‘Django unchained’. Placentera extrañeza.

django_unchained_ver8_xlgEl mejor Quentin Tarantino, probablemente, nunca volverá. Hablo, por supuesto, de su obra temprana. Hablo de ‘Reservoir dogs’ (1992), ‘True romance’ (1993), ‘Pulp fiction’ (1994) y ‘Jackie Brown’ (1997). Cintas en las que el autor se sumergía en las entrañas del universo gangsteril moderno de un modo tan peculiar como placentero.

Aquello ya forma parte del pasado. Ahora, el de Knoxville se divierte haciendo cosas como ‘Django unchained’, un spaguetti western que ha cogido descolocado a más de uno y de dos.  ¿Cuántos años hace que sepultaron al susodicho género?, se preguntan muchos. Pues sí, Tarantino funciona con dinámica propia, es punto y aparte. Sigue, por tanto, la corriente iniciada por ‘Kill Bill’ (2003) y seguida por ‘Inglorious bastards’ (2009), en la que uno percibe la sensación de que el cineasta simplemente da rienda suelta a sus caprichos.      

El universo tarantinesco de diálogos memorables, escenas estrambóticas y violencia al por mayor, no defrauda al público. ‘Django’ contiene la esencia de su cine y, además, cuenta en el cartel con Waltz y DiCaprio, dos titanes que brillan con luz propia. Servida a través de una factura técnica intachable, lo cierto es que esta historia de amores esclavos consigue combinar distintos palos dando como resultado una singular melodía. Una extrañez más que degustar. En fin, Tarantino.

8/10

‘Kill Bill: Volume 2’. Venganza (II).

La pedantería se descubrió de nuevo ante Tarantino. Todos aquéllos que lo habían degollado por su Volumen Primero, caían rendidos a sus pies ahora, hipnotizados por una palabra que no podían quitarse de la mente: diaaálogos, diaaálogos, diaaálogos. Estaban perplejos, ellos que ya habían perdido la fe después de todo, babeando con vocablos tales como profundidad, riqueza, complejidad o diaaálogos. “Este sí es nuestro Tarantino”, exclamaban enloquecidos, con los ojos desencajados, mientras prendían fuego a la caja que contenía el dvd del primer volumen y, ya de paso, al póster de regalo que incluía. Quizás sea un tanto necio, pero a mí el personaje de Black Mamba me parecía lo suficientemente profundo en el primer volumen. Al menos, si eres capaz de desatar tu estrechez de miras y lo analizas dentro de la profundidad que cabe exigirle a una historia ¡atención señores! de acción.

Nuevamente la cinta vuelve a estructurarse en torno a cinco capítulos: la masacre en Two Pines; la solitaria tumba de Paula Schultz; el cruel tutelaje de Pai Mei; Elle y yo; cara a cara. Sin embargo, en este segundo volumen, Tarantino se torna mucho más moderado. La violencia irracional, desmedida y explícita de la primera entrega (básicamente, de su capítulo quinto), desaparece ahora. El final es cercano, y a Bill todavía no le conocemos. Es su momento, y de hecho tendrá dos capítulos que le rendirán pleitesía (primero y último). Luego, habrá uno destinado al aprendizaje en las artes marciales de la Novia, más uno para cada nombre de la lista (Elle y Budd).

En líneas generales, la cinta vuelve a ser de sobresaliente. Si en la primera había una focalización desequilibrada en torno al personaje de O-Ren (con un último capítulo un tanto largo en su metraje), aquí la hay con Bill. Pero, en cualquier caso, me quedo con el episodio de Budd, ese pobre y desgraciado con final tan infeliz al que da vida el siempre bravo Michael Madsen.

