‘Utopia’. Turbia.

4823_posterLas series británicas están comenzando a cuajar en el mercado televisivo. Ofertan un producto de calidad, presentando este una serie de rasgos que lo vuelven fácil de identificar: temporadas cortas; envoltorio bien cuidado; originalidad en la historias. 

Utopia recuerda un tanto a Misfits (2009), y no debe ser casualidad. En el fondo, hay un punto freak y violento en el que ambas series convergen. Además, el toque por el cómic que atesora la serie de Dennis Kelly no chirría a la hora de presagiar un futuro tormentoso y aterrador.

Una pesadilla servida con mucha mucha creatividad. Tampoco anda corta de ingenio, brillantez y desparpajo. Todo el talento que atesora la serie queda iconizada en el personaje de Arby, a quien da vida un hipnótico Neil Maskell. Dejen atraparse, en definitiva, por esta inquietante propuesta.

8/10 

‘Misfits’. Los pichoncitos de Margaret.

Somos jóvenes. Se supone que bebemos demasiado. Se supone que tenemos malas actitudes y nos hacemos polvo el cerebro mutuamente. Estamos diseñados para la fiesta. Es así. Sí, unos pocos tendremos sobredosis o nos volveremos locos. Pero Charles Darwin dijo que no puedes hacer una tortilla sin romper algunos huevos. Y de eso se trata todo esto: ¡romper huevos! Y por huevos, quiero decir, conseguir coños en un cóctel de clase.

¡Si tan sólo pudiérais veros! Me parte el corazón. ¡Lleváis chaquetas! Lo teníamos todo. La cagamos más y mejor que cualquier generación anterior. ¡Éramos tan hermosos! Somos unos capullos. Soy un jodido y planeo ser jodido hasta terminar los 20 y tantos, quizás hasta los primero 30 y tantos“.

La esencia de esta serie británica se encuentra en ese memorable y célebre discurso dado por Nathan, uno de los protagonistas de esta serie, ante un conglomerado de fieles servidores de una Revolución por la Virginidad. Y es que ‘Misfits’ ser sirve de un desparpajo impropio en este tipo de productos, de un lenguaje soez, de una violencia explícita y de un alto contenido sexual para envolver una historia centrada en torno a cinco chavales que deberán cumplir servicio comunitario como reparo de sus males.

Nathan, Alisha, Kelly, Simon y Curtis. Cinco jóvenes. Cinco muchachos cuyas vidas vienen marcadas por las drogas, el sexo, la delincuencia, la soledad, los trapicheos, los problemas de socialización y demás cosas. La derrota de esas nuevas generaciones crecidas en el seno del neoliberalismo thatcheriano será caricaturizada por una tormenta y unos superteenagers un tanto peculiares. Barra libre de cinismo, acidez y humor negro para deleitarnos la velada brindándonos más de una profunda carcajada mientras observamos como ponen el dedo en la llaga. Conseguida.