‘The impossible’. Dramón.

Impossible_810x1200Situémonos. En el mes de diciembre de 2004 un tsunami azotaba al océano Índico. El capricho de la naturaleza dejaba la escalofriante cifra de unas 250 mil pérdidas humanas. Muchos de ellos, eran turistas occidentales que disfrutaban de sus vacaciones navideñas en las paradisíacas vistas que ofrece el Sudeste Asiático.

Una de esos turistas era María Belón, la mujer que a través de sus vivencias y palabras terminaría por dar pie al buen drama aquí tejido por el dúo que conforman Juan Antonio Bayona y Sergio G. Sánchez. La historia, por tanto, no deja de ser una anécdota, una angustiosa pesadilla, como tantas otras se sucedieron durante aquella catástrofe natural.

No busquen en ‘Lo imposible’ una obra mayúscula porque no la van a encontrar. Nos sirven, eso sí, una importante ración de dolor, sufrimiento y esperanza. La gran baza del film es Naomi Watts, quien nos hace ser partícipes de la estoica actitud con la que se desenvuelve esa aturdida mujer que en medio de la desesperanza tan solo pensaba en auxiliar a un indefenso chiquillo. Nos brinda así una interpretación tan emotiva y humana que uno termina por perdonarle a esta verídica tragedia el puntito lacrimógeno y sensiblero con el que ha sido condimentada para cumplir con los gustos del gran público. 

7/10

‘You will meet a tall dark stranger’. Woody light.

En manos de cualquier otro cineasta, diríamos que ‘Conocerás al hombre de tus sueños’ es una buena comedia. Sin embargo, uno, inevitablemente, echa un vistazo a los títulos de crédito. Sabe quién hay detrás de esta historia. No le basta aquello de “está bien”. El público pide algo hilarante, alocado. Una comedia deslumbrante, otra más. Y es que nos tiene muy malacostumbrados el bueno de Woody. 

Sin embargo, los enredos amorosos, los líos de faldas y las tormentas personales no terminan de apasionarnos en esta ocasión. El panorama nos suena, pues estamos, como otras veces, ante una familia (padre, madre, hija y yerno) abocada hacia una auténtica catarata sentimental. Ésta, no obstante, no tiene el grado de brillantez con la que en anteriores ocasiones el cineasta dotaba a sus historias. Uno ve con agrado el fresco expuesto, disfruta con el jovenzuelo Anthony Hopkins y su nueva amiga, la ilusa Gemma Jones y sus consejos premonitorios, o los desorientados Josh Brolin y Naomi Watts. Pero no encuentra con facilidad la tan preciada gracia espontánea.

En definitiva, película menor en la filmografía de Woody Allen. Tampoco conviene asociar tal afirmación con la nota de la mediocridad, pues las cosas, en este caso, no son tan extremas. Reirán y disfrutarán con ella, se lo pasarán bien. Pero, probablemente, notarán que le falta algo especial: frescura y chispa. O lo que es lo mismo, el punch que sí tiene la despampanante Lucy.

6.5/10

‘Fair game’. Material desaprovechado.

Reconozco que me sentí mal mientras visionaba ‘Fair game’. La angustia y el mareo podían conmigo. Quizás fue que estaba flojo de fuerzas. O que no había comido prácticamente nada ese día. Puede que fuera el calor que hacía en la sala, o estar sentado en cuarta fila. Aunque si tuviera que decantarme por algo, diría, casi señalaría, que el gran culpable es un tal Doug Liman, un mediocre cineasta que nos congoja la velada con su aparatosa y agitada dirección.

La historia, muy interesante (aunque tampoco sea para ganar un Oscar), le viene grande a un director tan mediocre como el susodicho. En manos de cualquier otro, la cosa daba para pulir un thriller político, crítico y con nervio. Sin embargo, las medias verdades de la cínica Administración Bush en torno a su vergonzosa actuación en el tema de las armas en Irak (pretexto de negocio petrolífero), así como el David contra Goliath pretendido en esta historia (Penn&Watts vs The white house), no consiguen cautivarme.

He pensado, sinceramente, que el tal Doug Liman está en la nómina de los Bush, agente infiltrado de éstos en ese farandulero movimiento de artistas hollywoodenses contrarios a la política de aquéllos y con marcados tintes pro-demócratas. Irritante.

‘Mother and child’. Fría, cálida.

Rodrigo García, hijo del célebre escritor Gabriel García Márquez, dirigía y escribía esta obra esbozada desde la producción ejecutiva por el (casi) siempre virtuoso cineasta de nombre Alejandro García Iñarritu. De un tema, tan delicado y sensible, tan emocionante y sentimental, tan plácido y pedregoso, tan triste y feliz, como es el de la maternidad y el mundo de las adopciones, extraía el susodicho autor una historia coral que recorría distintos pasajes de la vida de una serie, como bien dice el título del film, de madres e hijas.

Las angustias y agonías, los pesares y tormentos, de tal tema, son retratados de una creíble manera a través de tres mujeres distintas. Dos de ellas, diría yo, son las que portan el peso principal de la película. Hablo de Karen y Nora, interpretadas excepcionalmente por Annette Bening y Naomi Watts (especialmente ésta última). Son mujeres a las que el acto de dar vida les marcó. Una por madre, la otra por hija. Ambas se volvieron frías y distantes, calculadoras y metódicas con sus sentimientos, sin perder, en ambas, el trasfondo de amargura, dolor y tristeza sobre el que se asentaba su existencia. La tercera mujer, Lucy, era interpretada por una desconocida para mí como era Kerry Washington. Su belleza y sensualidad eran enturbiadas por la imposibilidad natural de dar a luz, lanzándose a la búsqueda de un bebé mediante la vía de la adopción, sirviendo este personaje como modelo, más secundario, con el que recordar el proceso que atormentaría, de por vida, a nuestras protagonistas, a la vez que servía para cerrar el círculo de madres e hijas, adoptivas o no, que había marcado la pauta de este film.

‘Madres e hijas’ es una obra sentida y sincera, lanzada desde lo profundo del corazón. Se adentra por los recovecos de la maternidad, por una de sus vertientes más amargas como es la de la adopción. Es un fresco tan esperanzador como desesperanzador, tan frío como cálido. Ambas sensaciones uno las siente de verdad, y eso en este tipo de cinta, un dramón que no veas, es una virtud que no conviene desdeñar. Buena película.