La esencia de la primera película sigue intacta. Artes marciales y venganza. No obstante, ya no hay tanta violencia irracional (salvo el capítulo de Elle), y sí más peso a los diálogos. El primero sí es una pieza maestra, y el tercero vuelve a rendir total homenaje a las artes marciales por la vía del aprendizaje. Al contrario de lo que muchos piensan, el último capítulo, pese a todo, no me cautiva. Tarantino se preocupa en demasía de “aclarárselo” todo al espectador a través del suero “de la verdad”, fórmula, como ya ven, del todo ingeniosa y profunda. Esto es, el genial cineasta falla en lo que el nunca falla: chispa en los diálogos. ¡Me importaban tres bledos y un pepino los motivos que tuviese Bill para hacer lo que hizo! De hecho, el propio personaje afirma ser un “natural born killer”. Pero es que señores, ¡eso ya lo sabíamos! ¡Ay con los diálogos! ¡Vaya que profundidad le han dado a Bill los malditos diálogos del último capítulo! En fin, no critico los diálogos de Tarantino. Ni mucho menos. Lo que critico es la pedantería de muchos que se enfurecen cuando aparecen katanas, pero saltan de alegría cuando se enteran de que Bill era un niño caprichoso de 70 tacos que tuvo un arrebato de celos cuando la Mamba lo dejó, y por eso fue a por ella. Qué fuerte, tía. Ah, se siente, había un diálogo de por medio.

A lo que vamos, genial historia que cabe enjuiciarla en compañía de su primer volumen. Atendiendo al conjunto, encontramos un prólogo  magistral (capítulo 2 y 6), una galería de personajes variada, pero que sólo gana en riqueza cuando le interesa al maestro (capítulo 3 para O-Ren, parte del 6 y 7 para Budd, y destellos para muchos), un contexto atractivo como el de las artes marciales (grandes capítulos el 4 y el 8), la venganza, pura y dura, como leit motiv (capítulo 1, 5 y 9) y la lucha de titanes, del todo sentimental, al final (capítulo 10). En fin, atractiva, compleja y maestra combinación entre tres de las pasiones declaradas del cineasta de Knoxville: artes marciales, violencia y Uma Thurman.

9/10

‘Kill Bill: Volume 1’. Venganza.

“Cuando la fortuna te sonríe al llevar a cabo a algo tan violento y feo como la venganza, es una prueba irrefutable no sólo de que Dios existe, sino de que estás cumpliendo su voluntad” (Black Mamba).  

“La venganza es un plato que se sirve mejor frío” (Viejo Proverbio Klingon).  

Beatriz Kiddo, Black Mamba o la Novia. La pueden llamar como más les plazca. El caso es que los tres nombres designan a un mismo personaje, pieza capital de la sanguinolenta obra de Quentin Tarantino, ‘Kill Bill’, el cual es interpretado por la sensacional Uma Thurman, actriz fetiche del excéntrico autor cinematográfico.

Estamos en El Paso, Texas. Una mujer, suponemos, es feliz, pues ni más ni menos que celebra su boda en una capilla polvorienta perdida en mitad del árido desierto que tanto le gusta retratar al bueno de Quentin. De pronto, aparece el “Escuadrón Asesino Víbora Letal”, antaño compañeros de fechorías de Black Mamba, integrado por Vernita Green (Vivica A. Fox), O-Ren Isii (Lucy Liu), Elle Driver (Daryl Hannah), y Budd (Michael Madsen), y dirigido por Bill (David Carradine). Le han traído su particular regalo de boda: la muerte por la vía del linchamiento y el disparo a quemarropa. La Novia susurra, como pidiendo clemencia, y exhala… “es tuyo, Bill”.

Decía el rudo sheriff, “fíjate: cabello color heno, bonitos ojos, es como un ángel ensangrentado“. Tenía razón en lo de ensangrentado, pero erraba, al igual que Bill y su escuadrón, al suponer que esa sangre iba asociada con la muerte. La Novia vivía. Aguantaría cuatro años y medio en estado de coma, y despertaría con una terrible imagen clavada a fuego en su mente: Bill metiéndole un disparo en el cráneo. Lo tenía bastante claro: una lista, cinco nombres y venganza.

