‘Flickan som lekte med elden’. Justicia, fuego, infierno.

Nueva incursión en el universo de violencia exasperante ideado por Stieg Larsson y adaptado para la gran pantalla, en esta ocasión, de la mano de Daniel Alfredson, quien nos vuelve a zambullir en los fríos y gélidos parajes cercanos a Stockholm.

La trama argumentativa, ya iniciada la acción en la primera parte, se concentra en torno a la figura de Lisbeth Salander. Una red de trata de blancas  a punto de ser destapada por la revista Millennium (editada por Blomkvist), provocará que salte la liebre en forma de triple asesinato (uno de ellos, el antiguo tutor de la susodicha). La Fiscalía apunta hacia Lisbeth. Pero Blomkvist (y nosotros) sabe(mos) que andan en pistas falsas. Se trata ahora de sacar a relucir la verdad*.

Las andanzas de nuestros dos protagonistas siguen siendo gustosas de ver. ‘La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina’ es una cinta adrenalínica, sigue manteniéndote en tensión durante las dos horas (se pasa volando) que dura su metraje comercial. Baja un punto el nivel respecto a su predecesora, pues la trama está aquí un poco más forzada, además de ser un tanto caótica (un tanto ecléctica). Salander sigue teniendo ese magnetismo tan peculiar, focalizándose en ella buena parte de la atención. Se trata de recordar el hiriente pasado para redimirlo con el presente. Echo de menos el feeling entre Salander y Blomkvist que se daba en ‘Millennium’, pues éste parece aquí más un pegote que otra cosa. Negativamente nombrar que la trama criminal que sirve como contexto tampoco acaba de estar, como ya se ha dicho, muy bien sujeta (a pesar del blanquecino gigantón).

No tiene el punch de la primera, pero esa manifiesta violencia (hilo conductor de la atormentada existencia de Salander) que nos azota como espectadores, sigue teniendo un poder de adicción, frescura y sadismo, digno de ver.

Spoiler

*En principio hay una trata de blancas, luego se dan unos asesinatos, un misterioso gigantón del norte aterrando,  Lisbeth perseguida, Blomkvist haciendo de séptimo de caballería, para finalmente entrar en venganzas personales/familiares.

‘Män som hatar kvinnor’. Oscuros secretos familiares.

 Un popular periodista, Mikael Blomkvist, conocido por su manía de meter las narices en los asuntos sucios de los peces gordos, se encuentra, cómo no, a las puertas de la cárcel. En seis meses sus huesos estarán encerrados entre los barrotes.

A la espera de ello, un multimillonario capitalista le ofrecerá un trabajo: averiguar qué fue de su sobrina  Harriet Vanger, una chica desaparecida 16 años atrás. En tan ardua tarea se encontrará con la colaboración de una hacker, Lisbeth Salander. Una muchacha que oculta un pasado tan oscuro como doloroso mientras se refugía en la investigación.

Juntos se meterán de lleno en la familia Vanger, una familia siniestra y con un pasado cargado de nazismo. Se adentrarán en aquel otoño de 1966, buscando el qué y el por qué de todo. No les faltará la compañía de peligrosos riesgos y de sombras acechándoles la espalda durante todo el film.

Stieg Larsson después de destrozar las previsiones de las librerías del mundo con su trilogía ‘Millennium’ (las cuáles no he leído), se subía, postmortem, al carro del cine. Aquí no ha arrasado con tanta contundencia. Sin embargo, en esta primera parte, nos ha dejado una gran cinta de intriga, con su dosis de tensión, con la virtud de mantener despierto al espectador, y con unos momentos ásperos y duros que derivan del tema principal: la violencia brutal de los hombres a las mujeres. Unas mujeres, las que nos ha retratado, castigadas por la vida a base de puñetazos, tajos y violaciones.

2º Visionado (Posible Spoiler)

Matices:

1. Blomkvist es desterrado por la opinión pública.

2. Henrich Vanger decide contratarlo para que averigue en la desaparición de Harriett Vanger, su sobrina y ojito derecho, allá por la década de los 60.

3. Lisbeth Salander, la mujer que escudriñó (a sueldo de Henrich) la vida de Blomkvist con el fin de ver si era de fiar o no, decidirá, por cuenta propia, unirse a la fiesta.

4. Aparece una peculiar relación (de las más curiosas que yo he visto) entre el periodista rojo y la azotada muchacha que parece se extenderá a lo largo de la saga.

5. La mirada de Lisbeth en los momentos finales. Pura demencia, gozo con el fuego y ese olor a carne chamuscada. Impresionante magnetismo para con el espectador, muy buen trabajo de Noomi Rapace.

6. En fin, que después de tanta violación y maltrato por parte de su padre y hermano, Harriett decidió huir de Suecia y refugiarse en Australia con la ayuda de su prima Anita Vanger. Ella sabia de los asesinatos y la demencia de su padre y hermano, de cómo violaban y asesinaban a muchachas judías (y a ella misma). Pone fin a la vida de su padre y huye de la figura de su hermano, un loco total.

Nuestros intrépidos protagonistas darán caza al asesino, y reencontrarán (a modo de happy end) a Henrich con Harriet.