Qué decir sobre… «Lone survivor» (2013)

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Dirección: Peter Berg

Guión: Peter Berg (Marcos Luttrell)

Fotografía: Tobias A. Schliessler

Música: Steve Jablonsky

Montaje: Colby Parker Jr. 

Reparto: Mark Wahlberg, Taylor Kitsch, Eric Bana, Ben Foster, Emile Hirsch

A Peter Berg le tengo un cariño especial. No en vano es el padre de la mítica serie de televisión Friday night lights (2006), una obra grandiosa de la que es imposible olvidarse. Puede que sea la mejor propuesta deportiva que se haya hecho jamás en esto del cine. Y, en el fondo, gran culpa de todo ello la tiene el primo de Peter Berg, es decir, el escritor Buzz Bissinger, autor de la obra literaria que inspiró tanto a la película de 2004 como a la serie de televisión.

Lo anterior viene a cuento de que la filmografía de Peter Berg no se corresponde con el nivel dado al filón que suponía aquella historia sobre la gente de aquel pequeño pueblo de Texas. Exceptuando la ácida Very bad things (1998), todo es ramplón en la obra de este cineasta. Una prueba más de ello es Lone survivor (2013), una bufonada increíble. En esta ocasión, no se salva ni Mark Wahlberg, típico actor, por cierto, al que es fácil poner de vuelta y media dándoselas uno de entendido en esto del cine. Payasadas, pues a mí me parece un notable intérprete, de lo más infravalorado en los últimos años junto al ahora ensalzado Matthew McConaughey. Además, brilla en su faceta como productor.

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Bien, no le demos más vueltas al asunto. Esta historia se centra en las penas y miserias que acompañan al oficio de soldado. Más concretamente, al soldado estadounidense destinado en territorio afgano. En teoría, debería haber caído rendido al frenético ritmo de la narración, sintiendo la agonía de esos desgraciados que sucumbían entre fuego enemigo y rocas escarpadas. Pero no, no siento nada de eso. Además, me parece un despilfarro el contar con una nómina de actores como la que aquí había (Taylor Kitsch, Eric Bana, Emile Hirsch, Ben Foster, entre otros) para hacer una película tan tan floja. En todo caso, imagino que en territorio USA esta película hará las delicias de más de uno. 

Patriotismo barato del que solo podemos salvar de la quema a los apartados más técnicos de la película, esto es, los efectos sonoros y visuales. Después de eso, apenas hay nada.

Votación | 2/5 

‘Collateral’. Violenta noche al calor del asfalto angelino.

Max, un taxista de la ciudad de Los Ángeles, conduce placenteramente a una clienta hacia su destino. Por el camino, se permite la indiscreción de coquetear con la misma, haciéndose finalmente con el número de teléfono de la elegante mujer (por cierto, esposa real de Will Smith). Es la calma que precede a la tempestad, pues la estancia de su siguiente cliente, Vincent, estará en las antípodas en cuanto a trato y cordialidad.

Premisa atractiva la aquí manejada. La idea es hacer de chófer de un asesino a sueldo, con la inherente presión y asfixia que ello supone para un tipo que podría definirse como un ciudadano “normal”. El director, Michael Mann, consigue así tenernos cautivos desde el primer momento, insuflando a su narración un efecto tremendamente adictivo que viene dado por la capacidad y oficio de saber cómo contar un thriller. Por tanto, la tensión y emoción no desaparecen en ningún momento, manifestadas ambas en esa relación tan especial como violenta establecida entre los dos grandes protagonistas del film, Tom Cruise y Jamie Foxx.    

Cuenta con el escollo de no haber sabido manejar con holgura el complemento de la historia: la trama policial. Ésta no acaba de dinamitar, por lo que la intriga va esclareciéndose a base de remiendos facilones que sirven para conectar situaciones y personajes. El guión, manufacturado por Stuart Beattie, es más estándar y mucho menos elaborado que en otras cintas de Michael Mann. El poder del film viene dado aquí por el efectismo y el impacto en lugar de por el detalle y la precisión.

El cineasta explota su faceta como director en detrimento de una dimensión escritora que aquí olvida. En cualquier caso, el encargo es resuelto con brillantez y maestría. No podía ser de otra manera tratándose de él. Entretenimiento de alta calidad. Recomendada.

7.5/10 

‘Cop land’. Fango policial.

Nos cuentan en el prólogo de la película que un grupo de policías logró crear su propia ciudad en las afueras de New York, lejos de la hiperactividad de la gran orbe, viviendo el gran sueño americano de un modo plácido y sereno. También dicen que Freddy Heflin, un héroe local que rescató a una joven de una muerte segura, nunca pudo ser policía a causa de una sordera propiciada por tan noble acto, por lo que cumplía el perfil idóneo para ser el sheriff de Cop Land.

Un accidente, un doble homicidio involuntario será la mecha que encienda la historia de este buen policíaco. James Mangold consigue crear una atmósfera creíble, cautivadora. La intriga es notable, inmiscuyéndose en las lagunas del sistema, repleta ésta de agentes policiales corruptos cuyas manos están manchadas de sangre. El cuerpo de asuntos internos, junto al carismático sheriff local, serán los artífices de arreglar el honor mancillado, de luchar por el respeto a la ley. 

La historia tiene sus límites, aunque explota sus virtudes. No es una obra maestra, pero sí tiene destellos de grandeza. James Mangold ya daba indicios aquí de ser un cineasta seguro, de calidad (exceptuemos ‘Noche y día’), sabiéndole sacar todo el jugo posible a un reparto de auténtico escándalo: Robert De Niro, Sylvester Stallone, Michael Rapaport, Harvey Keitel, Ray Liotta, Peter Berg, Robert Patrick o Noah Emmerich. En fin, notable película.

7.5/10

‘Friday night lights’. Texas forever.

“Con determinación, no perderemos”.

“Clear eyes, full hearts, can’t lose”.

Cuando una serie como ‘Friday night lights’ se termina, después de casi cuatro meses con ella, uno siente como si le faltara algo. El grado de empatía que consigue transmitir Peter Berg a través de las vivencias de esos nuestros queridos protagonistas, residentes en Dillon, una población ficticia volcada en el mundo del fútbol americano de instituto, es increíblemente cercana, humana, fraternal.

Un pueblo de vida rural, conservador y creyente. Los chicos y chicas del instituto, a quienes veremos crecer, transitando desde la adolescencia a la edad adulta. Noviazgos, desamores, sueños por cumplir, ilusiones rotas. Alegrías y tristezas que viviremos como si estuviésemos allí, junto a ellos, en Dillon, Texas. No olvidemos a los padres, con sus rutinas y quebraderos de cabeza. Ambiciones satisfechas, objetivos frustrados y problemas inesperados. De todo habrá. Y, por encima de cualquier cosa, el viernes noche. Momento en el que se encienden las luces, y los jugadores saltan al terreno de juego. Rugirán los Panthers, primero, y los Lions, después. Los muchachos gritarán de felicidad, o llorarán de impotencia. Los familiares se entusiasmarán, o se lamentarán. Pero una cosa quedará marcada a fuego en la mirada de todos ellos: “Texas para siempre” (Tim Riggins).

Entrañable, fabulosa y querida serie. Siento nostalgia por ella, y por sus protagonistas, desde ya (día uno sin Friday night). En fin, inolvidable relato proveniente desde lo más profundo del corazón de Texas. Mítica.

10/10