La cinta queda estructurada en cinco capítulos: 2; la Novia ensangrentada; el origen de O-Ren; el hombre de Okinawa; ajuste de cuentas en la casa de las hojas azules. De éstos, el primero contendrá la primera venganza mostrada (que realmente será la segunda) contra Vernita Green, el segundo nos mostrará el prólogo necesario para situar al espectador, y los tres últimos, con un peso central en la película, muestran la esencia de esta primera cinta de la saga,  alimentada por katanas, tradición japonesa y combates. 

Los feligreses del moderno autor no acababan de ponerse de acuerdo en torno a ‘Kill Bill’. Unos la admiraban, otros la repudiaban, y los últimos no la comprendían (¿qué pinta esto en su carrera?). Sólo por la adictiva y extraña banda sonora, o por la singularidad del tercer capítulo (anime japonés), yo ya estoy en el primer saco. Aunque hay más, pues Quentin Tarantino se servía de algo tan placentero, cuando eres un amante de la violencia explícita y la sangre a borbotones (cinematográficamente hablando), como la venganza, para rendir un auténtico homenaje a las artes marciales. El cineasta combina dos de sus pasiones (¿acaso pueden ir separadas?), violencia y artes marciales, para conjugar una obra mítica, talentosa y genial.

9/10 


‘From dusk till dawn’. Titty twister.

Tarantino ya tenía caché cuando se lanzó, de un modo tan gamberro, a escribir/estrenar ‘Abierto hasta el amanecer’. Había mostrado sus dotes con ‘Reservoir dogs’ (1992), nos había dejado alucinados con el guión de la mítica ‘True romance’ (1993), y ya formaba parte de la historia del cine por la excelentísima ‘Pulp fiction’ (1994). Era el año 95, y tocaba divertirse. Sí señor, y qué mejor colega que un tal Robert Rodríguez para conseguir tal cometido por cuenta doble: ‘Four rooms’ y la obra que aquí nos ocupa. La fiesta la pagaron los hermanos Weinstein (por la vía Miramax) y los chicos de A band apart (Lawrence Bender, además de los coautores de esta cinta), engalanándola, hablando de reparto, con el feo de Tarantino, un tal George Clooney (aún no era el galán del nespresso), valores consagrados como Harvey Keitel o Juliette Lewis, sin olvidar al mítico Danny Trejo ni a la incendiaria Salma Hayek.

Hay dos partes claramente diferenciadas en esta película, y México ejerce de frontera entre ambas dos. Una, la primera, me gusta mucho. La lógica que marca el ritmo no es otra que la huida de los reos (con secuestro incluido) hacia la libertad (entendida, por nuestros protagonistas, como una farra crónica). De un modo u otro, el prólogo está en el top10 del cine americano de los 90. Es el momento culmen, así de inicio, de las fechorías de los hermanitos. Pero no conviene olvidar la magistral interacción entre los criminales bravucones y la familia del reverendo (sí, la tensión sexual enfermiza entre Tarantino y Lewis es de lo mejor de la cinta). Luego, pasada la vibrante escena de la frontera, viene la segunda parte: México, el desierto y ‘La teta enroscada’. Ojito porque aquí tienen una de las cintas, con vampiros de por medio, más fresca, alocada y divertida que ha parido Hollywood en su larga vida (gracias a los Weinstein por meter su dinero en esta barbarie argumental). El baile de la Hayek es el preliminar idóneo para abrir el apetito ante la cascada fanfarrona, chulesca, colmillera y sanguinolenta que inunda nuestra atención.

En fin, admitiendo cierto grado de sobrevaloración por mi parte, he de reconocer que ‘From dusk till dawn’ es uno de los híbridos (road movie, comedia, thriller, acción, terror) más gratificantes que yo haya visto nunca. Eso sí, no le busquen la profundidad ni la reflexión a la cinta, porque no la encontrarán. En su lugar tienen oficio, tensión, clase, ingenio, espectáculo, diversión y entretenimiento a raudales. Forma parte del Club.

