‘People like us’. Le sobra corazón.

PeopleLikeUsposterInteresante película la aquí brindada por el novel director Alex Kurtzman. Fogueado hasta la fecha en la escritura de guiones de acción y ciencia-ficción (p.ej. ‘The island’ 2005), da por fin un cambio absoluto de registro para elaborar una sentimental historia titulada ‘People like us’.

En tal aventura se rodea de un acertado reparto en el que brilla con luz propia el dueto conformado por Chris Pine y Elizabeth Banks. Les acompaña una delicada Michelle Pfeiffer, pilar fundamental en esta historia de desdichas y desesperanzas. Con todo,  el fresco está adornado por unos precisos diálogos que remarcan sutilmente cuestiones como el quiénes somos, dónde vamos y, sobre todo, cómo lo hacemos. 

Sorprende el escaso recorrido en taquilla de esta película, así como la indiferencia que ha generado entre la crítica. Digo lo de sorpresa porque a mí me ha gustado ‘Así somos’. Me parece un relato conmovedor, humano y plenamente emotivo. La esencia del mismo es un canto al calor familiar, aunque Kurtzman no se queda ahí y va más allá, pues en realidad hablamos de un canto abierto a las bondades del corazón.

7.5/10 

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‘What lies beneath’. Inquieta serenidad.

Asfixiante intriga con tintes sobrenaturales en la que Robert Zemeckis impregnaba a su narrativa de una tensión lacerante, conformando así un claustrofóbico paisaje que iba cogiendo forma, y de qué manera, gracias a la brillante interpretación de Michelle Pfeiffer y la encomiable labor, como secundario, de Harrison Ford.

La inquietud se convierte en el medio elegido por el director para imponernos su recital visual, siempre con el trasfondo de resolver una historia tan adictiva y misteriosa como brillante y terrorífica. Una casa cerca del lago, una fotografía y un cuarto de baño. No hacen falta muchas más cosas para tejer una de las mejores intrigas de los últimos tiempos. Servida a fuego lento, reserva un justo espacio a la paciencia y parsimonia, dotándose así de un ritmo in crescendo que terminará por incendiar nuestras pantallas de televisión.

Háganme caso y vean ‘Lo que la verdad esconde’. Una acertada combinación de distintas melodías que termina por sonar a la perfección. El gran Robert Zemeckis da muestras de su polivalencia cinematográfica, de su virtud narrativa y termina por sentar cátedra en un género que, hasta la fecha de estreno de esta cinta, le era desconocido. Totalmente minusvalorada.

8/10

‘Dark shadows’. Divertida comedia vampírica.

En el año 1966 se estrenaba en televisión ‘Dark shadows’, bajo la atenta mirada de su creador, Dan Curtis. Bien, pues casi cincuenta años después el friki de Tim Burton, rodeándose de amigos y familiares (Depp y Bonham Carter son dos clásicos, pero también la Pfeiffer), estrenaba su propia revisión del “clásico”, en lo que viene a ser, más o menos, su quinto remake consecutivo (junto con Charlie, Sweeney Todd, Alicia y Frankenweenie).

Visualmente perfecta, el cine de Burton sigue teniendo ese poder de fascinación especial para nuestros ojos. La factura técnica es de diez. Además, el reparto habla por sí solo: Johnny Depp, Michelle Pfeiffer, Helena Bonham Carter, Christopher Lee y Jackie Earle Haley, entre los consolidados. Sin olvidar caras menos conocidas como las de Eva Green, Bella Heathcote y Chloë Grace Moretz. Un lujo. A todo esto, ¿y la historia? Sin grandes pretensiones, esta comedia queda agitada por el terror y lo fantástico, permitiéndose un toque romántico y adornándose entre vampiros, brujas y  mujeres lobo. Supone, también, un recorrido muy particular, entre la nostalgia y la parodia, por la década de los setenta, al ritmo marcado por un repertorio musical muy atinado.

En fin, obra menor (aunque recomendable) en la filmografía de Tim Burton. El cineasta parece darse un capricho homenajeando, creo yo, a una serie que debió gustarle durante su excéntrica infancia. Película ligera, estrambótica, graciosa y fresca. Se ve con gusto.

7/10

‘Scarface’. Tony Montana.

En la primavera de 1980, el puerto de Mariel Harbor fue abierto, zarpando miles de cubanos hacia los Estados Unidos. Ellos venían buscando el sueño americano. Uno de ellos encontró en las bañadas y soleadas avenidas de Miami… una riqueza, una fuerza y una pasión, que estaban por encima de sus sueños más salvajes. El era Tony Montana. El mundo lo recordará con otro nombre: Scarface. Un tipo que amó el sueño americano… con una venganza que cobrar“.

