‘Brokeback mountain’. Melancólica postal.

Son los años sesenta y estamos en las frías laderas de Brokeback mountain. Dos hombres venidos de lejos en busca de trabajo, Ennis del Mar y Jack Twist, coincidirán en tiempo y lugar. Surgirá así una amistad especial, una relación tan benévola como conflictiva, tan cálida como dolorosa. Desde entonces, permanecerán unidos, y lo harán a pesar de la distancia que separa a Wyoming de Texas, a pesar de la artificiosa vida que llevarán con sus respectivas esposas y familias. Mantendrán siempre un punto  en común: Brokeback mountain.

El acelerado lapso temporal que el guión le impone a la narración mengua un tanto la perfección de esta obra. No le resta, sin embargo, sentimiento al asunto. Historia de amor hiriente. Un plato ya conocido, pero servido aquí de un modo brillante conforme al gusto triste y desasosegado de Ang Lee, acompasado todo por el ritmo que marca Gustavo Santaolalla y engalanado por la brillante cámara de Rodrigo Prieto.

Ennis del Mar es el personaje fuerte del film. Un vaquero rudo, de fuerte carácter y temperamento, maltratado perpetuamente por la vida y cuyo corazón dicta unos sentimientos e impulsos que no concuerdan con sus pensamientos, con su forma de ser. “¿Sabes lo que les sucede a los vaqueros como tú y como yo?“, le espenta a su gran amor, a Jack Twist.

Recital de Heath Ledger, quizás la mejor interpretación de su efímera carrera. La sobresaliente dupla que conforma con Michelle Williams devora en cuanto a emotividad al tándem opuesto, Gyllenhaal y Hathaway. Melancólica postal que va directa a punzar el sentimiento del espectador.

8.5/10 

‘The United States of Leland’. Dolor, brutalidad, redención.

Tan densa como sencilla es la historia aquí expuesta por Matthew Ryan Hoge. Paradójico. El cineasta pone su punto de mira en la controvertida figura de Leland, un adolescente que asesinó brutalmente a un niño autista. ¿Qué le rondaba por la cabeza para cometer tal barbarie? Parece ser la cuestión que le quita el sueño a Pearl Madison, profesor de Leland en el centro de detención de menores en el que cumple condena.

La génesis de tan macabro suceso es mostrada vía destellos, sutilmente. El foco central del film son los hechos posteriores. ¿Cómo lo viven las respectivas familias? Padres y hermanos. Tristes, errantes y pesarosos. Y, sobre todo, el choque de estilos introducido con el personaje de Pearl. El optimismo y la vitalidad del profesor, enfrentada a la más profunda melancolía de Leland. Dos maneras de afrontar la vida del todo dispares que parecen impregnarse, a su vez, en los personajes que pululan (Chris Klein, Kevin Spacey, Michelle Williams, Jena Malone, Lena Olin y demás) en torno al taciturno chaval. Una batalla que deberá resolverse más pronto que tarde. 

En esencia, Ryan Hoge busca desentrañar los complejos, imprevisibles y misteriosos universos que habitan en nuestras mentes. Leland, estrella del cartel, hiere al espectador sólo con su sufrida expresión. Una visión pesimista y grisácea de su entorno, plasmada en esa tristeza que parecen transmitirle los ojos de todo el mundo, un mundo deprimido, vacío y decrépito, es la chispa que enciende la mecha de esta historia. ¿No hay humanidad en ese muchacho? Del dolor saldrá la brutalidad, y de ella derivará la redención.

En fin, la película se salva de la quema. Tan sólo por el impresionante reparto aquí presentado, énfasis en Gosling, Malone y Spacey, el film ya merece la pena. Pero además, la historia, arriesgada inicialmente, está bien solventada, siendo narrada de un modo habilidoso y sutil, suficiente para que el espectador no decaiga en su atención y capte las intenciones de la misma. ¿Qué hay detrás de tan aberrante injusticia? Pues quizás, no tanto como uno podría llegar a pensar. Imperial Ryan Gosling.

7.5/10   

‘My week with Marylin’. Frívola reencarnación.

Marylin Monroe, recién casada con el bueno de Arthur Miller, aterriza en Inglaterra dispuesta a rodar ‘El príncipe y la corista’ (1957), en compañía y bajo las órdenes de Laurence Olivier. Corre el año 1956 y, por ese entonces, un joven apuesto, Colin Clark, está decidido a hacerse un hueco en el mundo del cine, sin saber todavía que su corazón está a punto de caer rendido ante los encantos de la rubia.

Película menor, ligera y frívola. El choque entre Sir Laurence y Marylin termina por convertirse en algo secundario para el espectador (las reflexiones de Oliver son del todo periféricas), pues todo se focaliza en torno al inestable carácter de la actriz, interpretada maravillosamente por Michelle Williams, y en cómo ello da cabida a una incipiente relación, a un romance, un tanto carente de sentimiento, con el guaperas de Eddie Redmayne, interpretando este a Colin Clark.

En definitiva, un producto elegante, sofisticado y pulcro. Todo está muy bien, el problema viene dado por una historia con pocas pretensiones, más allá de servir para el lucimiento personal de Michelle Williams al encarnar a una de las divas de la historia del séptimo arte.

7/10

‘Blue valentine’. Desperdiciando amor.

Me gusta ‘Blue valentine’. Está llena de vida. Contagia su felicidad, y su tristeza. Puro sentimiento movido desde el fondo del corazón. Toca la fibra sensible. Me hace sentir. Siento una terrible empatía por esos dos peones que forman parte del tablero de la vida en la batalla del amor. En ésta, un gélido azul va venciendo al cálido anaranjado. Te ve helando, te va punzando. No queda otra que lamentar el tiempo perdido, buscando en el fondo de una copa las causas de la derrota.

Es una película llena de amor, que nos habla del desperdicio del amor, de las miserias del amor. Triste y hermosa.