8/10

‘Reservoir dogs’. Taranto, ópera prima.

Arrogantes, chulos y trajeados. Así son los “perros callejeros” de Tarantino. Hablan, largo y tenido, sobre ‘Like a virgin’ de Madonna mientras toman un café, a la par que discuten por la dura dicotomía de si dejar propina o no a la camarera. Esto es el inicio de ‘Reservoir dogs’, obra maestra. El inicio de una carrera deslumbrante de un tipo tan estrambótico y genial como Quentin Tarantino.

Un coche ensangrentado. El Sr. Naranja agoniza mientras el Sr. Blanco trata de consolarlo. Llegan al almacén, lugar en el que pronto estará el Sr. Rosa. Todo salió mal. Había un chivato, un policía inflitrado, entre los seis criminales contratados por Joe y su hijo Eddie. ¿Quién será? Tarantino lo resuelve todo con astucia. Existe mucha acción, violencia y ardor desatado en ‘Reservoir dogs’. Sin embargo, nosotros sólo vemos pinceladas de todo éllo. Son los diálogos los que nos abren el camino, así como el montaje despiezado que nos va dando destellos de la génesis previa a la acción (Blanco, Rubio, Naranja y la orquestración del plan).

La génesis de todo, incluido el reclutamiento de los principales, está bien pulida. Las primeras interacciones entre los gángsters son de primera. ¿El atraco? Sólo sabemos lo que ocurrió por la vía de los diálogos. ¿Y el final? Ahí es donde se va a lucir Tarantino, en la acción posteriormente inmediata al hecho y en la resolución de todo. Obra maestra.

Ah! Casi lo olvido. ¿Mi escena preferida? Mr. Blonde torturando salvajemente al policía apresado al compás de ‘Stuck in the middle with you’ (1974) de Gerry Rafferty, dentro de la programación de ‘Los supersonidos de los setenta’ de K-Billy. Un lujo. Por no hablar, es imposible quedarse sólo con una, de la escena final que aquí no desvelaré (sólo digo que. aunque aparantemente no lo parezca, es del todo resolutivo y poco engañosa). ¡Cuidado con el cobarde, ávaro y “profesional” Sr. Rosa!

9.5/10

‘Grave danger’. Curiosite.

Grissom y sus chicos no tardarán en ponerse manos a la obra en cuanto se enteren del secuestro de Nick Stokes, uno de los suyos. A partir de entonces, el secuestrador les desvelará que su compañero está enterrado vivo con un oxígeno bastante limitado para poder vivir.

Doble capítulo que está en la línea de la entretenida serie CSI Las Vegas. No soy un forofo de la misma, aunque sí he visto bastantes episodios aislados. Me da con ello para pensar dos cosas: Uno, el bueno y tarado de Quentin debe ser un fanático del producto para haberse metido en tal jueguecito. Dos, Tarantino patina un tanto atreviéndose a sumergirse en la ola de CSI. Es cierto que el capítulo tiene ritmo, es frenético y bastante agobiante, además el cineasta de Knoxville nos depara ciertos guiños propios. Pero, en conclusión, la serie se ha comido al director, el cuál no ha podido soltarse plenamente en su estilo por la sumisión obligada y coherente a los cánones de la misma. Pese a todo, una curiosidad dentro de su carrera.

‘Pulp fiction’. Tarantino.

