‘Man on wire’. Arte en el cielo de Manhattan.

‘Man on wire’ es la historia de un sueño: Caminar sobre el cielo de Manhattan a través de un alambre sujetado por las dos torres gemelas del World Trade Center de Nueva York. En la búsqueda de ese sueño, el documental nos narrará las relaciones entre los distintos protagonistas de aquella gesta y sus distintas conductas ante ella. Las tensiones entre sus amigos, novia y cómplices diseñando aquel perfecto plan. Los viajes de ida y vuelta. La obsesión. La minuciosidad de los detalles. El ensayo casero con sus amigos en el campo. O en Notre Dame y el Puente de la bahía de Sidney. Sus aventuras y desventuras. Discusiones y malentendidos. La agonía de los distintos protagonistas en el último piso respectivo de la torre norte y sur intentando esquivar a los guardias para comenzar el montaje. Y, el final del sueño. La culminación del mismo. Un tipo andando sobre el cielo de Manhattan.

Philippe esquivaba la realidad, su acto, su “crimen”. La sonrisa y media vuelta ante la policía así lo reflejaba. Era algo metafísico. Philippe estaba en una realidad sobredimensionada. El sueño era suyo y nadie podía detenerle. Cuarenta y cinco minutos de arte espontáneo sobre el cielo de Manhattan, sobre el frágil alambre a una altura vertiginosa. Fue la gesta de Philippe Petit. Vio, como él mismo dice, cuando miró hacia abajo, una instantánea que jamás volvería a ver. Algo único. Una bacanal de sensaciones placenteras, inexplicables. El momento culmen de su vida. Y con él, su propia muerte, la muerte del funambulista.

Volvió a la realidad en una habitación de un apartamento disfrutando sexualmente con una desconocida. Había logrado su sueño. Un sueño que le obsesionaba desde aquel recorte de periódico a la edad de 19 años en la consulta del dentista. Un sueño que le había llevado seis años. Seis años convenciendo a gente, amigos, cómplices. Seis años luchando por él. Ahora lo había logrado y, con él, moría todo lo que le había rodeado durante ese tiempo.

Los americanos querían saber por qué lo hizo. Tan sensacionalistas ellos, tan morbosos. Hacían volver a Philippe a la banalidad de la vida humana. No hubo un por qué.  Simplemente fue un sueño. Su sueño.

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‘Night and the city’. Película menor.

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De Niro se disfraza esta vez de abogado, Harry Fabian. Su vida deambula entre casos insignificantes y noches de bar en la ciudad de Nueva York. Es un perdedor, un superviviente. Serás aún más consciente de ello cuando intente desplumar al mafioso de turno del barrio, ‘Boom, Boom’ Grossman, y no lo consiga. Intentará, pues, dar un giro a su vida.

Decidirá hacerse promotor de boxa. Luchará por organizar un combate de boxeo sin apenas recursos. Se alineará con otro séquito de perdedores, entre ellos una gran Jessica Lange, para tratar de materializar su idea. La lucha desesperada por conseguir el dinero necesario para montar el tinglado le llevará a enfrentarse nuevamente con ‘Boom, Boom’ (promotor, a su vez, de boxeo en la misma zona) y Phil, el esposo de la mujer (Jessica Lange) con la que Harry Fabian mantiene un idilio, y, también, su mayor prestamista en este negocio.

El final, tan cruel como esperado. La derrota. La cruz de la moneda. Harry Fabian y Helen acabarán arrinconados en el callejon sin salida y lleno de basura en el que se adentraron al iniciar el film con sus inocentes sueños. Ni él fue un importante promotor de boxa, ni ella triunfó con su nuevo local alejada de un marido al que no amaba. La realidad, en estos casos, suele ser muy distinta a los sueños.

‘La noche y la ciudad’ nos deja así un retrato sobre la derrota y el dolor que conlleva ésta.  Sin embargo, el retrato no llega, no conmueve. A pesar de la, como casi siempre, buena actuación de Robert de Niro, y el contar con una secundaria de lujo, Jessica Lange, el film no acaba de arrancar en absoluto. Es un paseo superficial por las aceras de Nueva York, no acaba de adentrarse en ese mundo tan oscuro de la noche neoyorquina. Daba más de sí. En fin, película correcta (montaje penoso) que no perdura en la memoria.

‘The Warriors’. Oda a la violencia.

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Nueva York. Cyrus, el líder de la mayor pandilla de las calles neoyorquinas, ha citado a todas éllas para una cumbre en el Bronx. Nueve delegados de cada pandilla, acudirán como representantes del resto. El objetivo: la paz entre pandillas. No a la lucha por una simple esquina de un barrio. La alianza entre bandas permitiría luchar en una proporción de 3 a 1 en un hipotético enfrentamiento entre callejeros y policías. Conquistar la ciudad, el deseo.

Los Warriors, dueños de Coney Island, esperan ansiosos la cita. No saben aún que se propone Cyrus. Están nerviosos, es grande el peligro en tan largo camino, desde Conney Island al Bronx. Sin embargo, ellos respetarán la tregua. Nueve hombres sin armas acudirán en son de paz.

Con ésas, llega el momento. El discurso del Mesías se produce, y en medio de tal vorágine, suena un disparo que alcanza al líder. Ha muerto y alguien ha tenido que apretar el gatillo. Los verdaderos culpables, echan el muerto a los Warriors. Éstos sin saberlo, deberán volver a casa con esta carga. Una larga noche les espera.

