinato en el que David, médico forense empleado para la policía de Seattle, perdió a su esposa. ¿Quién la asesinaría? Lo acusaron a él mismo, casi al mismo tiempo que lo absolvieron. ¿Fue él? Lo cierto es que no lo recuerda. No recuerda nada. Pero ahora contará con la ayuda de Martha, una científica transgresora que ha encontrado la receta para meterse en la memoria de otras personas, pudiendo así esclarecer el turbio asunto.

Lo dicho, posee un marco encadilador. Tiene una dirección decente, a cargo de John Dahl, y un reparto cumplidor (destacan Ray Liotta y Linda Fiorentino), además de presentar una factura técnica, en general, correcta. Cierto es que la idea del método científico está cogida con alfileres, menoscabando ya la reputación del film. Por tanto, ya sabemos que no nos vamos a encontrar aquí con una obra maestra. Pero sí esperamos, en cambio, un film decente que nos amenice la velada.

A fin de cuentas, eso es lo que es ‘Unforgettable’, puro entretenimiento con atisbos de originalidad, combinando la rutina del thriller policíaco de segunda categoría con el género de ciencia-ficción chabacanero. Se ve, y se digiere, con gusto, puesto que da lo que promete. No obstante, tiene dos grandes problemones: uno, no perdura; dos, a los cincuenta minutos ya sabes quién es el asesino. Cinta, cento per cento, comercial que nos sirve para llenar algún que otro rato libre.

6/10

‘Goodfellas’. Gángsters.

‘Uno de los nuestros’ supone la obra cúlmen de Martin Scorsese dentro de la temática del costumbrismo gangsteril que tanto le gustaba tratar. Aquí, el cineasta disecciona al completo el mundo que envuelve al crimen organizado, y lo hace comenzando desde la niñez, desde los orígenes en el barrio.

A los cinco minutos de comenzar, uno ya ha entrado en el mundo de Scorsese. Ése en el que se relata la fascinación por el hampa, representada por Henry Hill, un muchacho criado en Brooklyn socializado en un contexto bastante directo: el éxito, amigo, viene dado por el crimen organizado. Él no quería ser un mediocre más, uno de esos que se pasa la vida trabajando y trabajando para malvivir. Su ilusión era ser gángster. Y lo consiguió, pasando de ser el chico de los recados de Poli Cicero, el capo local, a un auténtico soldado, ya adulto, puesto al servicio de la familia.

El inicio de ‘Goodfellas’ es demoledor, brava exposición de cómo en la periferia (cargada de inmigrantes), allá por los 70, el sistema democrático (con una oferta de bienestar de corte liberal) era derrotado por un sistema alternativo, el de la mafia, en el que la protección (previo pago obligatorio) la daba el capo (untando a policías y jueces) y el negocio venía dado por la extorsión y el robo a gran escala, principalmente. Nunca daban duro por peseta (genial la historieta del dueño del restaurante desplumado). Ése era el negocio. Y bien que lo sabían Henry Hill (un correcto Ray Liotta), Jimmy Conway (simplemente, Robert De Niro) y Tommy DeVito (magno Joes Pesci).

Eran los buenos chicos, aquellos que sabían cómo estaba montado el tinglado y qué reglas de juego existían, lucrándose y levantado su personal imperio gangsteril, rodeados de dinero sucio, buenos coches, pulcros trajes, vicios por doquier y chicas fáciles a su servicio. Pero también, casi siempre, de una formal y modosa esposa. Aquí ese papel lo ejerce Karen, una fabulosa Lorraine Bracco. A través de su mirada logramos empatizar con el mundo desconocido pero atractivo que nos presenta el cineasta. Un mundo de lujos fáciles, pero con una turbiedad manifiesta envolviéndolos. Es el auge del gángster. Un auge que puede acompañarse de prisión, riesgo inherente. Pero qué prisión, siendo amos y señores del correccional. Scorsese los escenifica a la perfección, con su peculiar ritmo narrativo, tan sutil como directo, trazando su obra sin olvidar las dinámicas internas y las interacciones que pueden darse al vivir rodeado de maleantes como Jimmy, genial ladrón, o Tommy, un sanguinario enano (le va que ni pintado el papel). Brutales son las andanzas diarias de ambos dos, acompañados siempre por Henry, rallando la perfección, como paradigma de todo, el atraco a Lufthansa ideado por Jimmy.

La caída viene dada por la droga. Un negocio mal visto por los hombres tradicionales. Extorsiona, roba, asesina, pero no trafiques con droga. Es una de las premisas básicas de la familia. Una directriz no respetada por nuestros chicos, quiénes ven en este mundo una vía de hacer dinero fácil a espaldas de la familia (y el consiguiente tributo). A ello se le suma el pago de cuentas del pasado todavía pendientes, señalizadas, casi siempre, por la violencia desmedida con la que actuaba la camarilla, a iniciativa siempre de Tommy. Mucho hándicaps en contra del trío protagonista, logrando Scorsese, en su narración, un desplome veraz y angustioso. Porque caer en el mundo del hampa, no es como caer en cualquier otro lado. Aquí, el tipo que te liquida no discute, ni empuja ni bravucona. Simplemente te sonríe, y antes de que te des cuenta, ya te ha liquidado. Es la paranoia que azota al coco de Henry, siempre exagerada por la sombra alargada y latente de la ley. Gran escena, como ejemplo de esta parte, la escena entre Karen y Jimmy.

Con todo, Martin Scorsese nos brindaba en 1990 un placer desmedido gracia a ‘Uno de los nuestros’. Es una obra impagable, hecha con pasión y esmero, siempre partiendo de la fascinación del cineasta por ese mundo de hombres trajeados, puros caros, violencia a tutiplén, dinero fácil y fuego cruzado. Posee todas las grandes cualidades que caracterizan al costumbrismo gangsteril de Scorsese, combinando el detallismo con la algarabía, y el caos con la armonía.  Como ya hemos dicho, ‘Goodfellas’ supone la madurez narrativa y argumental del cineasta para con este tipo de cine. Obra maestra.

9.5/10