Hablar de ‘Scarface’, es hablar de cine del bueno. Lo es, a pesar de lo excesivo de su metraje y la complejidad de su montaje. Tosca como pocas, la cinta avanza, no obstante, de un modo vertiginoso, sin dar respiro ni pausa al espectador. Presenciamos con gusto, admiración y gozo, el auge y la caída de esa pequeña hormiga que soñaba con levantar un imperio tras de sí.

Un Brian De Palma en estado de gracia, conseguía plasmar en imágenes lo que Oliver Stone había ingeniado en papel a partir del referente de 1932, ajustándolo todo en clave cubana. Aquí hay una referencia clave, alguien sobre el que recae el peso principal del film: Tony Montana. Un delincuente cubano. Inmigrante en Miami, pronto supo que la vida de friegaplatos no estaba hecha para él. Quería tener el mundo a sus pies. Trajes caros, buenos coches, una esposa elegante, puros cubanos y una mansión en la que vivir. Ése era el mundo que quería conseguir. Con acierto se tradujo el título en España: ‘El precio del poder’. Algo premonitorio de lo que íbamos a presenciar, pues nada es gratis en la vida que había escogido nuestro protagonista.

En fin, mítica historia de los años 80 que nos entregó, gracias al dúo ya mencionado, De Palma & Stone, pero, sobre todo, gracias a Al Pacino, a uno de los narcotraficantes más carismáticos de la historia del cine. Una vida errante marcada por la ambición y la codicia, serpenteando caminos poco placenteros de recorrer, cargados estos de traiciones, vanidades enfrentadas, despotismos, sangre a borbotones y, cómo no, soledad. La soledad del que todo lo quiso, y todo lo perdió.

9.5/10 

Spoiler

El camino al triunfo es el del narcotráfico. La ambición por construir su imperio valió para sacar del mercado a mafiosos mediocres y sicarios de tres al cuarto. Lo tenía todo. Sin embargo, su corazón estaba dividido en tres: su familia (madre y hermana), su esposa y su mejor amigo. Excesivamente protector con unos, malhablado y grosero con otros, déspota con todos, el poder le nubló sus pensamientos y conducta. Acabó perdido en medio del laberinto.

Sólo, sin nadie a su lado, fue devorado por ese mundo agreste y salvaje en el que se había metido de lleno, y que encarnaba mejor que nadie Alejandro Sosa, un narcotraficante del tal magnitud que era capaz de controlar por medio de la droga a un Estado entero, Bolivia. Se despidió del mundo en compañía del calor que da una ametralladora y atiborrado, hasta las cejas, de cocaína. Abrió fuego hasta el último momento, sudando dolor, rencor e ira, incluso en el momento justo de su muerte. 

‘Tequila sunrise’. Singular collage sentimental.

Uno, Mel Gibson, es traficante de drogas. El otro, Kurt Russell, es un impoluto agente policial. Tienen en común que son amigos (aún con intereses profesionales contrapuestos), y que ambos han quedado prendados por la belleza y sensualidad de Michelle Pfeiffer, una restauradora de prestigio. ¿Quién conseguirá llevarse el gato al agua?

Tendrán que ver ‘Tequila sunrise’ para saberlo. Lo que sí puede adelantarse es que hasta llegar a la resolución de tan sentimental cuestión, habrá que tragarse casi dos horas de “lucha” personal entre los dos amigos, moviendo cada cual los peónes de que dispone para conquistar el corazoncito de la Pfeiffer. De fondo, y a modo de amenizar el cortejo, presenciaremos una importante investigación policial, con Nick Frescia (Kurt Russell) a la cabeza, para capturar a un narco mexicano a punto de llegar a la ciudad gracias a la ayuda de Marc McKussic (Mel Gibson), lo cual hará soplar el viento (y la flecha de Cupido) en favor de uno u otro.

En fin, la historia no está mal y tiene a su favor el presentar una factura técnica más que correcta (a destacar Conrad L. Hall en la fotografía ), así como un reparto de lujo para un trío protagonista bien perfilado. No obstante, aún no estando mal, el guión parece estancarse, sucediéndose los acontecimientos de un modo excesivamente pausado, faltándole algo de punch a la historia para no caer rendida ante tan desagradable sensación: el tedio. El cocktail explosivo prometido se deja ver, aunque daba para más.

6/10