Pulp Fiction es Tarantino. Es un “te quiero, Honney Bunny”. Es Vincent Vega y Jules. Es un masaje en los pies y una ventana. Es una hamburguesa Big Kahoona acompañada por un refrescante Sprite. Es un ¿qué?. Es Ezequiel 25-17. Es un espectacular baile de twist. Es Mia Wallace empolvándose la nariz. Es una jeringa punzada en pleno corazón. Es Butch en busca de su reloj de oro. Es Vincent Vega cagando. Es el Tarado. Es Marsellus Wallace sodomizado. Es una katana. Es un bache y una pistola. Es un resto de seso en la oreja de Jules. Es un café de gourmet servido por Jimmy, y una toalla ensangrentada. Es el Señor Lobo. Es un par de gángsters en playeras. Es una cartera marcada con algo así como “hijo de puta peligroso”. Es un guión repleto de diálogos memorables e inolvidables. Es ingenio puesto al servicio de los bajos fondos de una ciudad como Los Angeles. Es un montón de situaciones tan atípicas como geniales. Es sarcasmo y humor negro. Es un film inclasificable, sin argumento. Es una obra maestra. Es una BSO espectacular. Es Tarantino. Es la hostia.

‘Sin City’. Viejos tiempos, malos tiempos.

‘Sin City’ fue llevada a la gran pantalla por los hermanos Weinstein, generalmente un seguro de calidad, en el año 2005. Teniendo en cuenta que el autor del cómic, Frank Miller, se volcó en la adaptación cinematográfica del mismo, y que sus compañeros de trabajo fueron ni más ni menos que Robert Rodriguez y Quentin Tarantino, muy mal lo tenían que hacer para que la cosa no quedará apañada y digna de admiración. Más aún, rizando el rizo, si vemos entre el reparto a gente de la talla de Bruce Willis (uno de mis favoritos), Mickey Rourke, Clive Owen, Benicio del Toro, Elijah Wood, Brittany Murphy, Rosario Dawson o Jessica Alba. Es decir, todo un lujo a la vista del cartel.

El film se estructura en torno a tres historias con distintos puntos de conexión pero que guardan suficiente independencia entre sí. La primera historia está protagonizada por Bruce Willis, un Don Nadie dentro del mundo policial que busca retirarse de una manera honrosa. Es decir, salvándole el pellejo a una niña de 11 años que está a punto de ser violada y asesinada por el hijo del Senador de la ciudad. No será fácil tarea. Conviene advertir que la historia se encuentra dividida en dos partes. La primera abre la película, en la segunda la indenfensa niña se ha convertido en una explosiva bailarina (lanzó al estrellato a Jessica Alba).

La segunda historia es, para mí, la mejor de las tres. Está interpretada principalmente por Mickey Rourke, quien se pone el traje de un tipo malo, rudo y con un físico facial alejado del concepto estándar de hermosura. Sin haber tenido nunca a una mujer entre sus manos, quedará prendado por Goldie, una encantadora rubia que le satisfará sus necesidades sentimentales y sexuales. Sin embargo, al amanecer la mujer no despertará. Alguien la asesinó, y él buscará venganza en la figura de un sicario muy sutil movido a través de las órdenes de un religioso que impera en la ciudad. Curiosamente el poder religioso y el político van de la mano en Sin City, pues éste líder espiritual no es más que el hermano del Senador.

En la tercera historia nos encontramos a una desorientada mujer, interpretada por una Britanny Murphy que ya nos ha dejado, que frecuenta compañías nada recomendables. Entre sus amantes se encuentra un violento Benicio del Toro, con ganas de marcha, atiborrado de alcohol y anclado a la puerta de la atractiva rubia, esperando que ésta abra. Lo que no sabe es que dentro del apartamento está Clive Owen, un sanguinario tipo que no dudará en eliminarlo. Historia irregular que combina el naufragio de Murphy con la miserable existencia de Old Town, el barrio donde la ley es la ley de las putas. Un barrio sin policía ni mafiosos. Un orden que no conviene alterar.

