‘The killer inside me’. Luces y tinieblas.

La historia diseñada por Michael Winterbottom se zambulle en un tema tan espinoso como atractivo: el retrato de un perturbado mental. El escenario elegido para ambientar el tema no podía ser mejor, pues se opta aquí por enclavarse en los años 50 del pasado siglo, rodeados de un halo sureño que transmite ese pequeño pueblo, Central City, perdido en medio de Texas. Uno de esos lugares donde todavía habitan señoras y caballeros, con marcada jerarquía social en la que ser prostituta no significa estar en la cúspide de la misma. Bien lo sabe el sheriff local, Bob, quién encargará a su ayudante, el afable Lou Ford (Affleck), la tarea de invitar a la atrevida mujer a abandonar la localidad.

Es la introducción. Pronto se atormentará la trama con la aparición en escena de Jessica Alba, quien borda el papel, pues le viene como anillo al dedo, incendiando la corrompida mente de Lou Ford. La serenidad del retrógrado pueblo se tornará tempestad. La historia comenzará a impregnarse de un pasado turbio marcado por rencillas no olvidadas, con crímenes sin esclarecer y asuntos personales por resolver. Además, la presencia de una figura símil al cacique español en la localidad y el affaire sexual del hijo de éste con la prostituta, agitarán más si cabe el cocktail de intriga y suspense, esperando a que el bueno de Affleck ponga la guinda al pastel.

La mecha ya está encendida cuando Michael Winterbottom decide echar más gasolina al asunto, perfilando al personaje principal, interpretado de manera acertadísima, como casi siempre, por Cassey Affleck. El retroceso macabro a los tiempos pasados del protagonista se alternará con un presente escabroso y sanguinario, concretándose éste en un sucedáneo de asesinatos, el punto álgido del cual se concretará en la figura de Kate Hudson.

‘The killer inside me’, en definitiva, es una cinta irregular en su desarrollo. Tiene como lastre principal un final de historia que menoscaba un tanto al conjunto. Pese a todo, la interpretación de Cassey Affleck, así como de secundarios de auténtico lujo (Alba, Hudson, Koteas), dan vigor y viveza a una narración que trata de ahondar en los recovecos de un enfermo mental, entre las luces y tinieblas que acompañan a la figura de un asesino. A mí gusto, lo consigue. Además la película tiene un toque refinado, de una pulcritud adecuada derivada de una ambientación más que lograda. Lástima un final así.

‘Code 46’. Basura futurista.

Hay un mundo totalitario. Un mundo controlado por un puñado de tiranos fiel reflejo de la ‘jaula de hierro’ weberiana. Un mundo en el que o tienes cobertura (algo así como papeles) o no eres nadie. Un futuro, en definitiva, no muy halagador pero sí bastante creíble (por las cuatro pinceladas que nos dan de él).

Cuando comienzas a ver esta película, crees avecinar un buen film. Todos los indicios apuntan en esa dirección. No esperas que sea Blade Runner ni mucho menos, pero sí algo de calidad. El reparto y la dirección acreditan esta expectativa.

Craso error. Ni es Blade Runner ni es una buena película futurista. Es únicamente una historia de amor que para nada engancha. Él es un cabrón fiel al sistema, y ella una “revolucionaria” que ayuda a los sin papeles. A partir de ahí, nada más. Una sosa historia de amor contextualizada en un futuro lúgubre.

Ni la historia de amor arranca jamás, ni el contexto futurista se desarrolla mínimamente. Fallida e insuficiente. Dijéramos que es, volviendo a la gran obra maestra, una Blade Runner al 0,5 %.