‘Only God forgives’. Un canto a la sed de venganza.

only-god-forgives-poster-3Apenas dos años después de encandilar al público mundial con la impagable ‘Drive’ (2011), el tándem conformado por Nicolas Winding Refn y Ryan Gosling repetía colaboración para elaborar ‘Only God forgives’, una violenta cinta en la que, como bien indica su título, el perdón no queda recogido en los códigos del mundo terrenal. 

La acción se sitúa en Bangkok. El asesinato de su hermano con el beneplácito de un gángster local, y la posterior llegada de su madre en busca de venganza, alterarán el orden de Julian, un tipo que hasta entonces había encontrado refugio en el negocio de la droga y en los combates de artes marciales, pero que ahora deberá escoger entre honrar con sangre la memoria de su familia o pasar por el alto este violento episodio.   

Esta película tiene un punto de exageración, de desmesura. Parece una obra hiperbolizada en la que uno echa en falta algo más de sentimiento, más aún teniendo en cuenta que el foco principal de la historia no es otro que la cruda venganza. En superficie parece un sencillo tributo a las artes marciales, pero conviene subrayar, además de la excepcional factura técnica presentada, la lucha psicológica dada entre la maquiavélica Kristin Scott Thomas y el meditabundo Ryan Gosling.

Quien espere encontrar aquí una continuación de la magnífica ‘Drive’ saldrá escaldado. Hay una sideral diferencia entre ambas, no sólo en cuanto a nivel, sino también en lo referente al tipo de película e historia. ‘Only God forgives’ es un notable relato que supone un canto a la sed de venganza en el que la estridencia le vence el terreno al sentimiento.

7.5/10 

‘Drive’. Un ejercicio de clase, cátedra de cine.

Driver es silencioso, introvertido y serio. También es rápido, astuto e intrépido. Todo lo combina cuando se pone al frente de un volante, bien cuando trabaja como especialista para los grandes estudios de Hollywood, bien cuando orquesta las fugas de cacos y criminales durante la noche. Su compañía más fiel es la de Shannon, un eterno perdedor. Puede que sea por estar a su lado, o puede que no, pero el caso es que Driver no regenta las mejores compañías de L.A.

Y ahí está ella, la dulce Irene. Ésa que le ganará su corazón. Igual que el muchacho, Benicio. Ambos son un salvoconducto para huir de la tristeza más profunda, y él, esto, lo defenderá hasta las últimas consecuencias. Nadie entendió que no lo hacía por dinero, sino por amor. Quedan pocos tipos como él.

Engalanada con una excepcional banda sonora, todo se mueve al compás que escribe Hossein Amini, a partir del material literario de James Sallis, y que dirige, con mucha clase y pulcritud, Nicolas Winding Refn (bravo por quién lo conociera antes de este film). Una factura técnica asombrosa que nos cautiva desde bien pronto, desde que aparecen los primeros títulos de crédito. Un prólogo tenso, frenético, con mucho brío. El aperitivo ideal. Y un reparto que deja a uno totalmente asombrado. Ryan Gosling está sensacional, puede que la mejor interpretación del año. Carey Mulligan, Albert Brooks, Christina Hendricks o Ron Perlman, lo bordan. Pero yo me quedo con el secundario del año, ése que encarna el fracaso y la derrota con la amargura requerida, un magistral Bryan Cranston. 

En fin, ‘Drive’ es la mejor película del 2011. Así como suena. Es solitaria, taciturna, melancólica. También es amarga, áspera. Dulce y conmovedora por momentos. Brutal, violenta y sanguinaria en otros. Siempre dolorosa, profundamente triste. Por encima de cualquier cosa: la mejor película de amor brindada en mucho tiempo.

9.5/10