La esencia de ‘Sin City’ se encuentra en el cariz grisáceo, lluvioso y sombrío que envuelve a la ciudad. Una ciudad donde la ley parece existir no tanto para dictar justicia como para imperar de manera despótica. Tres individuos, tres hombres crespusculares, de esos que viven en el borde del abismo de una manera crónica, son los escogidos para explicitarnos la turbiedad de esa castigada ciudad. Fueron ellos, pero a la vista de lo que nos muestran, podría haber sido cualquier otro el protagonista de una película  con una factura técnica impecable, adornada con mucho mimo, lo cual ayuda, y mucho, a conseguir la ambientación necesaria para hacer creíble este tipo de historias donde el espectador no puede hacer otra cosa que no sea identificarse con esos perdedores que buscan hacer el bien, dictar justicia a su modo, sabedores que no tienen nada que perder, tratando de olvidar los viejos tiempos, los malos tiempos. Unos tiempos que marcan el día a día en Sin City. Una ciudad llena de corruptelas y mafioseo. Una ciudad donde las élites juegan a lo que quieren, cuando y donde quieren, bien sea violando niñas o despedazando a prostitutas. Una ciudad donde el polícia que trata de hacer algo acaba en chirona. Una ciudad repleta de miserables llenos de dolor y resentimiento. Una ciudad que desprende poesía, poesía crespuscular de toda esa triste realidad. Verdaderamente conseguida, de lo mejor de la década.

¿Lo mejor? El garito que sirve como nexo entre las distintas historias, donde todos los personajes se combinan en un marco cargado de vicios, desprendiendo un aroma salvaje gracias a esos rudos hombres que beben sus copas mientras contemplan sedientos de sexo el baile de una explosiva rubia, a la espera de cualquier mal gesto o mala palabra para poder enzarzar una pelea con cualquier otro tipo duro como él. O simplemente a la espera de proteger tu honor, lo único que te queda. Curioso que las tres historias tengan como motor de acción la protección de indefensas mujeres (Bruce Willis/Jessica Alba, Mickey Rourke/Jaime King, Clive Owen/Brittany Murphy).

‘Inglorious bastards’. Reinterpretando la historia.

Estamos en 1941. Francia es ocupada por los nazis alemanes. Allí, el tirano coronel Hans Landa se está encargando de llevar a cabo la limpia de judíos franceses. En la matanza de una familia escondida, una joven judía, Shosanna, se le escapa viva.

Simultáneamente, desde Estados Unidos, un cuerpo especial antinazi se está preparando bajo el comando del teniente Aldo Raine. Son los bastardos. Judíos que ansían aniquilar nazis. Son sanguinolientos, despiadados, bestias. Cuentan sus víctimas por cabelleras arrancadas.

Al Führer le llegan a sus oídos las andanzas de los bastardos, las carnicerías montadas por Hugo Stiglitz o el Oso Judío. Se propaga su leyenda. El temor cierne sobre los alemanes. Hay que hacer algo para remediarlo, y ¿quién mejor que Goebbels? Joseph tratará de darle un impulso a la moral alemana mediante una proyección que exhalta el nacionalsocialismo en un cine de París.

Sin embargo, en ese cine entrarán en juego todas las piezas del rompecabezas. Los bastardos, se compincharán con una espectacular Diane Kruger, actriz alemana cambiada de bando, para deshacer el tinglado y reventar a los nazis. No contarán, en cambio, con Shosanna, la actual dueña de dicho cine y poseedora de la estrategia definitiva para su venganza. ¿Cómo acabará la historia?

Sangre, violencia, diálogos infinitos, humor, crueldad y dureza se dan de la mano  en esta inmersión de Tarantino en el cine bélico. Una reinterpretación muy personal y vengativa de la II Guerra Mundial que depara memorables escenas para la posteridad. Un lujo y un disfrute para los amantes del gran Tarantino. No decepciona. Obra maestra.

Spoiler

La carcajada en la escena de Goebbels emocionado por las palabras de su Führer (“es tu obra maestra, Joseph“) es inmensa.

Los agujeros en la cara de Hitler son incontables. Masacre total, en el cine. Durísima la escena del inicio. Sanguinaria la de la taberna. O el show del Oso Judío y su bate. Hay tantas.