‘The Warriors’ representa una asfixiante noche. Una oscura noche neoyorquina en la que un grupo de pandilleros ansiarán el regreso a casa con los peligros de tener a la policía pisándoles los talones, y a todas las bandas juveniles de la ciudad en busca de sus cabezas. Una noche llena de poesía violenta. Poesía en la que los versos no son más que peleas, atuendos estrambóticos, jóvenes alejados de la sociedad, los barrios de la Gran Ciudad, policías violentos y el metro de Nueva York. Escenario, en su conjunto, idóneo para que Walter Hill nos regale una hermosa película, violenta.

‘Watchmen’. Sabor agridulce.

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Llegaba a los Lys dispuesto a ver una película que se anunciaba a bombo y platillo. Se decía que podía ser la mejor película del año y demás tópicos del marketing. No la esperaba con expectación, al contrario que muchos otros, quizás porque nunca había oído hablar de ella antes. ‘Watchmen’ era una historia de superhéroes totalmente desconocida para mí. La vi sin ningún tipo de prejuicio, pues no había leído el cómic y ni siquiera sabía muy a fondo de que iba el film en cuestión.

La historia comienza con unos superhéroes venidos a menos. La sociedad los dejó de lado. Ocupan una posición marginal en ella. Atrás quedan los tiempos en los que El Comediante, Dr Manhattan, Espectro de Seda, Búho Nocturno, Rorschach, Ozymandias y otros tantos, velaban por la seguridad en las calles de la gran ciudad. Los tiempos de gloria pasaron. Eso lo sabe muy bien El Comediante. Mientras observa la TV sentado en el sofá de su casa, alguien irrumpe en ella. Ha venido por él. El asesinato se sabe desde un inicio, sin embargo, la batalla se hace eterna, la escena de acción se recrea. Finalmente, El Comediante acaba aplastado en el asfalto de Nueva York. Han matado a uno de ellos. Comienza ‘Watchmen’.

Supongo que para los devotos del cómic, Watchmen ha supuesto un verdadero milagro, un alivio, un regalo caído del cielo. Se la tachaba de inadaptable. Sin embargo, Zack Snyder la ha sabido adaptar a la perfección. El problema está, para los que como yo, no habíamos leído la obra escrita. Quizás esa obsesión por respetar el material del 87, ha hecho alejarse a Snyder del camino de las buenas películas para adentrarse en el de las fieles adaptaciones.

Por ello, no me adentré totalmente en la película. Pese a que la historia cautiva y engancha, no acaba de rematar. Los flashbacks de los diversos protagonistas hacen que la película vaya dando tumbos, que dé la sensación de que no avanza. No se sabe si estamos ante una intriga en la que hay que averiguar quién está detrás de los asesinatos a los enmascarados. O si la historia se centrará más en el conflicto nuclear entre la URSS-USA y el papel de los superhéroes en él. O si simplemente seguirá dando tumbos narrando los diversos flashbacks de los personajes. 

No me llega la historia de amor entre Búho Nocturno y Espectro de Seda. La amargura de El Comediante no me sabe tan amarga. Los dilemas del Dr Manhattan me dejan a medias. Las aspiraciones faraónicas de Ozymandias te hacen reflexionar, pero tampoco calan muy hondo. Sólo me creo a Rorschach. Ese sanguinario al que la vida le ha dado muchos palos. Un hombre castigado, engendrado desde el desprecio, el mismo desprecio que él siente por el resto del mundo. Un alma en pena que deberá tratar de averiguar el misterio de quién está detrás de los asesinatos. Cuando él entra en acción, la película gana en ritmo.

Éstos héroes de a pie, no son más que un reflejo de nuestra sociedad. Entiendo la película como una reflexión acerca de nuestra propia existencia. Entiendo al Comediante o Rorschach como los representantes de esa parte de la sociedad castigada, vulnerable, cansada. Entiendo a Búho Nocturno y a Espectro de Seda como los más similares a nosotros, de hecho, son los que más se mueven como personas “normales”. Y entiendo al Dr Manhattan y Ozymandias en su papel de figurantes del poder oscuro. Esos que juegan a ser dioses. Esos que creen tener el poder de jugar con el resto del mundo. Representados desde el mundo de la empresa o la ciencia, no son más que seres (o superhéroes) detestables que se creen en el credo establecido por ellos mismos de la superioridad.

Sin embargo, es una reflexión que se queda en medio de la nada. No perdura. La única que me llega, como ya he dicho antes, es la de Rorschach. Es lo mejor de la película.

Finalmente, como pequeños detalles a resaltar, las escenas de acción, en su mayoría, me han parecido demasiado “impuestas” y excesivamente largas. Uno, que no ha leído el cómic, no sabe si los superhéroes tienen superpoderes (las hostias y patadas que dan así lo dan a entender) o no. Por otro lado, también he de decir que la estética visual simplemente es impresionante. La película está muy trabajada y conseguida, se nota que ha sido hecha con minuciosidad. Mención aparte también para la BSO, con canciones como la que inicia el film ‘The Times They Are A-Changin‘ de Bob Dylan o ‘The Sound of Silence‘ de Simon & Garfunkel y el ‘Hallelujah‘ de Leonard Cohen representan muy bien con sus letras la ambientación del film a los temas desarrollados en él.

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